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Precariedad: uno de cada cuatro empleados trabaja por menos del salario mínimo en Aragón

Los datos de la Agencia Tributaria revela la existencia de una bolsa de 77.000 personas, más del 12% de los que llegan a acceder a un salario a lo largo del año, que subsisten entrando y saliendo del paro y la ocupación

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Las condiciones laborales de los aragoneses continúan arrojando elevados índices de precariedad laboral y salarial. Brocco (Flickr, CCO)

Más de la cuarta parte de los asalariados trabajan por un sueldo inferior al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y el 60%, tres de cada cinco, lo hacen por unos ingresos brutos que no llegan a duplicar ese indicador, en un indicio de los elevados niveles de precariedad y escasa remuneración que mantiene el mercado laboral de la comunidad que revelan los datos del estudio “Mercado Laboral y Pensiones en las Fuentes Tributarias” que hace unos días hizo público la Agencia Tributaria con registros de 2018.

Las cifras de Hacienda ponen sobre la mesa una frustrante realidad: el tejido empresarial de la comunidad está saliendo de la crisis, y adentrándose en el primer periodo de desaceleración tras ella, a base de crear un empleo tan mal pagado como de elevada productividad, pero haciendo caja gracias a ese abaratamiento y ese incremento de la restabilidad.

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La creación de riqueza (el PIB) se ha disparado, aunque con el disruptivo cambio de tendencia que supone el ‘sorpasso’ que las ganancias brutas de las empresas dieron ya en 2016 a los salarios brutos, a los que pasaron a superar.

Según la Contabilidad Regional del INE (Instituto Nacional de Estadística), el PIB aragonés creció 5.108 millones entre 2013 y 2018 (de 32.583 a 37.681 millones de euros), y 4.156 si se toma como referencia el ejercicio anterior, que es el último con datos definitivos. El grueso de esa cifra, casi 3.200 millones, se repartió entre salarios y beneficios empresariales, aunque con estos últimos como claros beneficiarios en una tendencia que, a falta de los registros definitivos, se mantuvo el año pasado: 1.902 por 1.264; 12,9% por 8,4%, beneficios que crecen con mayor intensidad que el PIB y sueldos que lo hacen a menor velocidad.

Ganar mucho, pagar poco o pagar poco y ganar mucho

¿Y cuál es el truco para que se den esos resultados? Es sencillo: ganar mucho, pagar poco o ambas cosas al mismo tiempo, que es lo que parece llevar pasando unos años en Aragón.

Loa datos de la Agencia Tributaria indican que en 2018 trabajaron en Aragón más o menos tiempo como asalariados a lo largo del año 65.726 personas más que en 2013, una cifra que resulta ligeramente inferior a las 66.083 que han engrosado los niveles de menores ingresos: hay 14.337 trabajadores más que se emplean por menos de lo que marca el salario mínimo interprofesional (el de 2018, de 10.300 euros brutos al año) de los que lo hacían por debajo de ese nivel oficial cinco años antes (9.034), ya sea por no poder trabajar todo el año, compaginar empleo y paro o por tener jornadas parciales de menor remuneración, mientras el siguiente nivel, el de los que cobran entre uno y dos SMI, que resultan ser inframileuristas en la práctica, aumentaron en 51.746.

Los primeros han pasado a ser 176.115 y los segundos, 190.093, lo que supone, respectivamente, un 29,15% y un 31,46% del total de los asalariados de la comunidad. Son tres de cada cinco asalariados, más de uno de cada cuatro y casi uno de cada tres en cada grupo, mientras en los estratos superiores de la escala salarial, los que superan los 60.000 euros brutos de media, ocurre lo contrario: su número ha quedado reducidos a la mitad de lo que era hace cinco años, al quedar en 2018 únicamente 15.996 de los 31.022 empleados que se encontraban por encima de ese nivel de ingresos en 2013.

El coste de la mano de obra precaria se abarata

La estadística de la Agencia Tributaria pone sobre la mesa otros datos que resultan reveladores de las inercias que se han instalado en el mercado laboral aragonés.

Uno de ellos indica que solo 490.031 personas trabajaron todo el año, lo que supone que otras 114.000 no lo hicieron de manera completa. De ellos, 34.453 fueron asalariados y pensionistas, es decir, que se jubilaron o les fue reconocida una incapacidad permanente a lo largo del año, y otros 2.267 añaden a esas dos situaciones la de desempleados, con lo que quedan 77.318 que compaginaron periodos de trabajo con otros de desempleo.

Este dato resulta sintomático de los niveles de precariedad que se dan en la comunidad, ya que, por el contrario, de las 98.350 personas que pasaron por el desempleo, en un año en el que el paro registrado no alcanzó los 70.000, únicamente 16.439 tuvieron ese subsidio como única fuente de ingresos a lo largo de todo el ejercicio.

Ese grupo de trabajadores que deambula entre la ocupación y el desempleo es mucho menos voluminoso de lo que era en 2013, en vísperas de comenzar la recuperación de las variables macroeconómicas. Entonces alcanzaba los 107.556.

Sin embargo, esa reducción ha corrido simultánea a un empeoramiento de sus condiciones salariales. Hace cinco años, este grupo del precariado obtenía unos ingresos medios de 11.584 euros brutos anuales de sus temporadas como ocupados y otros 3.397 del subsidio de desempleo y otras ayudas. En 2018, esos registros eran de 10.962 y de 2.635; es decir, una merma de casi 1.400 euros, cercana al 10%, al caer de 14.981 a 13.597.

 

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