Inicio Opinión ¿Qué significa para la clase trabajadora la vuelta a la “nueva normalidad”?

¿Qué significa para la clase trabajadora la vuelta a la “nueva normalidad”?

0
Martinelle / Pixabay

Les anticipo la conclusión: el retorno a la vieja explotación. Hagamos un recuento. Desde que se iniciara el estado de alarma el 14 de marzo, las prestaciones por desempleo, sean en su modalidad contributiva que subsidiada, han crecido un 40,6% respecto al mismo mes del año 2019. El paro ha crecido un 9,31% en el referido mes respecto a febrero, y un 9,01% con relación al mismo periodo del ejercicio anterior situándose su tasa en un 14,41% sólo en el primer trimestre de 2020. Estas cifras sólo reflejan fríamente un deterioro social cuya perspectiva futura no resulta halagüeña.

Pero no nos engañemos, esto no va de pandemias. La degradación de las condiciones materiales de la clase trabajadora es consecuencia de una crisis interna en el sistema capitalista. Crisis que se han ido sucediendo a intervalos cada vez más breves. Unas, como consecuencia de la financiarización lógica que conlleva la acumulación de capital; otras, consecuencia de la colonización por un sistema que necesita parasitar cualquier necesidad humana, desde la vivienda a la sanidad. No resulta fácil hacer frente a esta situación cuando esta acumulación económica lleva aparejada acumulación política.

Mailrelay, email marketing

Las reformas laborales de 2011 y 2012, acometidas por el PSOE y por el PP, son reflejo de ese poder político que atiende a las demandas del Capital. Desmontar ese mecanismo jurídico de explotación, por tanto, debe ser el primer paso. Es urgente, pero no la única tarea, ni la más importante.

Está claro que cualquier política económica que pretenda sentar las bases de unas condiciones dignas ha de partir desde la base productiva. Las políticas de redistribución están al límite. Por eso, es recurrente cuando se hace un análisis de este tipo, apelar a la necesidad de una política industrial en nuestro país que remonte la perniciosa reconversión de los años 80. La economía mundo se ha convertido en una inmensa cadena de montaje y el papel asignado a nuestro país es residual, salvo por el predominio en ciertos mercados de los antiguos monopolios estatales. Así, desde los años cincuenta somos el resort de Europa.

Las empresas desde luego no van a invertir un duro en ese proceso de industrialización. Entre otras razones porque turismo y hostelería ofrecen jugosos beneficios a cambio, no sólo de escaso salario e inversión, sino porque, a diferencia del industrial, el sector de la hostelería es la avanzadilla experimental para ir desmontando derechos laborales.
Esta “desreconversión” industrial sólo puede venir de la mano del mismo ente que la desmontó, del Estado. Pero claro ¿qué Estado?

Hace más de treinta años, tras la huelga general del 14 de diciembre de 1988, Albert Recio advertía de la necesidad de una “Política Obrera”. Ahora más que nunca se hace perentorio ponerse en marcha con ese objetivo, toda vez que los partidos que tradicionalmente han apoyado la lucha obrera se han diluido entre memes y banalidad.

La acción sindical diaria, fundamental en estos tiempos, no debe detenerse. La primera condición para hacer sindicalismo es mantener el empleo en condiciones dignas. Pero sin un programa concreto de acción política colectiva, el esfuerzo desde el sindicalismo sólo podrá sostenerse en un leal voluntarismo, pero que puede llevar al agotamiento y la frustración. No queremos más héroes, queremos un partido que impulse una política para la clase trabajadora. Como ha demostrado esta crisis, los que de verdad creamos la riqueza.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here