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Sánchez o el PSOE de Pirro

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En el 279 a.C, Pirro, el rey de Épiro, venció a los romanos en Asculum. Pese a ello, se sintió contrariado por lo duro de la batalla y la gran cantidad de buenos soldados que había perdido.

En las elecciones generales del 28 de abril ha ocurrido algo similar, pero en política siempre se transmite victoria. El PSOE ha ganado; el PP, a pesar del descalabro, es la primera fuerza de la oposición; Cs, VOX, ERC y PNV han crecido considerablemente y Unidas Podemos ha caído mucho menos de lo temido.

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Haciendo un análisis algo más profundo, podemos afirmar que la victoria del PSOE es prestada. Una vez más, el miedo ha sido determinante para estos resultados. España vive el miedo con intensidad desde hace 83 años. En este caso el miedo a una involución antidemocrática, como en 1982, ha favorecido a un partido de “izquierda” moderado. Su intención ha sido, no sólo parar la involución sino, también, hacerlo con un partido que no enoje mucho a los poderes fácticos.

Además, el sistema electoral actual premia el bipartidismo, a los dos primeros partidos, concediendo, en este caso, 18 diputados de regalo al PSOE y 5 al PP. La inercia electoral y el miedo siguen apostando por los dos partidos más corruptos de España. Que, para evitar el gobierno de un corrupto y ultra-derechizado PP, elijamos a un desideologizado y corrupto PSOE, no da mucho aliento para el futuro.

El PSOE obtiene fuerza suficiente para seguir con su política de gestos gubernativos pero sin tomar ninguna decisión importante sobre los problemas reales de España: generación de economía nacional y empleo estable (en un año no ha querido derogar la reforma laboral de Rajoy que había prometido Sánchez); libertades civiles (tampoco ha derogado la ley “mordaza”, otra promesa incumplida); pensiones (no ha fijado su revalorización con el IPC); no ha tomado ni anunciado ninguna medida de creación de medios contra la desploblación rural o de protección de los servicios públicos…

Por otra parte la división de la derecha ha sido la clave de su derrota. La ley D’Hont penaliza a los partidos a partir del segundo (arrebata 9 diputados a UP y 13 a VOX). Si bien es difícil pensar en una reunificación a corto plazo de los tres partidos de derechas que han surgido del PP, es una opción bastante más factible que una coalición PSOE-UP. Su sumatorio de votos supera a la izquierda, lo que les habría dado mayoría absoluta de ir unidos. Pero esa reunificación de la derecha sería con unos valores más radicalizados en la involución social.

La aparición de VOX es un voto de extrema derecha que anidaba en el PP (y en Cs). Cs, la fuerza que vino a regenerar la derecha, ni la ha regenerado ni ha aportado elementos innovadores a la política. Ha abandonado su primera seña de identidad que era la lucha contra la corrupción, hasta el punto de ampararla ayudando a parar las investigaciones. Nada de republicanismo de derechas ni siquiera en VOX, heredero del franquismo falangista. Tres derechas muy parecidas que, como se ha visto, pueden pactar todo sin grandes disensiones. Lo cual no supone una ventaja, sino todo lo contrario ya que la lucha por ocupar el mismo espacio político puede ser encarnizada.

Las continuas peleas de gallos en las jaulas de Podemos (y de IU), los errores mediáticos de algunos de sus líderes (especialmente el chalet de Iglesias y Montero) y el ataque despiadado de todos los medios de comunicación de masas respondiendo a los intereses de sus financiadores, han supuesto un efecto demoledor para su electorado, que ha eclipsado sus éxitos en los gobiernos municipales afines y su productiva actividad parlamentaria.

Si la división en la derecha ha sido fuerte, la izquierda siempre ha sido maestra en estas lides. Compromís ha perdido el 75% de sus diputados y En Marea el 100% tras su decisión de no acudir coaligados en Unidas Podemos. Sus votos, más los de PACMA y Actúa (el partido de Llamazares, escisión de IU) habría situado a Unidas Podemos como tercera fuerza con el 16’40% del voto (adelantando a Cs) y más de 50 diputados. Egos y malas decisiones estratégicas.

En definitiva, si bien ha sido muy positiva la debacle del PP que, por fin, paga un precio por el tamaño de su corrupción endémica, la deriva de las tres derechas hacia posiciones ultras de recortes de derechos sociales e ingresos públicos y con un discurso muy agresivo e, incluso, bélico, es muy preocupante.

El PSOE no va a tener ni 4 años de respiro. Sánchez deberá tomar decisiones de cierto calado ante una crisis que tiene todos los visos de recrudecerse a corto plazo. Ya no vale el pasotismo rajoiniano. Debe recaudar más de las grandes fortunas (que apenas contribuyen) y redistribuir hacia los sectores más desfavorecidos (pero con mayor propensión marginal al consumo) ¿Estará Sánchez capacitado? ¿Se lo permitirán los poderes fácticos? Todo parece indicar que no, a tenor de las varias veces que ha debido retirar anuncios de medidas políticas.

Una alianza con UP le facilitaría la vía política para tomar estas medidas, pero es con Cs con quien los poderes quieren que lo haga, Eso frenaría cualquier veleidad de subir impuestos a los ricos, a las grandes empresas o a las transacciones financieras internacionales (tasa Tobin). Seguiría permitiendo el juego de acumulación de capitales por las grandes empresas transnacionales y su evasión hacia guaridas fiscales. Nada cambiaría, incluido el progresivo empobrecimiento del país y de sus gentes.

Pero la gente no quiere sólo frenar la involución social. También necesita una mejora en las economías familiares. Si el PSOE no lo consigue a medio plazo electoral (2 años), el descrédito asolará su electorado (como lo ha hecho el de Podemos). Como en Francia o Italia, no sólo la izquierda estará arruinada (suponiendo aquí al PSOE), sino que la extrema derecha crecerá exponencialmente. La gente necesita tener esperanza, aunque las promesas sean falsas y el futuro catastrófico. Este resultado electoral es una victoria pírrica. No nos confiemos ni confiemos en Sánchez. Más programa social y económico nacional y menos debate ideológico estéril.

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