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Silenciador para las cloacas

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Un domingo de jornada electoral estaba en un sillón en Atresmedia, en una sala al lado del plató del programa especial de elecciones. A mi lado tenía a unos señores de traje. No sabía de qué estamento gubernamental provenían, pero por lo que hablaban tenía claro que a mi lado tenía al Estado. Vi su preocupación antes de los sondeos a pie de urna y su satisfacción al ver como los resultados indicaban que Podemos perdía votos. Un millón. No olvidaré ese alivio en los señores de traje.

En Comportarse como adultos, Varoufakis cuenta que el entonces Ministro De Guindos le trasladó que en España estaban muy preocupados por el ascenso de Podemos en 2015. En España, y en Europa. Tanto era así que la suerte que corrió Grecia tuvo mucho que ver con los esfuerzos de parar ese ascenso. Esos esfuerzos fueron ingentes, por tierra, mar y aire. No se reparó en gastos.

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Se fabricaron encuestas, se demolieron partidos, se refundaron otros, se fabricaron líderes, se cancelaron programas de televisión considerados demasiado simpatizantes, se replantearon otros que se consideraba habían contribuido a aupar a los podemitas, se deshicieron de periodistas, se crearon nuevos tabloides que difundieron mentiras, se alimentó la división interna del partido desde el exterior, se destruyó a las figuras públicas… El gobierno de España creó en el Ministerio del Interior una policía política para la guerra sucia contra Podemos y contra los independentistas catalanes. Hoy se va sabiendo quien hacía qué y a sueldo de quién, aunque ya se sospechaba. Era un secreto a voces para el que muchos se hicieron los suecos. Todos sospechamos de qué poderosos y millonarios viene el dinero y habrá quien lo sepa, pero sin pruebas. Que las cloacas estaban detrás del robo del teléfono de Dina Bousselham era evidente, así como otras muchas cosas raras que no han trascendido y que sucedieron a cargos y militantes de Podemos.

Pero el despliegue puesto en marcha para detener a Podemos sigue activo, la máquina no se ha detenido. Los descubrimientos recientes no están teniendo en los medios de comunicación españoles la repercusión que sería de esperar. No diremos que no ha aparecido en la prensa, porque sería mentira, pero si la guerra sucia hubiera afectado a los partidos del régimen podemos imaginar el carácter de escándalo nacional que hubieran imprimido los medios. Esa sordina, ese silenciador del disparo que no elimina el ruido pero lo atenúa para que no sea audible, es simplemente un elemento más de la máquina que sigue en marcha.

Este no es todavía un país fallido, porque algún medio ha informado debidamente del asunto y porque aún hay jueces en España. Pero ese país decente está en desigual batalla con ese otro país-cloaca a sueldo de los poderosos. La máquina sigue en marcha. Hay que griparla a base de votos en la urna. Hagamos ruido, que no sirvan de nada los silenciadores, furia contra la máquina. Porque la preocupación de aquellos señores de traje es proporcional a la salud de nuestra democracia. Si una sube, la otra también. Que se vuelvan a preocupar.

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