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No hay un planeta B

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Las televisiones siempre se vuelcan en lo anecdótico, en las historias humanas. Toman esa anécdota, la descontextualizan y ofrecen una visión simplona y políticamente inocua de un hecho. Esto es lo que llevan haciendo unos días con la historia de una adolescente de 16 años que se convierte en líder mundial en la lucha contra el cambio climático. Greta Thunberg y los jóvenes movilizados son mostrados de forma entrañable, defensores de una causa pura. ¿Acaso no es entrañable pedir salvar el mundo?

Los jóvenes del 15M de 2011 no fueron tan del gusto de los medios, aunque alguno acabara flirteando con ellos. El 15M venía de una carga policial, de cierta violencia, no lo olvidemos.  Y después de pedir más democracia, enseguida pidieron justicia social. Y todo acabó en Podemos. Pareciera a simple vista que estos nuevos jóvenes de 2019 son más del gusto de la opinión publicada. Una cosa global, de la mano de casi niños, con manifestaciones pacíficas y regañando a sus mayores por cargarse la naturaleza. La imagen que muestran los medios es naif, light, inofensiva… la regañina del hijo que sacude la mala conciencia de los padres. Ferreras asiente emocionado ante la cámara.

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Pero que tengan cuidado. La simpatía por este movimiento emergente terminará en el momento en que los jóvenes dejen de pedir a los políticos que cambien las cosas y se pongan ellos mismos manos a la obra. Más allá de niños pintando pancartas con el globo terráqueo y mucho más allá de partidos verdes liberales incapaces de ofrecer soluciones reales, un fantasma recorre el mundo: el Green New Deal. Un concepto que se ha popularizado gracias a Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista demócrata por el Bronx, cabeza visible de una nueva generación de miembros del Partido Demócrata. La evocación del New Deal y de Franklin Delano Roosvelt en Estados Unidos remite a una idea de progreso y prosperidad, de cómo la política puede cambiar la vida de la gente a mejor. Varios fueron los hitos que empujaron a que el mundo avanzara en derechos y bienestar: la victoria sobre el Eje, los pactos de posguerra, la URSS, la socialdemocracia… pero el New Deal supuso poner los recursos de la nación a trabajar por el bienestar de las personas, un acontecimiento que transformó Estados Unidos, una sacudida que inauguró un cierto estado del bienestar y que en el imaginario permanece como el inicio de la prosperidad que comenzó a ser desmontada a finales de los años setenta.

El mundo del siglo XXI necesita otro acontecimiento de proporciones similares. El dominio de los mercados financieros sobre la economía se está llevando por delante los derechos que tanto costó conseguir y conduce al planeta a un desastre ecológico sin precedentes. Es necesario terminar con la anarquía y el descontrol de los ricos saqueando la riqueza del mundo. Ocasio-Cortez es objeto de las iras de la derecha y los liberales por sus planteamientos de intervención radical del estado en la economía, con tipos impositivos del 70% sobre las grandes empresas y los millonarios (Roosvelt llegó al 90% en un momento dado) y una transformación sustancial de la economía que reduzca la emisión de gases y que vaya de la mano de la recuperación de derechos sociales. Partidos como Podemos en España están incorporando este espíritu a su programa con su “horizonte verde” con el que pretenden, entre otras medidas, reducir la factura de la luz al 50% y reducir en un 90% las emisiones de gases de efecto invernadero para 2040.

La consecución de estos objetivos pone en cuestión el capitalismo, un sistema que es incapaz de aportar una solución al problema que ha creado. En esas manifestaciones no tan ingenuas que hemos visto el 15 de marzo se cuestiona el sistema económico, cosa que el 15M de 2011 no se atrevió a plantear. El ala izquierda de los demócratas estadounidenses, espoleados por el fenómeno Bernie Sanders, comienza a calificarse a sí misma de “socialista” sin rubor. El apoyo a sus planteamientos llega hasta el 50% de la población.  En un mundo amenazado por el auge de una extrema derecha feroz con las mujeres y negacionista del cambio climático, comienzan a vislumbrarse las soluciones que los liberales no son capaces de proporcionar. En la hora más oscura quizá sea el momento en que la gente decente de la vieja Europa de nuevo enarbole horizontes que en otros tiempos nos llevaron a conseguir las 8 horas, las tres comidas diarias y la sanidad universal. Es el momento. No hay un planeta B.

 

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