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¿Por qué es importante detener toda actividad productiva no esencial?

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Detener toda actividad productiva no esencial presencial tendría un impacto muy fuerte en la economía y por ese motivo una parte del Gobierno, con Nadia Calviño al frente, se resiste a implementarla, como hizo China y como finalmente ha tenido que hacer Italia. Aún así, cada vez son más las voces que entendemos que esta medida es fundamental para reducir el número final muertos. Expertos en epidemiología lo están pidiendo, y la cruz roja china (que de esto sabe bastante) también se lo recomendó a Italia, quien finalmente le hizo caso.

El número de contagios depende de las interacciones sociales que se tienen y de la prudencia con la que se tienen. Si una persona está confinada en su casa y sólo se relaciona con su núcleo familiar, sólo podrá contagiar a dicho núcleo familiar. Si, por el contrario, acude a su centro de trabajo y encima lo hace en transporte público, es más probable que contagie a otras personas. A nivel macro, la mejor manera de reducir la expansión del virus es reducir al máximo las interacciones sociales. En el momento en el que los infectados contagian a menos de una persona de media, es cuando se está en fase de control y extinción del virus.

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En la actualidad, hay millones de trabajadores que diariamente están acudiendo a su centro de trabajo sin que su trabajo sea esencial en estos momentos. No hablamos del sector sanitario, ni alimentario, ni energético, etc. Hablamos de call centers que no prestan servicios esenciales, de obras de viviendas, del mantenimiento de las zonas verdes, de la limpieza de edificios cerrados (como los colegios), etc. Estos millones de personas tienen, en mayor medida unos que otros, interacciones sociales con riesgo de contagio. Y teniendo en cuenta cómo son gestionadas muchas empresas en nuestro país (no todas desde luego), a nadie le sorprende las numerosas denuncias de trabajadores y sindicatos de que en algunas de ellas no se están tomando las medidas preventivas adecuadas.

La capacidad de propagar el virus que tienen estas interacciones depende de una variable crítica: cuántas de estas personas de las que están yendo a trabajar a una actividad no esencial está infectada por el virus y tiene capacidad de transmitirlo. Si se hubieran hecho test a gran escala, esta variable podría controlarse y minimizarse el riesgo, como hizo Corea del Sur, pues se identificaría y aislaría a las personas portadoras del virus. Sin embargo, España no ha tenido capacidad hasta ahora de hacer test masivos por lo que no sabemos realmente cuántas personas han contraído el virus. Y esto es la clave de por qué es preciso limitar el trabajo a las actividades esenciales.

Ahora mismo no es posible saber el número de personas que en España tienen el virus. Es obvio que las cifras oficiales, 33.000 casos, no sirven puesto que sólo se hacen test a personas con cuadro grave. Además, parece que muchas personas tienen el virus y capacidad para propagarlo y sin embargo no tienen síntomas, lo cual dificulta enormemente saber el número total de casos.

Una forma de aproximarnos al número total de casos sería a través de la tasa de mortalidad. Si ha habido 2.000 fallecidos y la tasa de mortalidad es del 2%, se podría estimar que hay un total de 100.000 casos. Sin embargo, esto no es tampoco válido puesto que hay personas afectadas por el virus que a día de hoy no han fallecido pero lo harán en los próximos días. Además, desconocemos la tasa de mortalidad, si bien podría estar en torno al 1% o 2%, dependiendo de la edad media de la población del país (en China ha sido del 4% pero desconozco si el número total de casos detectados es fiable o si, por el contrario, ha habido muchos casos que no se han detectado).

En todo caso, sería muy razonable pensar que actualmente en España hay varios cientos de miles de personas con COVID-19. No podemos saber si 300.000 o 500.000, pero la cifra de “cientos de miles” parece razonable a tenor de los datos disponibles.

Por ello, con cientos de miles de personas contagiadas, la mayoría de ellas sin saberlo, es poco prudente permitir que millones de personas tengan interacciones sociales (asistir al centro de trabajo) salvo que sea esencial.

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