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Recortes en sanidad y repercusiones en las carreras de ciencias de la salud

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La sanidad pública española ha sido la joya de la corona del estado de bienestar español, reconocido desde Europa. Sin embargo, la respuesta a la crisis del COVID19 está siendo muy limitada en comparación con nuestro país reflejo, Italia, incluso con China.

Como bien sabemos, esta lucha exige la colaboración de todos y la implicación total del sistema sanitario, con todos sus recursos. Ahora bien, si todo el gasto sanitario se hubiese destinado a la mejora de la sanidad pública, la cual lleva años subsistiendo con lo que puede (la pérdida de camas, la escasa financiación que impide los reparos y mejoras, el recorte de personal y servicios…) habríamos estado mejor preparados. En cambio, sólo aumentó la financiación para la sanidad privada. Esta división de proveedores de salud responde únicamente a la visión de la salud como un bien de mercado al que solo unos pocos pueden aspirar; mientras el resto sufrimos las consecuencias (listas de espera, menor innovación, menos medicamentos sujetos a la seguridad social…).

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Todo esto también nos afecta a las estudiantes, y ya no solo cuando necesitamos asistencia sanitaria. Las estudiantes de ramas de la salud tenemos que formarnos para salir algún día al mundo laboral, y este modelo mixto ofrece distintos escenarios en dependencia de la profesión. Las estudiantes de medicina tienen cabida en la sanidad pública, pero dependen de las plazas vacantes en unos servicios que crecen sujetos a la financiación que reciben según el valor que se les adjudica. Aquí, tiene mucho que decir la industria farmacéutica, que controla las demandas de la población y así gestiona la oferta (hay que considerar que el registro de las historias clínicas se lleva por medio de empresas externas). Por ende, muchas estudiantes se ven obligadas a estudiar determinadas especialidades si desean «asegurar» una plaza, con el gasto que ello implica. Luego, deberán competir por ella en las oposiciones, que no dejan de ser un filtro que no tiene en cuenta las situaciones personales y socioeconómicas de las personas ni atiende realmente a la profesionalidad con la que realmente van a ejercer su profesión. Por otro lado, la también investigación se ve muy limitada, de nuevo, por la financiación; una vez más, la industria farmacéutica tiene la voz cantante.

Por último, también se puede optar por trabajar en la sanidad privada, donde priman las condiciones de trabajo más precarias, pues el trabajador es un activo para ofertar el producto en el que se convierte la salud y del que también se pueden recortar gastos para mayor beneficio del empresario. Dicho esto, las condiciones en la pública, hoy en día, tampoco son las más idóneas, pues veníamos contando que con los recortes no se cuenta con el presupuesto necesario para tener la mejor calidad. Con todo esto, si para los trabajadores sanitarios ya es difícil, añadamos que las estudiantes están obligadas a dar su trabajo en unas prácticas que no dejan de ser una relación laboral en la que la estudiante trabaja sin percibir el valor de su productividad. Además, esto es extrapolable a las enfermeras y auxiliares de enfermería, que no dejan de vivir una realidad semejante.

En muchas ocasiones, las estudiantes de enfermería cursan unas prácticas en las que no se les enseña correctamente, pues, debido a la carencia de personal, los servicios se tienen que apoyar en ellas para desarrollar sus labores como buenamente pueden, mandándoles tareas que no corresponden con la docencia por la que han pagado, o bien ignorándolas si las enfermeras no cuentan con tiempo sobrante para detenerse a explicar. En una profesión donde el aprendizaje práctico es casi tan importante como el teórico, sobra comentar la gravedad que supone acabar la carrera sin tener interiorizadas ciertas habilidades.

Asimismo, son frecuentes aquellas tutoras a las que el día de presentación será la primera y última vez que se les vea, pues ya sea por sobrecarga de trabajo o por otros motivos, son otras enfermeras las que se encargan de formar a las estudiantes (y se tiene suerte si se cuenta con una misma persona durante dos meses y no se va cambiando cada día o semana a una enfermera distinta, que no sabe no de dónde parte y puede no tener la misma metodología de trabajo que las anteriores, haciendo el aprendizaje mucho más costoso).

De esta manera, nuestra formación cae en manos de la suerte, pues esta depende del servicio clínico en el que debamos desarrollar las prácticas, generando una clara desigualdad no compensada en cursos futuros.

Por otro lado, tenemos a las profesiones como terapia ocupacional, nutrición, dietética, fisioterapia, dentistas, higiene bucodental, psicología… las cuales están supeditadas casi por completo a las empresas privadas, ya que casi no existen plazas para dichos profesionales en la sanidad pública; ni las habrá mientras siga sin redistribuirse la financiación y sean una amenaza para la industria farmacéutica como terapias alternativas a la medicalización. De nuevo, tenemos a estos profesionales en las peores condiciones de trabajo, e incluso muchas veces sólo queda la opción de adherirse al sistema de autónomos, donde tienen que competir en un mercado altamente competitivo, como siempre ha ocurrido en materia de salud, frente alas grandes aseguradoras, clínicas multinacionales, grandes laboratorios, etc.

Así pues, las estudiantes asisten a sus prácticas no remuneradas en plazas públicas, donde muchas veces poco pueden aprender, bien por el poco desarrollo del servicio o bien por el colapso del tutor, o asisten a empresas privadas dónde o no les dejan hacer nada, o se hace mucho (pero no de lo tuyo), o nuevamente se asume el exceso de trabajo del tutor, como buena mano de obra gratuita. Por supuesto, y al igual que en enfermería, poniendo siempre buena cara, porque de la impresión que se cause depende la nota académica e incluso un futuro contrato laboral. Ahora que la sanidad pública está en boca de todos, es conveniente defenderla y conocer las repercusiones que los recortes suponen en todos los niveles.

Es por esto que a las estudiantes también nos afecta la privatización de la sanidad. Por ello, desde Estudiantes en Movimiento, llamamos a la organización de las estudiantes para reivindicar nuestros derechos y luchar por un trabajo y unos estudios dignos.

 

*Comisión Coordinadora de Estudiantes en Movimiento Aragón

 

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