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Repeticiones electorales como cañonazos

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Reunión de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Foto: Podemos.

Ya resultan lejanas aquellas declaraciones en que Pedro Sánchez escenificaba arrumacos con Unidos Podemos como guiño seductor al electorado de izquierdas en disputa. Una vez pasadas las elecciones, el PSOE vuelve a hacer aquello que hace siempre: donde dije digo, digo Diego. Pasaron cuatro días de las elecciones generales y la Ministra de Economía ya nos dejó claro que las reformas laborales no se iban a derogar, y poco después de la autonómicas, Pedro Sánchez ya hacía ascos a Unidos Podemos.

Pedro Sánchez y Javier Lambán están en lados opuestos dentro del PSOE, pero siguen estrategias parecidas, cada uno en su nivel. Ambos se resisten a la entrada de Podemos en sus gobiernos, aunque cada uno con distintos subterfugios, cada uno con mayor o menor grado de cinismo. Pero ambos están dispuestos a ir a una repetición de elecciones culpando a Podemos de ello para que el votante castigue a la formación morada. Para ello primero se nos dirá que repetir elecciones es malo, que ir a votar es muy tedioso y que la culpa la tendrá Iglesias. Todo falacias, pero que ya forman parte de nuestro sentido común. Ya les salió bien en 2016 cuando Podemos no quiso apoyar el pacto PSOE-Ciudadanos. Mismo PSOE, mismo Ciudadanos que ahora. El pacto añorado por las élites y del que Rivera pagará caro haber desertado.

Aragón: «tierra de pactos», pero entre los de siempre
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Lambán también habría estado muy cómodo con un pacto con Ciudadanos en Aragón, opción muy seria que se barajaba. El problema es que el líder de Ciudadanos en las Cortes, Daniel Pérez, ha resultado ser un entusiasta de la nueva línea de Albert Rivera de querer sustituir al PP como partido de la derecha. Tanto, que de ser independiente ha pasado a afiliarse a Ciudadanos para demostrar su firme adhesión al Rivera más “azul”, en contraposición a esos “críticos” que han surgido de pronto y que usan los pactos con Vox como espantajo para justificar su desafección interna. De esta manera, Lambán perdía la posibilidad de gobernar con un partido que ideológicamente no es más que el reflejo tenebroso del actual PSOE, pero tiene un aliado al rescate: el PAR. Ambos partidos han gobernado juntos mucho tiempo y les costó cinco minutos escribir un programa de gobierno conjunto. Un programa de gobierno que el propio líder de Cs dijo que podría firmar.

Medidas como mantener el actual modelo de educación pública y concertada, lo cual supone seguir en la infrafinanciación de la primera y la progresiva extensión de la segunda. Bajar impuestos o directamente contemplar “el estudio de la eliminación del Impuesto de Sucesiones y Donaciones”, cediendo así a las campañas de presión de la derecha. El PSOE parece que no se deja presionar mucho por los sindicatos, pero cuando la derecha se mueve, vaya si se deja. Bajadas de impuestos también en el medio rural, como única idea para atajar la despoblación. Cesiones a los mitos del cuñadismo local, como la protección de la historia de Aragón frente a los catalanes o la limpieza de los ríos por motivo de inundaciones. Un pacto en que tanto PSOE como PAR están cómodos, igual que lo estaría Ciudadanos o incluso el PP. Estas son algunas de las líneas del gobierno en el que CHA ya ha dicho que quiere entrar, y aquellas con las que Podemos tendría que tragar si se cumplieran las reclamaciones gobernistas de Escartín, a no ser que consiguieran borrar esas líneas y dibujar otras, lo cual no parece muy probable.

España: cualquier cosa antes que políticas de izquierdas

El reloj ya está corriendo en Aragón pero en España pueden estirarse los plazos y Pedro Sánchez ya está repartiendo culpas con la vista puesta en una repetición electoral. El PSOE está en una loca carrera por sobrevivir a los enemigos que le disputan electorado: Podemos a su izquierda y Ciudadanos a su derecha. Una repetición electoral se llevará a Rivera por delante y probablemente, piensan, haga más daño a Podemos. No quiere pactos ni compromisos con Podemos, no quiere ministros ni diputados de Podemos, el PSOE sólo contempla pactos con fuerzas de su espectro ideológico real: PNV, PAR o Cs, pero la realidad es tozuda. O pacta con la izquierda, o vamos a elecciones. Y pactar con la izquierda puede significar muchas cosas: acordar medidas concretas, entrar en gobiernos, ambas cosas…

La cosa no va de satisfacer egos o conseguir sillones. Esas son las explicaciones burdas y simplonas que se dan a la gente burda y simplona. La cuestión es si los gobiernos de España y de Aragón harán políticas progresistas reales y concretas o si vamos a elecciones y se reparten cartas de nuevo. El reparto de naipes es la estrategia que el PSOE está tentado de hacer por dos razones: una, la estrategia de sobrevivir acabando con Podemos de una vez y otra, porque no quiere comprometerse a pactar unas políticas que el ordoliberalismo alemán en lo económico o el americanismo en lo Exterior no le permitirán realizar. Lo demás, fuegos artificiales, despistes y sombras.

El IBEX y la banca lo tienen claro. Los medios de comunicación lo tienen claro. Pero esta vez los sindicatos también lo tienen claro, y por primera vez han apoyado un programa de Gobierno PSOE-Unidos Podemos. Difícil lo va a tener esta vez el PSOE para adjudicar culpas en una repetición electoral. Las elecciones las carga el diablo, dicen.

 

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