Inicio Aragón La otra cara de la crisis: 8.000 nuevos ricos en Aragón

La otra cara de la crisis: 8.000 nuevos ricos en Aragón

El valor conjunto de los grandes patrimonios declarados a la Agencia Tributaria en la comunidad pasa de 13.710 millones de euros a 25.729 en seis años mientras el número de aragoneses que poseen bienes y depósitos por más de 400.000 euros pasa de 5.524 a 13.286 en ese periodo, lo que reduce la fortuna media de 2,48 a 1,93 millones

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El patrimonio medio de los ricos pasó de 2,48 a 1,93 millones de euros en Aragón entre 2011 y 2017.

Las cosas le han ido muy bien a mucha gente con la crisis en Aragón. O al menos eso es lo que indican los datos de la Agencia Tributaria sobre el Impuesto de Patrimonio: el número de aragoneses que poseen bienes y depósitos por más de 400.000 euros, que es la barrera que marca esa categoría en la comunidad, aumentó en casi 8.000 personas entre 2011, el año en el que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero recuperó el Impuesto de Patrimonio, y 2017, el último ejercicio para el que Hacienda tiene información disponible.

En esos seis años, las fortunas declaradas aumentaron en algo más de 12.000 millones de euros y estuvieron cerca de duplicarse, aunque la avalancha de nuevos ricos tiró a la baja del promedio, que cayó de 2,48 a 1,93 millones por cabeza.

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Esa proliferación de los nuevos ricos se da en una comunidad en la que la pobreza lleva camino de cronificarse en unos niveles en los que una de cada siete familias sobrevive con ingresos situados por debajo del nivel de subsistencia y en cuya capital nunca se habían solicitado tantas ayudas sociales como ahora para poder salir adelante. Entre otros motivos, por la cada vez mayor extracción de rentas que, a base de primar los beneficios mientras los salarios se congelan, comienza a caracterizar al sector empresarial local, uno de los pocos en los que las ganancias superan en volumen a los sueldos.

Baja presión fiscal: un euro de cada 600

Aragón es, según indica el último Panorama de Fiscalidad Autonómica y Foral (del Consejo General de Economistas, la comunidad con los ricos menos afortunados del país, ya que aplica el menor mínimo exento: considera que alguien debe declarar su patrimonio, y pagar por él salvo que se trate de bienes exentos, a partir de los 400.000 euros (66 millones de las antiguas pesetas), 100.000 menos que Cataluña y Extremadura, 200.000 por debajo de la Comunitat Valenciana y a 300.000 del resto.

Por el contrario, es una de las seis del territorio común (sin incluir a las forales Navarra y Euskadi) que no ha endurecido la horquilla del 0,2% al 2,5% que se aplica al patrimonio sujeto a tributación para calcular la cuota, y que supera el 3% tanto en las conservadoras Andalucía, Galicia y Murcia como en Asturias, Baleares, Cantabria, Cataluña, Extremadura y la Comunitat Valenciana.

Esa combinación de factores da lugar, en la práctica, a una baja presión fiscal . En 2017 el Gobierno de Aragón ingreso 45,4 millones de euros por un patrimonio declarado de 25.729 del que, a base de exenciones, deducciones y desgravaciones, salió una base imponible de 8.469.

Eso significa que la presión fiscal es del 0,17% sobre las fortunas reales y del 0,52% sobre la parte liquidable de estas; es decir, que los ricos tributan en Aragón entre un euro por cada 588 que poseen, lo que supone una presión fiscal prácticamente cien veces inferior a la que se aplica en el IRPF, que se sitúa en el entorno del 15%.

Muchas acciones pero mucho más ladrillo

En esos seis años, el patrimonio de los ricos aragoneses pasó de 13.710 millones de euros a 25.729, con un incremento del 87,6%. En ese mismo periodo, la cifra de declarantes aumentó de 5.524 a 13.286, con una subida del 140%.

Sin embargo, casi la mitad de esas fortunas quedan al margen del Impuesto de Patrimonio, ya que quedan exentos de tributar por bienes que suman un valor de 11.304 millones, ya sea por tratarse de edificios catalogados o de acciones de grupos empresariales familiares, entre otros casos. Pertenecen a 11.943 de los declarantes, lo que supone que el 96,6% de ellos se benefician de esa regulación.

Casi tres cuartas partes de esas fortunas (18.697 millones, el 72,67%) se encuentran en bienes muebles, el principal capítulo del impuesto junto con el ladrillo, en el que hay invertidos otros 5.568 (21%). El crecimiento de ambos capítulos ha sido espectacular en esos seis años, en los que la inversión en inmuebles se duplicó con creces, ya que partía de 2.184 (ha aumentado a un ritmo superior a los 500 millones anuales), mientras la del mobiliario se incrementaba en 8.016 con una cadencia de más de 1.300 por ejercicio).

Más amigos de la sicav que del banco

Los volúmenes que aparecen en ambos capítulos contrastan con el “escaso” peso de los bienes afectos a actividades económicas, los cuales, con 411,6 millones (307 de ellos exentos), ni siquiera superan a los 497,9 consignados en el apartado de rentas y seguros. De esa cifra. Los bienes suntuarios como obras de arte y coches de lujo suman 27 millones.

Más de la mitad de esa cartera de bienes muebles tiene forma de acciones y participaciones en empresas que no cotizan en bolsa ni tampoco en ninguno de los otros sistemas bursátiles, mientras que las negociadas suponen apenas la décima parte del total, con 1.987.

Los ricos aragoneses confían más en las sicav, ese engendro fiscal que reduce al 1% la tributación de unos negocios que en la práctica pagarían hasta un 10% en el Impuesto de Sociedades, que en los bancos. Tienen 3.870,6 millones de euros colocados en las primeras mientras sus depósitos en cuenta en productos financieros como plazos fijos y fondos de inversión únicamente suman 2.274.

Tampoco muestran mucho interés por las cada vez menos rentables inversiones en deuda pública, a las que tan solo dedican uno de cada 80 euros: 319,7 millones. Ese 1,71% del total se sitúa muy por debajo del 2,39% en el que se encuentra la media estatal.

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