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Sostener el esfuerzo

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No cabe duda de que el pasado domingo, a eso de las 22h., comenzamos a respirar aliviados al comprobar que, finalmente, la alianza de las tres derechas no iba a dar para gobernar España y sus dinámicas de odio y radicalización no iban a presidir nuestras vidas durante cuatro años.  Un cierto respiro, sí, pero que no puede ocultar la realidad de lo ajustados que fueron esos resultados en votos ni que la extrema derecha entra en el parlamento con 24 escaños.  Es más, me sorprende el entusiasmo con el que algunos analizan los que entienden pobres resultados de esa extrema derecha que, por el contrario, en la primera vez que concurre a las urnas, alcanza un mejor resultado del que IU haya conseguido por separado en ninguna cita electoral.  Si eso no es un éxito y algo tremendamente preocupante, ya me dirán ustedes.

Ese respiro, ese alivio, lógico, que sentimos los demócratas de este país (sí, sí, dejémonos de medias tintas, demócratas frente a quienes entienden a los totalitarios de Vox como alianza previsible), puede tener un efecto pernicioso: el de pensar que todo el trabajo está hecho y caer en la relajación.  Cuando estamos frente a unas nuevas elecciones en pocas semanas.  Ciertamente, el resultado de las generales se produce, en buena parte, por la gran movilización de sectores sociales muy preocupados por el ascenso del fascismo y sus aliados, PP y C’s, movilización que, de no haberse producido, hubiera conducido a una victoria de la derecha más reaccionaria de la historia de nuestra democracia.

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Por ello, es preciso concienciarse de que es necesario un esfuerzo más para culminar la tarea iniciada el pasado fin de semana.  Se impone volver a las urnas para volverlas a llenar de votos que sirvan de antídoto contra la reacción.  Y me refiero, especialmente, a un esfuerzo mental.  Desde luego que acercarse paseando al colegio electoral no es una heroicidad, aunque me consta que ha habido gente que se ha desplazado desde el extranjero para poder votar en las elecciones generales, lo que abunda en el argumento de una importante movilización.  Me refiero, más bien, a superar el desapego que los últimos acontecimientos en la izquierda han generado entre sus simpatizantes y votantes.

Vuelvo a insistir en algo que ya he argumentado.  Creo que hasta que acabe este ciclo electoral a finales de mayo hay que volcarse con la opción que hayamos elegido para que consiga el mejor de los resultados posibles para intentar que, tras las votaciones, seamos capaces de forzar un gobierno de la izquierda.  En esa lógica, que no es la del entusiasmo, sino la del compromiso, yo he decidido formar parte de la candidatura municipal de ZeC, como manera de manifestar mi solidaridad con el trabajo que ha desempañado, contra viento y marea, el actual equipo de gobierno, como forma de reconocer su buen hacer, denigrado por aquellos que no quieren perder un ápice de poder.  Después de las elecciones habrá tiempo de sentarnos a analizar y de intentar cambiar muchas de las cosas que hemos visto que no funcionan.

He de reconocer que me sorprenden algunos de los mensajes que he leído en la red a propósito de las pasadas elecciones. Gente de la izquierda que minimizaba la importancia de lo electoral, que argumentaba que ese no era el camino importante, que siempre se utiliza el argumento del peligro de la derecha. Comparto el fondo de la argumentación: nuestro problema no es electoral, lo electoral es el reflejo de muchas cosas, entre ellas nuestras malas prácticas pero, también, del hecho de que la comunicación está en manos de nuestros enemigos.  Ahora bien, ¿puede eso justificar una abstención que facilite de algún modo políticas de la extrema derecha? ¿Introducir un voto antifascista en una urna incapacita para desarrollar, tras las elecciones, la más profunda crítica de lo que venimos haciendo?  Para mí, desde luego, no hay contradicción alguna.  Voy en una lista, votaré a esa lista y al día siguiente intentaré que empecemos a trabajar para que no se vuelva a repetir la sinrazón a la que nos hemos visto abocados de nuevo de tener que elegir entre diferentes papeletas. Pero sobre todo trabajaré para que la funesta lógica de las máquinas electorales, con su juego de egos y sectarismos, no sea la que se imponga a las dinámicas participativas, horizontales y democráticas de las que tanto hablamos.

No olvidemos, por tanto, que tenemos una nueva cita con las urnas.  Y tras ella, otra con los rescoldos del 15-M, a ver si, soplando a una, conseguimos que no se nos apaguen.

 

*Profesor de Filosofía.  Universidad de Zaragoza

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