Inicio Sin categoría Simplemente, fascistas

Simplemente, fascistas

0

No, no voy a hablar del enésimo lío de la izquierda.  Es tal el hastío que me provoca el deplorable espectáculo que estamos soportando que me siento incapaz de realizar un análisis sosegado.  Además, ¿iba a valer para algo? Cada vez queda más claro que, lejos de sentirse implicadas por un horizonte social y político sobre el que intervenir, las cúpulas partidarias solo saben manejarse en los estrechísimos intereses de la propia organización e, incluso, de los respectivos líderes.  El último movimiento de Errejón reproduce, milimétricamente, lo que ya habíamos criticado de Podemos: electoralismo, verticalismo, personalismo, oportunismo, culto al líder.  Nada de lo que habíamos deseado.  Con su escaño se lo coman.  Iré a votar, sí, por lo que voy a escribir a continuación, pero con una inmensa carga de cabreo.

En realidad, de lo que quería hablar es de lo que está sucediendo en numerosas instituciones con los representantes de Vox en temas tales como la violencia de género, la exhumación del asesino del Valle de los Caídos o la cuestión del cambio climático.  En todos estos temas, los fascistas de Vox han adoptado la posición que de ellos cabía esperar, aunque lo han hecho de modo vergonzante, recurriendo a justificaciones que quieren ocultar que, en el fondo, lo que ocurre es que son fascistas y que, como tales, a ellos les parece lógico, casi una tradición hispánica, que el marido zurre a su mujer cuando lo considere conveniente, faltaría más, no vaya a ser que empiecen a pensar que son siquiera parecidas a los hombres; resurgidos de un pasado que quisiéramos haber exorcizado, añoran aquellos tiempos en que las mujeres carecían de independencia y quedaban, de modo constante, bajo el control del marido; tiempos en los que los gritos en casa ajena eran silenciados bajo la losa «cosas de pareja».  En el caso de la exhumación de Franco, los mismos que acuden con banderas del aguilucho y cantan el caralsol brazo en alto, nos dicen que no hay que remover el pasado ni reabrir viejas heridas.  Ellos, los que se han encargado de mantener esas heridas abiertas durante ochenta años, que han paseado a sus muertos por calles, plazas e iglesias, que siguen gozando de títulos obtenidos en la dictadura, cuyas enormes fortunas proceden del robo vinculado a la guerra, estos sujetos, con la aquiescencia de tantos ingenuos a los que los medios martillean con ese mensaje, son los que se atreven a manifestar su equidistancia y a utilizar ese argumento, tan improcedente, de que todos sufrieron en la guerra.  Sería difícil imaginar a un representante de la inexistente Fundación Adolf Hitler desarrollando un discurso de equidistancia en el que ellos, los verdugos, pretendieran aparecer, también, como víctimas.  Nuevamente nos hallamos ante una realidad que desborda cualquier tipo de discurso: son franquistas y, como tales, defienden con uñas y dientes los que entienden como sus símbolos, expresión de «su» España, esa España en la que solo caben ellos.  Y con respecto al clima, dos son las causas que explican su posición: la primera, que los vahos de sus copas de Magno y el humo de sus Farias no les permiten ver el entorno; el segundo que, instalados en una ideología profundamente egoísta y criminal, se rigen por el principio «para lo que me queda en el convento, me cago dentro», manifestando su total y absoluto desprecio por el futuro del planeta y de las generaciones que vienen detrás.

Mailrelay, email marketing

Pues sí, estos son los fascistas con los que nos las tenemos que ver en las instituciones.  Sujetos con muy poco cerebro y excesiva víscera incapaces de una mirada empática con el entorno.  Para colmo de males, han encontrado cobijo entre los hooligans del PP y C,s, que les ríen y aplauden las gracias.

Pues nada, que a esta gente es a la que estamos abriendo la puerta.  Utilizar el argumento del miedo ya no vale, ya se hizo una vez y disciplinados, hicimos nuestra tarea.  Ahora, nuestros estrategas han decidido actuar bajo el lema: «más difícil todavía»; más difícil por la ley D´Hont, más difícil por el hastío, más difícil porque se nos va a hacer elegir entre más opciones.  Y lo más seguro, volveremos a hacer nuestra tarea, para evitar dar oportunidad alguna a las fuerzas del odio y el fascismo. Y quizá consigamos el objetivo.  Esperemos que, si todo esto sucede, Pedro Sánchez no nos diga que quiere dormir tranquilo y se meta en la cama con su añorado Albert Rivera.  Entonces seríamos nosotros quienes no podríamos dormir, insomnes ante sus gemidos de placer.

 

*Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here