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La brutal desinformación en el caso de la granada en un centro de menores

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El pasado jueves 5 de diciembre de 2019 una granada fue lanzada a un centro de menores en Hortaleza, el barrio en el que vive el líder ultraderechista de Vox, Santiago Abascal. Este gravísimo episodio solo fue la culminación de una serie de ataques y acosos que llevan años sufriendo los centros de menores, acrecentados desde que fueran situados en la diana por la ultraderecha. Sin embargo, en este caso quisiera centrar el foco en lo que aconteció en los días siguientes, pues se trata de uno de los episodios más vergonzosos de nuestra historia a nivel periodístico, aunque por desgracia no pueda ser calificado de insólito, sino más bien como revelador.

El origen del atentado: un magrebí, bandas latinas y hasta la extrema derecha

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El tratamiento de este episodio demuestra el nivel actual de los medios de comunicación españoles. Para empezar, La Sexta informó, aunque luego modificó dicha información, que «un hombre magrebí que ha saltado la valla del centro de menas de Hortaleza, en Madrid, ha lanzado una granada de entrenamiento cuando era expulsado por un vigilante de seguridad». Información que posteriormente modificó con un «la identidad de la persona no ha podido ser confirmada por parte de las autoridades».

Que una televisión como La Sexta difunda sin contrastar una información semejante en un caso de tamaña gravedad resulta alarmante y esclarecedor: su contribución a la desinformación fue determinante. Desde que se emitió esa información, al menos la mitad de España, no solo no creerá que se trata de un ataque de la extrema derecha, sino que estarán convencidos que el asunto se trata de una farsa, un ajuste de cuentas o incluso un ‘autoatentado’. Y lo que es peor, si este lanzamiento de granada no tiene origen en la extrema derecha, ¿quién asegura que los otros ataques a los que se refieren desde el centro de menores no forman parte ‘también’ de un perverso plan de demonizar a la extrema derecha? Alarma, igualmente, que en La Sexta se califique al centro de menores como «menas», término con el que se pretende deshumanizar a los menores migrantes desde posiciones del tipo ‘ABC’.

En El País, no sin sorpresa, se pudo leer más de lo mismo, ya que se afirmó que el atentado pudiera haber tenido su origen en bandas latinas: «Los investigadores sospechan que su fin era amedrentar y mantienen abiertas todas las hipótesis sobre la autoría: desde grupos de extrema derecha, que se han movilizado contra el centro en el que residen españoles y extranjeros, a bandas latinas».

Hay que recordar, como explica maldita.es, que tanto Telemadrid como el inspector de Policía de la unión Federal de la Policía (UFP), José María Benito, informaron que una persona llamó al centro y afirmó que el ataque era «el comienzo de una nueva España» o «esto es España». Que para el caso es lo mismo porque enmarca el ataque en la esfera de la extrema derecha, origen que no ofrece dudas ni siquiera para Isabel Díaz Ayuso, que llegó a discutir con Rocío Monasterio al respecto.

El origen de la granada

En el caso de Maldita sorprende que olviden la cuestión del origen de la granada, puesto que La Ser informó que, según expertos militares: «El explosivo es una granada de formación que se dejó de usar en las Fuerzas Armadas españolas hace ya mucho tiempo… Expertos militares a los que ha consultado la Cadena SER señalan que se trata del modelo EXPAL-PO3 u otra idéntica fabricada por la otra empresa española denominada ORAMIL». A lo que respondió El Español que la granada era un modelo-réplica RG-32 de fabricación soviética que se dejó de fabricar en los años ochenta. La contribución de La Ser no ha sido menos determinante que la de La Sexta en convertir este grave ataque en un galimatías del que todavía obtendrán rédito los atacantes.

Conclusión: total falta de responsabilidad periodística

Hemos visto, y no es la primera vez, que tanto La Sexta como La Ser han lanzado información manifiestamente errónea, es de suponer que sin mala intención, lo que ha generado un considerable caos informativo. Queda claro, igualmente, la falta de responsabilidad de El País al atribuir un posible origen del ataque a bandas latinas. En otros países, más responsables y avanzados que el nuestro, no se realizan especulaciones similares con grupos que puedan convertirse en objeto de odio. Incluso, llegado el caso, aun comprobados los hechos, se oculta el origen del delincuente o los delincuentes porque se entiende que en el caso de informar que un migrante, un latino, un gitano o un refugiado ha cometido este o aquel delito lo que se hace es criminalizar a toda una comunidad.

Esta irresponsabilidad no es nueva y no queda circunscrita al ámbito periodístico. El PSOE pudo evitar que Vox entrara en el Parlamento de Andalucía ofreciendo al PP y a Ciudadanos los parlamentarios que consiguió Vox, pero un gobierno formado por PP-Cs-Vox era demasiado goloso a nivel político como para dejarlo pasar. Lo del cordón sanitario y todo eso, para otro momento. De la misma manera, alguien tendrá que explicar cómo puede ser posible que Vox haya entrado en la Mesa del Congreso porque el PSOE no quiso dar una vicepresidencia al PP a cambio de cerrar la puerta a Vox. De nuevo, Vox en las instituciones por los cálculos políticos del PSOE.

Y, por supuesto, los medios de comunicación pudieron evitar que Vox estuviera día sí y día también en los platós. De hecho, la agenda política la marca en la mayoría de los la extrema derecha. Todos los medios saben, porque estúpidos no son, que le están haciendo el juego a Vox. Unos, como La Sexta o Cuatro, juegan a ‘desmontarlos’, y otros, como Telecinco, juegan a legitimarlos. Nada puede aupar más a la extrema derecha que el látigo de medios considerados de izquierdas y la legitimación de medios conservadores y ultras. Todo por la audiencia.

Lo que le corresponde a la ultraderecha, lo que le corresponde a Vox, es el silencio mediático. El formato telegrama. En ningún caso, convertir en escándalo nacional sus disparates políticos, como empoderar a las mujeres con la costura. Si ese espacio mediático hubiera sido dedicado al cabo Marco Antonio Santos Soto, expulsado de las Fuerzas Armadas españolas tras la cacería organizada contra él por firmar un manifiesto contra Franco, hoy tendríamos un militar demócrata más en las Fuerzas Armadas y una extrema derecha menos poderosa

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