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Trucos de magia

Como los buenos prestidigitadores, PP, VoX, JxC y Ciudadanos nos hacen mirar las banderas y la cuestión territorial y centran toda nuestra atención allí, mientras realmente se revuelven contra las medidas que quieren configurar un proyecto de país más justo, más social, más verde, más digital y más feminista

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Uno de los secretos de la magia es fijar la atención del espectador en un punto mientras el mago está actuando en otro, algo muy similar a lo que está ocurriendo en la política española y en su tratamiento mediático estas semanas.

Tanto nos están haciendo mirar al «España se rompe», a la «felonía» o a la «traición» de Sánchez que algo tan obvio como que PP, Ciudadanos y Vox unirán sus votos a los de Junts per Catalunya de Carles Puigdemont y Quim Torra está pasando totalmente desapercibido.

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Así, no deja de ser curioso como mientras la derecha y la ultraderecha española atacan los acuerdos entre distintas fuerzas, todos dentro del marco constitucional; se sienten terriblemente cómodas en la misma posición que tienen JxC o la CUP, que a su vez también deberían explicar a sus votantes porqué votan de la mano de las fuerzas que más atacan a Catalunya.

Esa coincidencia entre el nacionalismo español y una parte del nacionalismo catalán es lógica ya que a ambos les interesa el mismo escenario estratégico y ambos defienden los mismos intereses.

Por un lado, les sirve para agitar aún más sus banderas, para convertir en enemigos de «su patria» a quienes están mostrando predisposición a aceptar el diálogo entre distintos y para, desde el minuto 0, establecer un clima de desgaste electoral al adversario u enemigo (ya sea PSOE – Unidas Podemos o ERC) llegando al punto de estar traspasando lineas acercándose al «guerracivilismo» o a jugar con la idea del «golpe militar».

Estratégicamente, que se de el escenario propicio para sentarse a encontrar una salida dialogada al conflicto no entra en los planes ni de la derecha nacionalista ni de los herederos de CIU. Algo lógico cuando estamos donde estamos principalmente por las decisiones tomadas por populares y convergentes desde sus respectivos gobiernos, por las negativas a buscar soluciones políticas y por la judialización del conflicto desde que el PP recurriera el Estatut al Tribunal Constitucional.

Y es que el conflicto permanente entre España y Catalunya les beneficia a todos (bueno… a Ciudadanos, no, pero aún no se han dado cuenta). Parafraseando a Rajoy: «cuanto peor, mejor: el mío beneficio político».

Sin embargo, la mayor coincidencia entre la derecha  española y la derecha catalana, no está en la estrategia, sino en la defensa de los intereses de la clase a la que representan.

Coinciden en que no quieren que los sindicatos recuperen una buena parte del poder de negociación colectiva, en que no se suba el SMI, en que los ricos no paguen más impuestos, en que no se garantice que suben las pensiones por ley, en que no se refuerce la lucha contra el fraude fiscal o en que no se regule el precio de los alquileres. Medidas por otro lado, bastante lejos del calificativo de «revolucionarias» o «comunistas», pero que cuentan con un gran respaldo social y que su mero anuncio ya ha generado un clima de optimismo que se intenta combatir con más nacionalismo español o catalán.

Como los buenos prestidigitadores, PP, VoX, JxC y Ciudadanos nos hacen mirar las banderas y la cuestión territorial y centran toda nuestra atención allí, mientras realmente se revuelven contra los que quieren construir un proyecto de país más justo, más social, más verde, más digital y más feminista. Y un proyecto de país donde quepamos todos y donde los conflictos se puedan solucionar pactando y votando.

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