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Lo que Zaragoza necesita, desde la izquierda 

Desde la izquierda debemos entender qué es Zaragoza y cuáles son sus enormes posibilidades

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Zaragoza necesita recuperar su posición de referente en el Norte de Iberia, ocupar su posición de líder lógico y demostrar que somos una Gran Ciudad. La capital de Aragón lleva una década bebiendo todavía de las migajas de la Expo 2008, mal utilizadas cuando no claramente cerradas y fuera de cobertura, sin haber rentabilizado el empuje que supuso “estar” al menos en la sociedad del Sur de Europa.

Desde la izquierda debemos entender qué es Zaragoza y cuáles son sus enormes posibilidades, abandonando el zancadillear al contrario cercano y jugar práctico para ganar todos.

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Los vecinos de esta Gran Ciudad seguimos sufriendo las consecuencias de algunas incapacidades para gestionar en esta última década nuestro importante patrimonio social, cultural, posicional o artístico, que se ha visto superado por ciudades de nuestro entorno que sí han entendido que ya estaban en el siglo XXI y han actuado en consonancia.

Nuestro urbanismo está viejo, nuestra Universidad está orillada de la vida de nuestra ciudad, nuestro sistema de transporte urbano está superado y ya mal planificado, nuestro sistema de capitalidad ha sido un fracaso, con una Ley de Capitalidad que Zaragoza va a sufrir para sus posibilidades de liderar el futuro.

La nueva Comarca Central, por culpa de todos, obvia a Zaragoza ciudad, no define los marcos de una Metrópoli capaz de tirar con su influencia global de un entorno gris. Y seguimos sin entender qué es y cómo conseguir una ciudad compacta y sin huecos vacíos en su interior.

Debemos ser conscientes de que es todo un lujo contar con cuatro caudales fluviales dentro de una ciudad rodeada de estepas, y reconstruir una Zaragoza verde con la calidad del cuidado de nuestros parques y jardines como se tenía en los años 70 y 80.

Pongamos las herramientas necesarias para evitar el derrumbe social de los viejos barrios de la ciudad. Apostemos por avanzar en unas relaciones abiertas hacia Europa o Iberoamérica como ciudad formativa, logística, de servicios auxiliares, o incluso como simple ciudad aglutinadora de industrias transformadoras de nuestra realidad agrícola y ganadera, o de una ciudad innovadora en los avances de industrias o energías futuras.

Zaragoza debe recuperar su capacidad para ser una ciudad amable con las personas, con sus culturas y artes, una ciudad cómoda para vivir, una ciudad de alianzas y reflexiones, de diálogo político sereno y constructivo, una ciudad educadora y ejemplar, como ya lo fuimos. ¿Se nos ha olvidado la época en la que nuestra ciudad era la elegida por estudiantes de casi medio mundo para venir a nuestras facultades a aprender y formarse?

Pongamos en valor nuestras cuatro culturas como el tesoro que son, en lugar de orillarlas como si fueran un peso del pasado. Recordemos con orgullo que fuimos romanos, judíos, árabes y cristianos, y que muy pocas ciudades del mundo pueden presentarse con esta historia de más de 2.000 años ante la Cultura y el Arte con las mayúsculas de ser ejemplo. Otras ciudades menores que Zaragoza han ido construyendo sus posibilidades económicas a base de aspectos que ha ido abandonando Zaragoza, como su base artística, cultural o de simple convivencia, en aspectos tan importantes como dar nueva vida a nuestra histórica literatura, pintura, escultura, cine, artes gráficas o fotografía.

Contamos con decenas de edificios municipales congelados en el tiempo y sin terminar, cerrados y, lo que es peor, sin un destino definido de uso que resulte útil. ¿Acaso se nos han acabado las ideas? Somos ciudad de Congresos, impregnemos Zaragoza de un ambiente que genere fuerza propia de contagio, que no se quede en unos pocos espacios. Sí, somos ciudad de carga y descarga, de almacenaje, de maniobras militares. Pero, si lo estudiamos con calma, estas son actividades de paso, de nuestro entorno, que en muy poco significan un beneficio para las y los zaragozanos. Están… pero fuera.

Somos ciudad con un cierto tirón de icono religioso, pero tampoco esto lo queremos entender. Una ciudad gastronómica con pasajes que cualquier ciudad europea sabría poner en valor y que nosotros tenemos cerrados en pleno centro. Creamos en nuestras posibilidades y pongámoslas sobre el panel del juego turístico y económico. Seamos una ciudad con reflexión, cuidemos y reconozcamos a la intelectualidad activa. Crear siempre es mejor que zancadillear.

Somos una ciudad donde la gestión municipal lleva 15 años trabajándose desde la izquierda, y donde ahora nos toca a nosotros mismos desde esa izquierda hacer balance y propósito de rectificación y de responsabilidad. Se han realizado grandes mejoras, pero también se han dejado de hacer otras muchas, lo que nos ha llevado como ciudad a perder protagonismo entre nuestro entorno geográfico. Otra gestión desde la izquierda es posible, incluso creo que deseable. Debemos explicarla muy bien para que sea posible.

 

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