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La rebelión de los pijos

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Los ultras de Vox han convocado caceroladas y manifestaciones durante estos días para elevar la presión sobre el Gobierno. Por eso hemos visto estos días imágenes insólitas del barrio más pijo de España en un Madrid aún en fase cero, es decir, de confinamiento obligado. Pero con ellos parece que no va la cosa. Nunca va con ellos lo que afecta al común de los mortales. Mientras veíamos ciudadanos en Aluche haciendo colas ordenadas para recibir alimentos, en el barrio de Salamanca los pijos uniformados salían con sus banderas de España armados con palos de golf para pedir la dimisión del «gobierno socialcomunista» en lo que parecía una parodia, el reverso oscuro del Cojo Manteca que destrozaba un semáforo a golpes de su muleta en los ochenta.

El barrio de Salamanca fue la única parte de Madrid que Franco no bombardeó durante la guerra civil. Allí estaban los suyos y ahí siguen, hoy tomando la calle convocados por el partido demente de Abascal. A ellos no les multa la policía, ellos no se confinan, ellos van por la calle con impunidad, como siempre han hecho. Además ahora dicen los de Podemos que les quieren poner un impuesto del 2% o del 3% a su patrimonio. ¡A las barricadas! ¡Empuña el palo de golf! ¡Izad la bandera roja y gualda de la rebelión! Chalecos, flequillos y botones desabrochados ocupando el asfalto.

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Lo peor es que hay muchas personas de clase trabajadora que se proyectan en sus pintas de mamarracho. La publicidad funciona de la siguiente manera: aparece una persona de clase media que evoca una vida acomodada a la que todo hijo de vecino quiere aspirar tomando un zumo de papaya. El mecanismo activado en el cerebro hace que tomando el zumbo de papaya creas que te estás acercando a ese estatus. Con Vox y el PP pasa igual. El idiota de barrio obrero cuando les vota siente que se acerca a ser un poco más como ellos. Lo cual me hace pensar como de averiado hay que estar para querer ser como esa gente, pero ese es otro asunto.

Durante décadas cierta izquierda ha estado mofándose de la otra izquierda que intentaba reactivar una conciencia de clase entre las y los trabajadores. Habría que darles la enhorabuena por haber dejado el camino expedito a los mismos que la última vez que se les quiso subir una miaja los impuestos montaron una guerra civil, un millón de muertos y represaliados y cuarenta años de dictadura feroz. Y ahora andan en las mismas. O conseguimos establecer correlaciones entre la rebelión de los pijos y las canutas que las vamos a pasar esta crisis que viene, o será el fin. Porque esta gente, una vez que sale a la calle se la queda y solo vuelve a meterse en casa cuando han ganado o cuando el pueblo les devuelve adentro a gorrazos.

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