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¿Suma la izquierda?

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Neil Postman escribió en 1985 un magnífico libro, Divertirse hasta morir.  El discurso público en la era del «show business» que, aunque ha envejecido mal, nos sigue dando las claves de la cultura tardocapitalista o posmoderna, en la que el espectáculo, también lo dijo Debord, se ha convertido en el centro de toda intervención pública.  Y si ha envejecido mal es porque esa tendencia, con la aparición de nuevas tecnologías de la comunicación, se ha multiplicado hasta el paroxismo y ha colonizado por completo la acción humana.  Las elecciones no son sino un ejemplo más de esas dinámicas espectaculares en las que lo único que interesa es, desde el más riguroso ajuste a las estrategias de la mercadotecnia, vender un producto.  Y ya sabemos lo que nos dijo del consumo aquel magnífico teórico que fue Castilla del Pino: que produce frustración, porque el producto nunca se ajusta a lo que promete.  A pesar de lo cual, reproducimos la dinámica de consumo, como si de una lógica inexorable se tratara.

Y hétenos aquí ante una nueva fiesta del consumo electoral, en la que, del mismo modo que en la publicidad nos encontramos con oximorones tales como «coches ecológicos», volveremos a escuchar a patriotas que tienen su corazón (económico) en cualquier paraíso fiscal y a socialistas que solo concilian el sueño cuando la CEOE les canta la nana de las puertas giratorias («Duerme, duerme, rojito, que tu paga está en Endesa, rojito»).  Esta campaña, al menos, nos trae algo que es tremendamente adecuado en las dinámicas de consumo, un producto nuevo y bien publicitado, llamado a suscitar el interés de consumidores hastiados y ansiosos de novedad.  Además es un producto inteligente –inteligente desde la lógica del consumo-, que sabe explotar convenientemente las estrategias comerciales que garantizan una cierta entrada del producto.  A su favor tiene que los otros productos de la estantería de la izquierda han generado buenas dosis de frustración en sus habituales consumidores que, por otro lado, se muestran muy exigentes, a diferencia de los consumidores de los lineales de la derecha, que se conforman –véase los Ayuso, Almeida o Azcón- con lo que les ofrezcan.

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En este contexto, se nos presenta otro de los ingredientes catalizadores del consumo, las encuestas electorales, en las que algunos se empeñan en avizorar posibles pactos poselectorales, algunos de los cuales se cobijan bajo la expresión: la izquierda suma.  Mi pregunta es si todo este pifostio electoral promovido, en lo fundamental, por el PSOE tiene por objetivo que la izquierda sume.  Porque el suspiro de alivio que dimos hace varios meses tras las pasadas y fallidas elecciones fue porque aquella noche, con tremenda ingenuidad, concluimos que la izquierda sumaba.  Claro que, al día siguiente, ya teníamos a todos los poderes económicos, sin ningún recato, abominando de esa suma y hablando de las bondades de una alianza PSOE-Ciudadanos, esa que había promovido cánticos contrarios entre la militancia socialista del PSOE (no, no es una redundancia, hablar de militancia socialista del PSOE, dado que, evidentemente, hay una militancia del PSOE que no lo es).  Más bien, todo parece indicar que si Pedro Sánchez nos ha llevado de nuevo a elecciones –torpeza de UP mediante, pues debía haber aceptado la última oferta del PSOE- es porque en su horizonte sigue estando una política de alianzas hacia la derecha, con Ciudadanos.  En la que el papel del partido de Errejón es una incógnita.

Sí, es cierto que Errejón ha dicho que no entraría en un pacto de esas características.  Pero, por desgracia, su palabra se ha desvalorizado hasta el nivel de cualquier otro político al uso, de aquellos que hacen buena la frase de «donde dije digo digo Diego», vaya.  Y si nos atenemos a su política de alianzas regional, al menos aquí en Aragón, podemos constatar que su candidato por Zaragoza, Carmelo Asensio, ya tiene una buena experiencia de pactos con Ciudadanos en el ayuntamiento.  Incluso con el PP de Azcón, lo que ya tiene mérito, aunque no mucho más que pactar con el PSOE de Pérez Anadón, es cierto.

En fin, que dudo mucho que este chandrío se haya orquestado para que la izquierda sume.  Noticia de última hora: Rivera se abre a pactar con el PSOE.  Blanco y en botella.

 

*Profesor de Filosofía.  Universidad de Zaragoza

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