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La «chapuza» que se han podido encontrar los españoles en cuarentena en el Gómez Ulla

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Los españoles que se encontraban por diferentes motivos en Wuhan no parece que hayan tenido la mayor de las suertes. A la desgracia de encontrarse precisamente en el epicentro de la epidemia/pandemia cuando el coronavirus consiguió trascender de animales a personas, parece ser que desde un murciélago de forma directa o indirecta –aunque todas las pruebas hasta el momento resultaron negativas–, puede unirse la de tener que permanecer durante la cuarentena en el Hospital Militar Gómez Ulla.

A tenor de las informaciones existentes sobre el Hospital Militar Gómez Ulla –en el que yo mismo estuve ingresado durante semanas–, su mala fortuna no quedó atrás en China, sino que les acompaña también en España.

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Contratos a «dedo»

Este hospital, estandarte de la sanidad militar –aunque atiende a pacientes civiles y cuenta con personal civil–, comenzó mal su andadura para convertirse en un hospital de referencia en cuanto  a «grandes infectados». Ello se debió a que Pedro Morenés gastó 7,5 millones de euros en la planta 22, la dedicada a los grandes infectados, y 1,6 millones de euros más en material sanitario cuando la adaptación del Hospital Carlos III costó 1,2 millones de euros. Además, los contratos se adjudicaron a «dedo» –restringido y negocio sin publicidad por emergencia–. Por si fuera poco, en enero de 2015 el Consejo Interterritorial de Salud señaló como centros de referencia para grandes infectados siete hospitales en Sevilla, Zaragoza, Tenerife, Barcelona, Valencia, Madrid y Donostia. No estaba el Hospital Militar Gómez Ulla entre ellos.

Fue hace casi algo más de un lustro –octubre de 2014–, cuando se pensaba que el Ébola tendría mucha más repercusión de la que posteriormente tuvo –sirvió en esencia para beneficio de farmacéuticas y empresas sanitarias–. Poco uso ha tenido la planta 22 del Gómez Ulla desde entonces –y eso que cuando se creó no llegó a acoger a ningún enfermo de Ébola–.

Denuncia de «chapuzas» en 2016

Todo esto podría ser anecdótico si no fuera porque en verano de 2016 se denunciaron diferentes fallos en un artículo en la revista Interviú titulado «Chapuzas en el Hospital Gómez Ulla». En dicho artículo se relataban fallos en protocolos de seguridad y formación, carencias en mantas o medicinas, problemas en el sistema informático que controla la domótica o la inutilización del laboratorio

Nuevas denuncias esta misma semana

Con todo, podríamos pensar que aquello no se está repitiendo en la actualidad si no fuera porque el día antes de recibir a los españoles repatriados de China, el jueves 30 de enero, el sindicato Comisiones Obreras denunció «descontrol, desinformación, improvisación y confusión» en el Hospital Gómez Ulla.

Como anécdota, comentar finalmente que el hospital también ha sido noticia en los últimos años de un escandaloso caso de corrupción que provocó la condena el pasado verano ­–de 2019– de tres mandos militares y un empresario.

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