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La izquierda aragonesa entra en ebullición tras un gripado que se resiste a asumir

Cha renueva su dirección con el relevo de Soro por Palacín, Sánchez agita al PSOE al nombrar delegada del Gobierno a la concejal Pilar Alegría y situarla como principal rival orgánica de Lambán y las diputadas críticas de Podemos Sanz y Cabrera activan la asamblea que los morados tienen pendiente desde los batacazos de la pasada primavera

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El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, entre Javier Lambán y Pilar Alegría en un acto del ciclo electoral de 2019. Foto: Eduardo Bayona

La izquierda aragonesa comienza a bullir mientras el mero avance del calendario comienza a situarla ante los procesos de reflexión y renovación que lleva meses eludiendo afrontar tras el gripado en las urnas del año pasado, con mayor nivel de convulsividad en unos casos que en otros pero, por lo general, con una tardanza que empieza a transformarse en urgencia en casi todos ellos.

Chunta, que fue el pasado fin de semana el primer partido de la izquierda aragonesa en afrontar su renovación con un plácido relevo de José Luis Soro por Joaquín Palacín y con un viraje hacia el modelo PNV en el que el ámbito orgánico y el institucional quedan formalmente separados, e IU, que tiene por delante dos años hasta su nueva asamblea autonómica, son las dos formaciones cuyas vidas internas proyectan, en principio, menos nubarrones hacia el horizonte.

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Las cosas están, a la espera de lo que pueda deparar la renovación del cartel electoral de ZeC (Zaragoza en Común) para las municipales de 2023, cuando sus tres concejales (Pedro Santisteve, Luisa Broto y Alberto Cubero) dejarán la lista tras finalizar sus segundas legislaturas, bastante más agitadas en Podemos y en el PSOE.

Las dos diputadas de los morados críticas con la dirección autonómica de Nacho Escartín, Erika Sanz e Itxaso Cabrera, han dado el primer paso para que la formación ponga en marcha tras la asamblea ciudadana estatal de finales de marzo su aplazado proceso de debate y renovación en Aragón.

La asamblea que no llega en Podemos y los movimientos en el PSOE

Ambas parlamentarias ya pidieron la apertura de ese proceso tras la “gran pérdida de apoyo en las urnas” de las municipales y las autonómicas. Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurre en otras comunidades, este no ha llegado a ser activado por la dirección aragonesa de un partido que ha pasado de ser el socio preferente y crítico del PSOE de Javier Lambán a entrar con él y con Cha en una coalición de gobierno de la que también forma parte el Par.

En el PSOE, las últimas noticias tienen más aspecto de movimientos tácticos y estratégicos en clave interna y en vísperas de próximas confrontaciones orgánicas que de otra cosa. Así, el desplazamiento de Pilar Alegría del ayuntamiento de la capital aragonesa a la Delegación del Gobierno en sustitución de Carmen Sánchez equivale a su ungimiento como cabeza visible en Aragón del ‘sanchismo’, en el que ahora mismo estarían encuadrados el grueso del PSOE oscense y los partidarios de Carmen Dueso y de Susana Sumelzo en Zaragoza, provincia mayoritariamente alineada con Lambán junto con la de Teruel.

Los dos bloques medirán sus fuerzas dentro de unos meses en un proceso para el que ya han comenzado los movimientos, como es la fundación de la federación local del PSOE zaragozano, cuyas agrupaciones estaban hasta ahora adscritas a la organización provincial de Zaragoza, tal y como fue acordado en el último congreso autonómico.

Distintas fuentes enmarcan en el objetivo de controlar la ejecutiva de ese ‘cuarto espacio’ del socialismo aragonés el fichaje por Lambán del exconcejal zaragozano Florencio García Madrigal, que quedó fuera de las listas en las últimas municipales tras haber disputado su liderazgo a Dueso y Alegría, mientras el pase a Delegación lleva a descartar a esta última para optar por la secretaría local del partido, lo que plantea una incógnita sobre los planes (y los peones) de Ferraz en esta disputa, que en medios del partido se ve como un ensayo previo del congreso de 2022.

Pinchar entre debacles, retrocesos y resurrecciones

En cualquier caso, el reseteo de la izquierda, que por otro lado va a ser paralelo a las convulsiones internas de Ciudadanos en torno a su redefinición de marzo y el eventual inicio de su fusión con el PP en las elecciones gallegas y vascas y a las tensiones que todas las fuentes pronostican para los procesos congresuales que los conservadores afrontarán en la comunidad y sus tres provincias con el cambio de año, llega después de haber sufrido como bloque un retroceso electoral tan incuestionable como inquietante

Las cuatro principales formaciones del ámbito progresista se dejaron en las últimas autonómicas 14.500 votos (de 335.352 a 320.866) y dos escaños (de 35 a 33) que supeditaron la continuidad en el Gobierno de PSOE y Cha, a los que se unió Podemos, a la decisión del Par de sobrevivir rompiendo con un centro-derecha ávido por devorarlo. Crecieron el PSOE (+62.000) y Cha (+11.000), retrocedió IU (-5.000) y se descalabró Podemos (-82.000).

La caída fue similar en las municipales de la capital aragonesa, con un retroceso de 10.000 sufragios (de 170.376 a 160.432) que incluye los 15.511 con los que Cha quedó, tras dejarse 6.500, fuera del consistorio. En este caso, el PSOE obtuvo una victoria relativa con más de 30.000 votos, mientras ZeC y Podemos cosechaban 34.000 apoyos menos de los que obtuvo la gran confluencia que gobernó la ciudad de 2015 a 2019.

En este caso, fueron las tendencias (políticamente) suicidas del expresidente de C’s, Alberto Rivera, las que dinamitaron un acuerdo entre el PSOE y C’s que estaba prácticamente cerrado a unas horas del pleno de investidura para imponer una alianza entre los naranjas y el PP que nación condenada a depender del apoyo de la ultraderecha de Vox.

Por el contrario, los resultados apenas variaron en las generales, donde la suma de PSOE, UP y Cha-Más País se dejaba en noviembre apenas 200 votos (312.188 por 312.404) en relación con los segundos comicios de 2016. Eran, en ambos casos, prácticamente 30.000 menos que los 341.701 de abril del año pasado, una convocatoria en la que no comparecieron ni los nacionalistas (22.989) ni tampoco Teruel Existe (19.696), dos formaciones que tampoco se habían presentado tres años antes y cuya aparición alteró notablemente la distribución de los apoyos.

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