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Un esfuerzo más

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Un esfuerzo más si queréis ser republicanos”, escribía el Marqués de Sade en 1795, en pleno proceso revolucionario.  Porque en política, especialmente cuando se hace política a contracorriente, nada se consigue sin esfuerzo.  Bien lo vemos estos días cuando constatamos que la maquinaria de los aparatos del Estado sigue bien engrasada para evitar, a cualquier precio, el avance político de quienes pretenden arrebatar algunos de sus privilegios a las elites sociales.  Lo que intuíamos, que, ante el ascenso de Podemos, los poderes fácticos tocaron a rebato y los mecanismos más pútridos del Estado se pusieron en marcha, es una evidencia que va destapando, aquí y allá, las vergüenzas de una democracia que, como decíamos en nuestros cánticos, la llaman pero no lo es.

Hacer política a contracorriente entraña enormes dificultades. Tener en contra a los medios de comunicación, propiedad de bancos y grandes empresas, no es la menor de ellas.  Soportar los montajes y falsedades ideados desde el poder para socavarnos es una prueba realmente difícil de superar pues la realidad es la que construyen los medios, a su antojo.  Por ello, ante tantos obstáculos, antes tantas fuerzas coaligadas para evitar que nada cambie, lo menos que se nos puede pedir es una cierta inteligencia para no encargarnos de hacerle el trabajo al adversario.

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Ante la cercanía de las elecciones, se abren dos escenarios.  Uno de ellos nos relega a nuestro papel histórico de Pepitos Grillo, empeñados en decir las verdades, pero sin fuerza alguna para imponer políticas. Otro en el que, como ha sucedido estos años en Zaragoza, podamos ser decisivos a la hora de proponer y ejecutar, contra viento y marea, políticas pensadas para el beneficio de la mayoría social.  El primero de ellos no supone ningún esfuerzo, pero conformarnos con él supone una enorme irresponsabilidad en un escenario político como el actual, en el que las derechas apuntan políticas que van a hacer retroceder enormemente los ya menguados derechos y libertades de que gozamos.  El segundo implica un esfuerzo que ni siquiera garantiza el éxito, pero que es inexcusable afrontar.  Para eso nos puso ahí la gente, para hacer política de otra manera.

El tiempo se agota y cada vez nos acercamos más a  un escenario delirante en el que la izquierda vuelve a aparecer fragmentada en numerosas ofertas electorales.  Un escenario rechazado por casi todo el electorado de esa izquierda, que asiste estupefacto a maniobras y juegos que no esperaba tener que soportar.  Desde fuera nadie entiende lo que sucede. Y desde dentro, pocos lo entienden y menos lo respaldan.  Y aquí estamos, mientras el tiempo se agota, observando cómo se buscan excusas para sentarse a hablar y buscar esas soluciones que les exigimos.

Sabemos que es tarde.  Que llevamos meses haciéndolo mal, desde todos los ámbitos, cada uno con su responsabilidad. Pero, desde mi óptica, es mejor un mal acuerdo (malo por mal trenzado, por abrupto, cuando debiera haber sido la consecuencia natural del trabajo de estos años) que la falta del mismo, que obligarnos a elegir entre distintas opciones electorales.  Así se lo transmití a Pedro Santisteve en un encuentro con gente de la Universidad que se produjo hace unos días, expresando lo que es un sentir de mucha gente.  Y así se lo quiero transmitir, desde estas líneas, al resto de responsables políticos de las fuerzas y colectivos implicados en este proceso.

Sé que en estos momentos escribo en nombre de mucha, mucha gente que espera generosidad, altura de miras de quienes dirigen las organizaciones en las que confían.  Esperamos de vosotros y vosotras que hagáis ese esfuerzo de unidad que permita hacer frente, con unas mínimas garantías de éxito, a la extrema derecha que nos amenaza; esperamos que, pasadas las elecciones, nos volváis a convocar a la plaza del Pilar para derramar, de nuevo, lágrimas de alegría, como hicimos hace cuatro años al vivir un momento que pensamos que nunca llegaría.  Quizá eso no vuelva a suceder pero que, al menos, no sea por nosotros.  Eso es lo que os pedimos, ni siquiera por quienes os apoyamos, sino por una sociedad que no merece ser expuesta al peligro del fascismo.

*Profesor de Filosofía.  Universidad de Zaragoza

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