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La década prodigiosa de la precariedad: el negocio se dispara con menos empleo y peores sueldos

La comunidad sigue sin alcanzar los registros de ocupación y los niveles salariales de los inicios de la crisis mientras las ganancias de las empresas se sitúan en niveles de récord

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La precarización, con bajos sueldos y empleos inestables, está achicharrando el mercado laboral aragonés.

La década transcurrida tras la crisis económica de finales de 2008 ha achicharrado el mercado laboral aragonés al mismo tiempo que el volumen de negocio de la comunidad se disparaba. Achicharrar: quemar en exceso, calentar demasiado. Aragón ha vivido, y vive, o sufre, la década prodigiosa de la precarización.

El cruce de los datos estadísticos de ese periodo pone de manifiesto cómo las relaciones laborales se han ido deteriorando al mismo tiempo que el rendimiento de la actividad económica se iba disparando.

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En esos diez años, el PIB de la comunidad ha pasado de 35.615 millones de euros en 2008 a 36.054 en 2017 con una previsión de crecimiento del 3,1% para este año que lo situará en 37.171.

Otra cosa es cómo se ha repartido la riqueza creada en esos diez años, ya que, por una parte, en Aragón trabajan al cierre del tercer trimestre de este año 52.300 personas menos de las que lo hacían al comenzar el otoño de 2008: 580.100 frente a 632.400, según la Encuesta de Población Activa. Sigue sin recuperarse más de un tercio del empleo perdido durante la crisis, 52.300 puestos de trabajo de 131.500.

Los salarios siguen por debajo de 2008

El grueso del empleo creado en esa década ha sido de jornada completa (82.200), incluidos los 700 autónomos y 14.700 empleados públicos que se han ocupado durante el periodo, mientras las jornadas parciales registraban un ligero descenso de 3.000 (de 84.300 a 80.300).

Esa reducción de las jornadas parciales desde 2014 incluye, no obstante, un inquietante dato: cae entre los hombres (de 18.400 a 15.600 en cuatro años) mientras aumenta entre las mujeres, que han pasado de 59.900 a 64.700. Ellos dejan un 15,3% mientras ellas cogen un 8%.

Esas tendencias, que a priori deberían apuntar a una mejora de las condiciones de trabajo, no ha impedido, sin embargo, que los sueldos sigan siendo peores que al comienzo de la crisis. Según el Instituto Aragonés de Estadística (Iaest), el salario medio era de 19.461 euros brutos anuales al cierre de 2017 (últimos datos disponibles) frente a los 19.850 que se registraban a finales de 2008, con una recuperación de menos de 600 desde el inicio a principios de 2014 de los ‘brotes verdes’, que han resultado ser, como ha ocurrido en el conjunto del Estado, una mejora de las variables macroeconómicas cuyos efectos redistributivos se han gripado.

Y no será porque las ganancias de las empresas no hayan aumentado. Según la Contabilidad Regional de España, el excedente bruto de explotación, que marca los ingresos empresariales una vez descontados los salarios, la adquisición de materias primas y los costes de elaboración y distribución como energía y transporte, han aumentado en más de 1.500 millones de euros desde el inicio de los ‘brotes verdes’, al pasar de los 15.024 del cierre de 2013 a los 16.650 de 2017.

Han crecido un 10,8%. Menos que la remuneración de los asalariados, que en ese periodo pasó de 14.742 a 16.288, aunque esa mejora del 10,5% se diluye prácticamente con el aumento de la ocupación del 9,69%, lo que avala la ‘foto’ de congelación salarial.

Uno de cada cuatro trabajadores sobrevive en el precariado

Otro de los motivos para que se estén dando esas tendencias aparentemente contradictorias se encuentra en los elevados niveles de precariedad laboral que presenta el mercado laboral en la comunidad, donde, a pesar de que este dato presenta un ligero movimiento bajista, alrededor de la cuarta parte de los trabajadores carecen de estabilidad laboral.

Así lo refleja el cruce de los ocupados que registra la EPA con el de los afiliados a la Seguridad Social; es decir, entre los que han trabajado en los últimos meses y los que estaban contratados al acabar cada periodo, parte de los cuales forman también parte del precariado.

Las diferencias, de 150.933 personas en 2014 (526.500 ocupados por 375.567 afiliados), de 143.176 al acabar 2017 (565.700 por 422.524) y de 141.886 al terminar el tercer trimestre de este año (580.100 por 438.214), guardan relación con los procesos de troceo del empleo, cada vez más frecuentes en el mercado laboral aragonés.

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