Inicio Cultura «Years and years»: terror al futuro, espíritu de época

«Years and years»: terror al futuro, espíritu de época

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Black Mirror, emitida a comienzos de esta década, supuso una conmoción en tanto que obra que adelantaba los retos a los que se va a enfrentar la Humanidad, sobrecogiéndonos con una ficción que tiene como fondo la premisa «¿y si la tecnología avanza sólo un poquito más?». ¿Cómo se enfrentará el ser humano a unas relaciones sociales condicionadas por las nuevas tecnologías? El resultado eran episodios que no invitaban al optimismo y que a la vez eran inquietantes por cuanto tenían de verosímil, porque de cierta forma aquellos cuentos de humanos y tecnologías mantenían una sensación de inminencia, de pertenecer a un futuro que aun no ha llegado, pero que sin duda sabemos que vamos a vivir. Pero poco a poco la serie perdió vigor y se desdibujaron las premisas, perdió frescura. Nada comparado con aquella primera temporada.

Years and years, producida por la BBC y que podemos ver en España en HBO, sin duda recoge el testigo de Black Mirror. Retoma esa inquietud por nuestro futuro inminente, pero con otro enfoque: ya no estamos en un momento de fascinación tecnológica, estamos en un momento de miedo a un futuro que se muestra amenazante. El cambio climático, la uberización de las relaciones laborales, los flujos crecientes de migraciones y refugiados, la desconfianza hacia la banca y el ascenso del destropopulismos en Occidente. También hay espacio para echar una ojeada a los avances tecnológicos. Los empleos que desaparecerán, los máquinas que nos sustituirán y un sistema democrático decadente que no nos dará una solución, sino más problemas.  También aborda el siguiente paso tecnológico: el transhumanismo, pero todos estos asuntos solo son una parte más de los problemas que acechan a la familia protagonista, y por ende a la Humanidad, no dentro de unos años, sino tal vez desde ahora mismo. En este sentido, Years and years es una producción original y muy interesante dentro de la ingente oferta de ficción que tenemos actualmente. En los últimos tiempos es poco común que una ficción pretenda abordar los retos reales a los que nos vamos a enfrentar como sociedad y las tragedias que estamos viviendo hoy mismo con los refugiados.

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«There is no alternative»

Sin embargo, hay que prevenirse contra el fondo ideológico de Years and years. En sociedades cínicas como las nuestras, el pesimismo parece ser la única forma legítima de encarar el presente, el futuro o la política.   Un pesimismo paralizante que ya se encontraba en Black Mirror y que también encontramos en Years and years, si bien modulado en su último capítulo, en lo que a mi juicio supone un happy ending un tanto forzado y que rompe con el tono de la temporada. De modo que, dejando de lado el repentino cambio de actitudes final, la serie tiene un elemento peligroso no visible a simple vista, algo que no vemos debido al continuo desfile de calamidades globales que se suceden ante nuestros ojos pero que se deja ver en el eslabón débil de la construcción del trasfondo geopolítico. Se ve en ese nunca bien explicado ascenso al poder de los comunistas en Rusia.

El hecho de que el guionista ponga al Partido Comunista ruso en juego en el siglo XXI ya resulta de por sí extemporáneo y extraño. Más extraño resulta ver que su única política conocida sea la persecución de los homosexuales en los países de su esfera de influencia. Más tarde, se nos informa de que la «extrema izquierda» protagoniza una revolución exitosa en España, extrema izquierda de la que sólo conoceremos un punto de su programa político: expulsar inmigrantes. Todo este extraño se cerrará con la frase «es que los extremos se tocan». Bien, más allá de lo discutible que es poner a operar en una narración a actores políticos actuando de manera contraria a lo que las define, hay que preguntarse ¿Por qué? ¿Por qué  en una ficción que resulta bastante verosímil -y que por eso funciona- se incluyen estos elementos grotescos? En el primer capítulo, Trump, presidente de los EEUU en su segundo mandato, provoca un incidente internacional. Hubiera sido mucho más creíble y continuador de la realidad de la que parte la serie, que fuera Putin el que primero, invadiera Ucrania y, segundo, iniciara una política de persecución de homosexuales. Sería creíble puesto que Putin ya aplica políticas como esa en Rusia. Entonces ¿Por qué inventarse a unos nuevos soviéticos en el poder, a una nueva URSS?

Sólo se me ocurre una explicación. La serie invita a una reflexión sobre la decadencia de las democracias liberales, tanto por su inseguridad social como por su rumbo autoritario. Pero los autores han querido asegurarse de invalidar las alternativas de sociedad, las alternativas al liberalismo y el capitalismo. La serie resucita al comunismo en su peor versión, por si acaso alguien sintiera la tentación de mirar a la izquierda del espectro político buscando formas de detener la catástrofe. Si recordamos la otra serie del año, Chernobyl, da la sensación de que los británicos estén muy afanados en recuperar el anticomunismo. El anticomunismo sin comunismo.

El miedo al futuro

¿Years and years quiere instalar en el espectador la misma pasividad ante el desastre de la que hacen gala los personajes cuando mencionan de forma indolente la desaparición de los polos? ¿O sólo es una pasividad incluída por creíble? La resignación con la que los personajes se rinden a los acontecimientos de la historia es verosímil, desde luego, lo estamos viendo en nuestras sociedades, en nuestros vecinos. La sensación de que nos estamos hundiendo lentamente mientras a nuestro alrededor crecen los idiotas es, probablemente, un sentimiento común. Los instantes previos a la caída del Imperio Romano con filtro de Snapchat. Aquí es donde la serie acierta de pleno. Es imposible no sonreír ante la exasperación de Daniel cuando su pareja parece revelarse como un terraplanista. Es la estupidez de la gente compartiendo la miseria por App y trayendo el fascismo con emoji sonriente.

Si en épocas pasadas, en el siglo XIX y el siglo XX, se veía el futuro como una promesa de progreso, el espíritu de época del siglo XXI es el contrario, esperar lo peor, la pérdida de todo lo ganado. Y a ello parece invitarnos la serie. La esperanza de siglos pasados inspiró la lucha por una vida mejor, los derechos sociales. El miedo aún no sabemos qué inspirará, y de eso nos habla Years and years, que conecta con el pesimismo de nuestra era. Pero la duda que nos queda es ¿Estos productos culturales simplemente sintonizan con un estado de ánimo o realmente son los que contribuyen a moldear el miedo al futuro? Tal vez no haya demasiados motivos para la esperanza, pero podemos encontrarlos. Podemos tener voluntad de detener la catástrofe y construir una sociedad decente. La respuesta a mis dudas puedes tenerla tu, lector o lectora: ¿Qué te evoca esta serie? ¿Desazón, desesperanza o ganas de levantar una alternativa?

1 Comentario

  1. Comparto el análisis sobre la incorporación de la extrema izquierda española y los soviéticos rusos en la distopía de la serie. Añadiría algo más: a veces la verdad está en los detalles. Los guionistas y creadores de esta serie, al igual que la mencionada «Chernobyl», se pueden describir como «progres de viejo cuño», esos tipos infalibles que triunfaron profesionalmente y siempre han apoyado proyectos socialiberales, los mismos proyectos representados (a grandes rasgos) por partidos de los que ahora reniegan a raíz del colapso financiero en 2008. Me gusta imaginarme a estos tipos en sus años de universidad discutiendo con compañeros «izquierdistas», ya no comunistas, simplemente partidarios de buscar alternativas al liberalismo más heavy. Resulta que en parte, esos viejos compañeros de universidad (o colegas en la actualidad de tercera regional) llevaban razón, y hacer una serie que no desactive proyectos de nueva izquierda o a los rojos de siempre sería constantar que estos, los infalibles, estaban (y están) equivocados en sus posiciones políticas. Todo esto por no hablar de privilegios. Casi todos viven en Florida o Palo Alto. Saludos.

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