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Todo sobre nuestras madres

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Contemplo con una mezcla de enfado y aburrimiento pero con poca sorpresa el cartel que El Corte Inglés ha lanzado con motivo del Día de la Madre. 97% entregada. 3% egoísmo. 0% quejas. 100% madre.

100% estereotipos, diría yo. 0% tolerancia hacia lo que somos las mujeres.

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Publicidad espantosa. Las madres son además de madres, personas. Mujeres, parejas, compañeras de trabajo, amigas. Creo que esta imagen de la mujer y la madre como persona abnegada y reducida a esa parcela va en contra de todas nuestras conquistas. Las madres son maravillosas, pero son humanas. Son personas con quejas, con contradicciones, con aspiraciones personales y con una riqueza que excede todo lo que se plasma aquí. De verdad que me entra un cabreo considerable cuando la publicidad nos retrata así. Pero claro, que se puede esperar de una empresa en la que todos los jefes de planta son “señoros” y que ha sido condenada por discriminación salarial.

Estamos hartas de que ser buena madre signifique ser buena mujer, y buena mujer sea ser buena madre. O madre. Porque esto funciona en las dos direcciones. Hartas de que las campañas pongan bajo la esfera pública lo que es ser y cómo debe ser una madre. Quizás ha llegado el momento de que cada mujer, en su ámbito privado, elija el tipo de madre que quiere ser.

Chantal Akerman en su película Jeanne Dielman (1975) pone en valor la cotidianidad de las mujeres, algo que no se había visto nunca hasta aquel momento, o muy poco, en el cine. Para los hombres, y para una gran parte de la sociedad, una mujer fregando los cacharros es invisible pero filmada y proyectada en una sala de cine, se convierte en visible. Porque eso es lo que nos interesa a muchas. Por eso Roma de Alfonso Cuarón tiene ese poder. Y lo que cine, literatura, y actualidad muchas veces dejan de lado. Como decía Laura Mulvey en Riddles of the Sphinx: “Las mujeres en la sociedad patriarcal han de enfrentarse a un constante devenir de desafíos y acertijos, dilemas que son difíciles de solventar porque la cultura en la que han de pensar no es la suya”. Ni la instagramer de turno vendiendo una maternidad totalmente utópica ni mujeres líderes en aquello en lo que trabajan. Que sí, que está muy bien que Hillary Clinton o Michelle Obama o todas las mujeres que salen en la sección “Mujer tenía que ser” en el programa televisivo El Intermedio salgan y cuenten su experiencia, que nos da visibilidad y habla de otro modelo de mujer, pero yo lo que quiero ver es mujeres en su día a día. Mujeres equilibristas que siguen cargando con esa agenda mental que nombran muchas de mis amigas. Ojo, que las no somos madres no nos libramos de la agenda mental. Es algo que cada vez más por fortuna se va equilibrando, pero que todavía recae con fuerza en nuestro lado. Las citas médicas, la lista de la compra, la reunión de los niños con la tutora, el regalo del cumpleaños trimestral, el regalo para la suegra, para la madre, para esos amigos que se acaban de comprar un piso.

Me encantaría que en la televisión y en las redes sociales tuviéramos más ejemplos de mujeres reales contando el día a día, sus momentos de intimidad, sus frustraciones, sus culpas, sus orgullos. Y dar valor a todas las actividades que muchas veces están devaluadas. Las tareas del hogar, las conversaciones en las cenas, el café antes de empezar la rutina del día.

En A Little Chaos, película británica que dirige Alan Rickman, hay una escena bellísima en la que varias mujeres de la corte de Luis XIV se reúnen en un salón, a hablar de cosas que los hombres consideraban de segunda. Porque claro, acabada la cena ellos se iban al salón a beber y fumar y hablar de cosas de Estado, de política y de esas otras mujeres amantes que no eran esposas. Y las esposas, a veces junto a las amantes, igualadas en esa esfera privada, hablaban de “cosas de mujeres”, que al final, y esto es la gran riqueza, no era otra cosa que de lo que les daba la real gana. Es una escena impagable en la que hablan del tamaño y la firmeza de sus pechos y de los hijos que han perdido. “En la Corte se nos prohíbe hablar de la muerte”, dice una de las mujeres. Y a mí me maravilla la escena porque son mujeres cotidianas hablando con plena libertad, sin ser juzgadas, sin ser modelo de nada. Y yo vuelvo a pensar en el anuncio y en que cada vez me interesan más las conversaciones de tranvía, las señoras como la que ayer entró a la cafetería en la que desayunábamos y pidió un café y un zumo y se sacó sus magdalenas del bolso, y que nos deseó a todos un feliz día y se despidió con un beso al aire como una auténtica estrella de cine. Vidas anónimas de mujeres anónimas. 100% autenticidad. Ese interior que aflora cuando nadie nos mira. Porque las vidas que no parecen suscitar interés a menudo nos representan a todos. Maile Meloy lo pone de manifiesto con el título de su libro de relatos Both Ways is the Only Way I Want It, adaptado para el cine por Kelly Reichardt en su película Certain Woman: Vidas de mujer.  Poder elegir las diferentes maneras en que poder ser, o ser todas a la vez, es la única manera.

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