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Me avergüenza España

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Siento una profunda desolación acompañada de una ingenua perplejidad. Sí, el ser humano es así y hasta cuando hablamos de España resulta imposible no mantener una ligera de esperanza de que al final, en algún momento del proceso, se impondrá la cordura. 

Pero no es España un país para cuerdos, sino un psiquiátrico en el que viven encerrados millones de personas en contra de su voluntad y, más grave aún, sin su conocimiento. Pero también es un psiquiátrico en el que millones de personas se recluyen voluntariamente y con pleno conocimiento, ya sea por adicción a la medicación o por lo que puedan llevarse al bolsillo. Una España de tontos, atontados y desvergonzados.

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Un lugar en el que diecinueve millones de pobres, desempleados y trabajadores cada día más machacados y con cada vez más perspectivas de quedarse sin pensiones y trabajar hasta la muerte votan a PSOE-PP-Cs-Vox, esa suerte de partidos del régimen franquista 3.0 que nos gobierna y que siendo lo mismo se ofrecen con distintos colores, sabores y olores. Como pastillas diferentes cuyo contenido fuera idéntico y solo sirvieran para anestesiar al personal. 

España me abochorna hoy. La obscenidad con la que las barbaridades de todo tipo son presentadas por medios de comunicación y periodistas sin escrúpulos ni dignidad; los discursos napoleónicos de la mayoría de los políticos, trabajadores del propio psiquiátrico, para convencer a los encerrados en España de que son uno de los suyos me causan una desazón indescriptible; las despiadadas maniobras del poder, capaces de cualquier atropello y tortura, me indignan con una intensidad que jamás habría podido ni siquiera vislumbrar.

España está enferma por acción y por omisión, por consciencia y por inconsciencia, de tanto tiempo que lleva encerrado entre barrotes, edificios y enfermeros franquistas. Ya no es capaz y quizás nunca más lo sea. Han sido demasiadas décadas, demasiados electrodos, demasiadas torturas, demasiados embustes y embestidas, demasiada medicación. Demasiado psiquiátrico. 

Es posible, y cada día lo creo con más convicción, que España no tiene cura y que su única solución puede encontrarse en la trepanación del cadáver y la disolución para que los pueblos ibéricos, con sus distintas culturas, historias, lenguas y sensibilidades puedan construir una Península Ibérica mejor organizada territorialmente. Más justa y más social. Más democrática. Un conjunto de naciones, estados y/o países, repúblicas, federadas o no, que puedan volver a hermanarse y relacionarse con cordialidad y cariño.

Pero los porrazos y los golpes, las injusticias sangrantes, el encierro en cuartos oscuros del psiquiátrico en el que perpetrar oscuros experimentos deben terminar. El indecente y lacerante aporreo de ciudadanos que solo pretendía votar, la ignominiosa represión judicial de los líderes políticos catalanes, la criminalización desvergonzada de activistas o la sentencia final por sedición ya forman parte de la historia negra de España. La mayoría de los encerrados en el psiquiátrico ni lo sabe, babean medicados por los medios de comunicación mientras toda la barbaridad acontece. 

Y no. Yo no quiero formar parte de todo esto. Pido perdón a los catalanes, a los independentistas, a los condenados. ¡Por favor! ¡De nueve a trece años! ¡Hay penas equiparables y menores en el Tribunal Penal Internacional por los crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia!

Me avergüenzo de España, me duele como nunca que mi país sea una organización criminal, un vulgar y detestable régimen autoritario de formas democráticas, y me parece imperdonable lo sucedido. La historia juzgará el 1 de octubre de 2017 y el 14 de octubre de 2019 con la dureza que corresponde y cuando pregunten si éramos conscientes de lo que sucedía, si participamos de ello o si fuimos cómplices, muchos alegarán que estaban medicados, que no recuerdan, que eran otros tiempos con otros códigos o que no les quedó más remedio. Conste en acta mi desaprobación: yo estuve en la España Negra y me opuse a ella. Si no la historia, al menos que la conciencia no me condene.

7 Comentarios

  1. Tristeza infinita, no hay palabras que pueda articular solo sentimientos tristes y vergonzantes. Una mentira no puede sostenerse indefinidamente, y España parece que ha tomado el peor de los caminos, solo deseo que no nos arrastre en esta pendiente que ya no tiene vuelta atrás.

  2. Estoy de acuerdo, aunque me pese, ya que nací en La Rioja. Pero ya llevo un tiempo en Cataluña. La mentalidad de los catalanes y la ideosincracia del país es envidiable.

    ¿Qué porcentaje de españoles crees que opinan lo mismo que expresas en tu artículo? ¿Quizás vaya por regiones?

    Ya hemos llegado al nivel de Turkía. Incluso les apoyamos y hemos enviado al ejército español a ayudar a Erdogan en el genocidio kurdo.

    Salud y República.

  3. És un gran alivio leer su artículo ya que la visión que tenemos de la opinión pública del resto de España es desoladora, nos duele en el alma la incomprensión y la burla el ‘a por ellos ‘ España ni nos entiende ni se interesa por nuestros problemas ni nos quiere . Su artículo es un bálsamo que se agradece.
    Muchas gracias

  4. Excelente artículo. Por fin un periodista honesto, especie en peligro de extinción.
    Muchas gracias por tanta clarividencia y por la valentía de publicarla.

  5. Gracias
    Yo que. viviendo en Cataluña aún me siento español. Yo que ni creo que los indepes maten, roben o violen. Yo que como castellanohablante nunca me he sentido perseguido. Yo que creo (aún) que lo que hay que hacer es empujar a España en el sentido de la Historia. Yo que nunca he visto ni sabido de indepes que coman niños de habla española cuando se reúnen en los CDRs. Yo digo otra vez gracias. Empezaba a sentirme sólo. Ahora un poco menos

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