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Paseantes

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Una de las calles de Zaragoza cuyo nombre más me gusta es la de Paseo de Los Olvidados, en Valdespartera. Como sabréis todos homenajea a la película que Luis Buñuel rodó en 1969. Me gusta porque todos a veces hemos sido esos olvidados. Me hace pensar en todas esas calles que sí tienen nombre, la calle Héroes del Silencio, la calle Gol de Nayim. Nombres recientes de personas que significan algo para la ciudad. Por eso me gusta que Los Olvidados recuerde a toda esa gente que no cuenta, que no trascenderá, y que muchas veces es invisible.

Zaragoza está llena de calles dedicadas a acontecimientos que tuvieron que ver con los Sitios de Zaragoza, con científicos y personas del mundo de las letras, (una de mis favoritas es Virginia Woolf), la cultura, las artes. Inciso: solo un 10% de las calles del callejero zaragozano tienen nombre de mujer. Pero tenemos muchísimas calles dedicadas a toda esa otra dimensión, la de las emociones, la de los simples objetos, que también son un poco los olvidados del callejero. Suelen ser calles de las que nadie se acuerda, y sin embargo muchas veces son nombres de una simbología y una fuerza tremendas. En Valencia hace poco encontré la Calle de La sangre. Ojo cuidado. La sangre, la que nos hace estar vivos y a la que tantas veces apelamos. El barrio zaragozano de Arcosur tiene una calle llamada Invasores del Espacio. Tremendo. Yo quiero que me traigan paquetes a esa dirección y decirle al taxista que me lleve al número 7. Y en Sevilla te bajas del AVE y te encuentras en la Avenida Kansas City, esperando que aparezca Judy Garland recién llegada de OZ.

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En Valdefierro uno puede perderse para soñar, y encontrarse con la calle Orión, la calle Centauro y la calle Pegaso. Como una es muy cinéfila la primera siempre me hace recordar a Blade Runner. Asomarte a la ventana desde tu casa y ver Naves en llamas más allá de Orión. Hay alianzas maravillosas, como la calle Minas y la calle Sol, que conviven muy cerca la una de la otra, y siempre me hacen pensar en esa extraña alineación que da lugar a una paradoja. En el barrio de Las Fuentes encontramos algunas de las calles más reivindicativas de la ciudad: calle del Trabajo y calle de la Previsión Social, pero también la calle de La amistad y calle Matadero.

Tenemos un montón de calles con una fuerza inmensa, pero no somos conscientes cuando las pisamos: Armas, Asalto, Azufre, Bomba, Cobalto, Coloso, Cresta de espadas, Hércules, Heroísmo, Hogar obrero, Límite, Manifestación. Tenemos calles de nombre oscuro y místico como Afueras, Azufre, La caza, Cementerio, Clavos, Desengaño, Mártires, Matadero, Mefisto, Monegros, La noche, Sacramento, Sepultura del gigante. Tenemos calles de nombres bellísimos y hasta oníricos, como Alegría, Acierto, Armonía, Aurora, Baile, Balancín, Bellavista, Cedro, Cierzo, Cisne, Columpio y Cometa, Consolación, Diamante, Diez de julio, Dieciséis de agosto, calles con fechas para inventar acontecimientos. Donantes de sangre, Embarcadero, Enebro, Fraternidad, Invierno, Lentisco, León, Libertad, Magnolia, Máscaras, La nevada y La noche, Oeste, Olímpica, Orquídea, La palabra, Paraíso, Pensamiento, Piedra, Porvenir, Predicadores, Privilegio de la unión, Reconquista, Refugio, Ruiseñores, Sol, Tercer milenio, Trece rosas, Villafeliche. ¿Quién no sería feliz viviendo en Villafeliche? O en otra de mis calles favoritas, la calle de La luz. Y no olvidarse de la calle de La paz, que durante tanto tiempo, en otra de esas bellas paradojas, fue germen de creatividad y refugio de mucha gente que buscaba lugares nocturnos en los que no sonase “un poco de todo” sino sitios en los que al entrar el ruido te fulminase con su belleza.

 

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