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¿Queremos trabajar por Aragón, poquito a poquito?

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Las sociedades deberían estar gobernadas con el objetivo de buscar la felicidad de las personas pero, curiosamente y aunque se disfrace de eso, es falso. O, al menos, es en parte mentira, pues le falta el “todas” las personas. En un momento en que los sistemas políticos, las ideologías, han perdido el objetivo de gobernar pensando en “todas” las personas, han perdido el sentido de la globalización positiva.

Zaragoza y Aragón deberían recuperar un espíritu que hace muchos años perdieron: el de la ilusión de sus ciudadanos por sus espacios vitales, por su futuro, por sus rasmias para seguir peleando para ser mejores y más activos. No me sirve de nada que esta enfermedad suceda en casi todas las sociedades, lo que me preocupa es que suceda la nuestra, que es sobre la que más puedo incidir. Más aún si observo que nuestros vecinos están avanzando y construyendo economías para las personas.

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En Aragón se habla poco de futuro, en Zaragoza se escucha todavía menos a la tranquilidad y a la reflexión. Aquí seguimos embebidos de un ruido multiplicador y violento que no sirve para nada positivo. Nos creemos informados y, en realidad, estamos manipulados con pocas palabras y muchos marcos mentales de laboratorio. Somos pocos en Aragón, pero curiosamente cada vez estamos más troceados y divididos en multitud de grupos ligeramente distintos. Hay excesivos proyectos vacíos que buscan ir “contra los otros” en vez de ir “a favor de todos”, lo que nos empobrece todavía más. La meta parece ser la diferenciación, el marcar territorio. ¿No sería más lógico que la meta fuera la felicidad de un territorio, de unas personas, de una sociedad?

Habría que recordar a los zaragozanos que hubo un tiempo en que en nuestro Aragón existió un grito llamado Andalán que repartía con ansia reflexiones. Eran tiempos de censura de las de verdad, pero también de actividad constante. Los aragoneses y zaragozanos creíamos en nuestro espacio y lo deseábamos mejor. Parece como si ahora ya nos hubiéramos adaptado a que el camino es ir a peor y la solución sea sólo retrasar el momento en que lleguemos a la nada. Nos damos entre todos nosotros mucha información troceada y llena de titulares grandilocuentes, y muy poca opinión plural y distinta.

Pero hay que ser positivos, pues Aragón necesita nuevos bríos y ganas, y para eso está, entre otras posibilidades, esta ventana al aire que lees. Todavía es tiempo de escuchar la hierba con el cierzo y aprender de nuestras posibilidades.

Vengo de organizaciones donde a la gente joven se la pone en valor simplemente por ser joven, que es sin duda un gran activo, pero temporal. Yo desearía diferenciar, para aupar a los que demuestran que sí quieren trabajar por Aragón. Mil apoyos a los jóvenes activos, a los que creen y quieren, pero debemos aprender a diferenciar. Quien no crea en Aragón como espacio vital, aunque sea joven, personalmente no me sirve para liderar opinión.

¿Las personas mayores? Pues… siendo en Aragón tan pocos los habitantes, y con tan justa rasmia social, tal vez habría que repescarlos para ver qué opinan sobre todo esto que nos sucede. No sé. Incluso me han dicho —y lo digo para grupos egoístas que buscan el voto fácil en tiempos preelectorales— que son un grupo estadístico que acude mucho a votar. Que, a diferencia de otros grupos de edad, no se quedan en sus casas el día del examen social. Todo sea por mejorar y podernos defender mejor ante los vecinos que van trabajando poquito a poquito.

 

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