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La derecha rehúye el debate político y se lanza al guerracivilismo en la investidura de Sánchez

Sánchez e Iglesias lanzan mensajes de concordia y progreso mientras las derechas dan alas al golpismo y legitiman las presiones y amenazas ante diputados del Congreso

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La votación del domingo en el que Congreso de los Diputados ha marchado según lo previsto: Pedro Sánchez ha tenido más síes que noes en una primera votación en la que era necesaria mayoría absoluta para poder ser investido. En segunda votación, dos días después, bastará con tener más apoyos, aunque solo sea uno más, que votos en contra. Si la combinación de votos afirmativos y abstenciones prosigue como está prevista, el martes Pedro Sánchez será investido Presidente del Gobierno de España.

Es de recibo hacer hincapié en el «si marcha según lo previsto», pues Pedro Sánchez ha recibido sólo un «sí» más que todos los «no», el margen más ajustado de la historia para una investidura y el ambiente más hosco y guerracivilista que se recuerda desde el retorno de la democracia en 1977. 166 votos a favor, 165 en contra y 18 abstenciones es tan ajustado que la derecha anda en busca de un traidor o un débil en las filas contrarias sensible a presiones de todo tipo. Como la guerra sucia desde los medios, amenazas e insultos a Guitarte, diputado de Teruel Existe, –que ha demostrado que a la ultraderecha no le interesa la «España vaciada» más que para incorporarla poéticamente a sus discursos– . Se intentarán cambios de voto como los que ha habido ya del diputado del partido de Revilla o la diputada de Coalición Canaria que ha roto la disciplina de su partido votando en contra de lo acordado por sus órganos de dirección, aunque en este caso no habrán hecho falta muchas presiones, dadas las tendencias clasistas de su señoría.

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Una derecha en el monte

El escenario se completaba con las turbas rojigualdas apostadas frente al Congreso profiriendo insultos como «rojos» o «traidores». Casado ha utilizado las palabras más gruesas y ha pintado el escenario más apocalíptico, desconociendo los resultados de las urnas y cuestionando la legitimidad de decenas de diputados, caso de Bildu o independentistas catalanes. La derecha ha elevado tanto la tensión y ha hecho uso de tal manipulación para presentar el gobierno de coalición como la antesala del Infierno, que la ultraderecha, para diferenciarse, sólo puede hacer uso de bulos y conspiranoias delirantes nacidas en internet y argumentos de meme facha difundido por WhatsApp. Ciudadanos no parece haber realizado ninguna reflexión acerca de su hundimiento y se muestra pertinaz en ser más ultra que los ultras. Arrimadas directamente llamaba al transfuguismo en las filas del PSOE, invitando a un nuevo Tamayazo. Pero Vox nunca se queda atrás, y después de que Abascal afirmara que ETA apoya el gobierno de PSOE y Podemos, su eurodiputado Herman Tertsch ha llamado al golpe de estado militar. Bildu lleva unos cuantos años en el Congreso, pero fue ayer cuando la derecha decidió que aquello era intolerable y que había barra libre para insultar, gritar y no dejar hablar a la diputada abertzale. El hijo no muy listo de Adolfo Suárez, en la Mesa del Congreso, también decidió hacer su aportación a la comedia y dar la espalda a la diputada.

Apenas hubo menciones de las derechas a los puntos del programa de gobierno acordado por PSOE y Unidos Podemos. Todo ha sido una opereta nacionalista de exaltación de España con lenguaje cuartelero en la que la derecha desvió todo el debate al presunto riesgo de la unidad de España y evitó, como al diablo, el debate económico y social. Es lógico dado que en este debate sobre trabajo, pensiones, fiscalidad y derechos sociales es en el que pierden una y otra vez desde 2011. PP, Ciudadanos y Vox apuestan todo a las banderas y a romper la convivencia, exactamente igual que Junts per Cataluña, la ex CiU, que también ha votado en contra de Sánchez. Las derechas nacionalistas españolas y periféricas han unido sus votos (más la CUP) para evitar el nacimiento del gobierno de coalición.

Los aliados del Gobierno

El gobierno que nacería de ser Sánchez investido tendría por primera vez ministros a la izquierda del PSOE, incluidos ministros del PCE (Alberto Garzón). Y aun con todo, el programa de gobierno no pasa de ser un moderado programa socialdemócrata. Así lo ha entendido el PNV, partido democristiano y de la oligarquía vasca, que pese a no estar de acuerdo en todo el programa de gobierno, ha entendido que el momento histórico es tan peligroso que lo moderado y lo demócrata en este momento es apoyar a las izquierdas con su moderado programa. Para los tiempos que corren, una tímida socialdemocracia parece lo más revolucionario a lo que se puede aspirar en la coyuntura internacional actual. También ERC hace equilibrios entre su proyecto independentista y la responsabilidad de no permitir el ascenso del fascismo de Vox al poder. Al final, la deriva delirante y golpista de las derechas ha hecho que adversarios de distintas ideologías se unan como se unieron en defensa de la II República hace 84 años.

Frente al Gobierno que surja se emplearán todos los métodos, legales y paralegales. Ya lo vimos por ejemplo en el Ayuntamiento de Zaragoza, con las complicidades entre la derecha, sus medios de comunicación, sus organizaciones patronales y sus jueces para bloquear las políticas del gobierno municipal con decisiones arbitrarias e interpretaciones torticeras de ley. Hará bien el gobierno que salga del próximo martes en prepararse para todo, y cuando se dice todo, es todo. O  demuestran que la política sirve para mejorar las vidas de la gente normal o el desencanto traerá marchas militares.

El «efecto Albert Rivera»

Puede que Casado no quiera ilegalizar partidos, como sí promete Vox, pero la exageración y alarmismo que está empleando el PP ya sólo le diferencia de Abascal en matices, en que Vox sólo da un pasito más del lugar en el que se queda el PP, un pasito que parece hasta lógico si se dan por buenos los argumentos previos. Porque, si fuera cierto que el PSOE comete traición a España, lo consecuente sería la rebelión, luego Vox sería coherente con sus palabras y el PP se quedaría a medias. Casado colabora así en instalar un ambiente golpista y, además, en crear la sensación real de que una victoria de Casado supondría que la ultraderecha entrara en el Gobierno aplicando su programa, como ya lo está aplicando allí donde gobiernan a apoyan a PP y Ciudadanos.

El problema está en la derecha que se presuponía democrática: si no dejan de enloquecer a sus seguidores con sus soflamas apocalípticas será imposible que se pueda convivir en este país. Y lo peor es que están llevando de la mano a sus votantes hasta la puerta de Vox, como ya le pasó a Albert Rivera, quedando Ciudadanos reducido a la mínima expresión y el partido ultraderechista creciendo de forma vertiginosa.

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