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Que ruede el dinero

En una situación como la actual, con un largo periodo de confinamiento y con un elevado número de ERTES, cierres de empresas y despidos; la vuelta del fútbol y de las apuestas deportivas puede ser un cóctel explosivo para miles de familias españolas.

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Si algo hay que agradecerle a Javier Tebas es la claridad. Su mensaje de que si no se acaba la liga, los clubs de fútbol profesionales perderían 1.000 millones de euros ha sido uno de los más repetidos por  todos los medios de comunicación desde que se suspendiera la competición por la covit-19. A nadie le sorprende ya que en el fútbol español se hable sólo de negocio y no de deporte.

Ni en Holanda ni en Francia, con mejor situación epidémica que España, se volverá a retomar su campeonato y en Italia el Ministro de Deportes amaga una y otra vez con suspenderlo. Sin embargo, el Consejo Superior de Deportes ha presentado un protocolo para permitir la vuelta del deporte profesional y lo justifica con un «contribuirá a mejorar el ánimo y el bienestar psicológico de la población».

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Imaginar las presiones de la Liga, de los medios de comunicación o de los anunciantes es sencillo, pero una vuelta del fútbol profesional, aún a puerta cerrada, presenta riesgos sanitarios bastante evidentes.

Para los deportistas la imposibilidad de mantener la distancia social exigida supone un riesgo para su salud. 3 jugadores del Colonia alemán ya se han infectado apenas comenzados los entrenamientos en grupos reducidos. Las asociaciones profesionales de jugadores de fútbol y de baloncesto exigen mayores garantías sanitarias y son muchos los médicos deportivos (como el mítico Corbalán, el presidente de la Sociedad Española de Medicina Deportiva Pedro Manonelles o la mayor parte de médicos de club italianos) que están mostrando dudas y preocupaciones.

Sin embargo, no se habla tan apenas de la repercusión que puede tener sobre la población general en una situación como la que vivimos, con un largo periodo de confinamiento y de restricciones a la movilidad, con disminución importante de las alternativas de ocio y con un elevado número de ERTES, cierres de empresas y despidos. La vuelta del fútbol y de las apuestas deportivas sumadas a la precariedad y la ociosidad puede ser un verdadero cóctel explosivo para miles de familias españolas.

En un momento que el juego online se había frenado a consencuencia de la pandemia, el retorno del deporte a corto plazo, lejos de contribuir a mejorar el bienestar psicológico como afirma el CSD, podría provocar que la ludopatía acabe destrozando muchos hogares que ya no viven su mejor momento.

El egoísmo de los que mueven el negocio del fútbol, alejados muchas veces de lo que piensan los propios jugadores o entrenadores, es patente no sólo en esa continúa presión por volver a jugar, sino en las acciones económicas que han ido tomando: mientras los clubs negocian pequeñas rebajas de los salarios de los deportistas manteniendo salarios millonarios presentan ERTES  para sus trabajadores no deportivos, con salarios mucho más bajos y que tienen que asumirse desde las arcas públicas.

O que decir del poco respeto a las aficiones y a los abonados. Jugar a puerta cerrada expulsa a quienes ponen el corazón en este negocio, pero también a quienes lo mantienen económicamente pagando año tras año su asiento. Con una limitación de los aforos de los bares como la que viene y la imposibilidad de ver partidos de fútbol de primera división en abierto, muchos aficionados, especialmente los más precarios, tampoco podrán disfrutar de sus equipos ni de la competición.

Porque detrás de todo no está decidir quien gana una competición, algo bastante superfluo con miles de muertos en todo el mundo, sino que el dinero, y no la pelota, siga rodando para mantener el negocio. 1.000 millones es el precio.

 

 

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