Inicio Opinión Sobre Greta Thunberg

Sobre Greta Thunberg

1

Lo primero que he tenido que hacer para empezar a escribir este artículo es ir a mirar cómo se escribe el nombre de esta muchacha que se ha hecho mundialmente famosa por su denuncia del profundo deterioro de nuestro planeta.  En una sociedad mediática y espectacularizada como la nuestra, resulta casi imposible desconocer su existencia, tener noticia de sus peripecias, especialmente si estas están atravesadas de una cierta épica, como su reciente travesía del Atlántico para acudir a la cumbre del clima de Madrid.  Otra cosa, como en el conjunto de la realidad cotidiana, es conocer en profundidad las dimensiones de su acción, las causas y objetivos profundos de su tarea.  Pero eso, en todo, caso, no es algo que solo afecte al tema de Greta Thunberg.  En demasiadas ocasiones, tras escuchar hablar machaconamente sobre un tema durante semanas, me he quedado sin tener idea de lo que realmente había sucedido o qué se ocultaba tras el espectáculo mediático.

De un tiempo a esta parte, me sorprende grandemente la visceralidad con la que desde diferentes sectores se aborda el acontecimiento Thunberg.  Bueno, por ser más precisos, no me sorprende en absoluto la visceralidad de buena parte de la derecha contra una muchacha que, de una u otra manera, ha animado un movimiento que pretende concienciar sobre el momento crítico que vive el planeta.  Es lógico.  La derecha, el capitalismo, en suma, están detrás de ese expolio del planeta que nos lleva al desastre.  Lo que sí me descoloca es la obsesión de algunos sectores de la izquierda que intentan desacreditar a la muchacha y la presentan poco menos que como un agente del capital financiado por las grandes multinacionales.

Mailrelay, email marketing

La verdad es que no sé si es cierto. Ni me importa en realidad. Diré, con sinceridad, que Greta Thunberg me importa un bledo.  Pero que el planeta me preocupa seriamente, hasta el punto de que entiendo que debe ser el eje central de cuantas políticas nos planteemos.  En este caso, como en muchos otros, cierta izquierda, que se quiere revolucionaria, radical, anticapitalista, es incapaz de pasar, desde mi punto de vista, de la posición del que, en lugar de mirar la luna, mira la punta del dedo de quien la señala, es decir, que, en lugar de felicitarse de que, sea por la razón que fuere, la preocupación ecológica se haya convertido en fundamental para una parte importante de la población, se pregunte por los motivos personales de una muchachita adolescente. Cuando lo importante es el movimiento colectivo, algunos se dedican a preguntarse por los intereses individuales de una persona.

Hace unos días veíamos cómo el patético alcalde de Madrid, Almeida, acudía a un programa de Telemadrid, La vuelta al cole, en el que, ante su evidente desprecio por el medioambiente, se encontró con el airado estupor de unos niños y niñas menores de diez años que no entendían cómo aquel idiota, en el más estricto sentido del término, se mostraba incapaz de entender lo que ellos, con su corta edad, ya sabían: que el planeta debe ser lo primero.  Sería simplista e injusto argumentar que esos niños se mostraban así de concienciados gracias a la Thunberg, pero no cabe duda de que el movimiento que ella alienta ha removido numerosas conciencias.  Thunberg es un efecto de una realidad, el desastre medioambiental, y causa, mayor o menor, a su vez, de un proceso de concienciación.  Por ello, descalificarla personalmente es, como habitualmente, entender poco y no saber promover un movimiento absolutamente necesario.

Como decía, esta muchacha me importa poco y desconfío del show mediático promovido a su alrededor.  Pero deberíamos ser conscientes de la importancia de lo que ha conseguido mover, cuando menos de la enorme relevancia de su causa.  Si sus objetivos, que desconozco, porque, insisto, no me interesa lo que piense y proponga alguien de manera individual, no parecen los más adecuados, se tratará de reformularlos, pero no de obturar el proceso, denunciarlo o desentenderse de él.  Qué aburridos me resultan estos especialistas en darse tiros en sus propios pies, atentos siempre a la denuncia de lo ajeno, pero incapaces de la propia iniciativa.  No sé si Greta Thunberg es un bluf, lo que sí sé es que la emergencia ecológica no admite demora política.

 

 

1 Comentario

  1. Bueno, vale que ante tanto repetirse la escena por enésima vez haya que vacunarse. Cuesta pues creer que alguien a quien tienes en cuenta y además agradeces que haya roto el hielo te importe un bledo.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here