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Hilla Von Rebay: la gran responsable de que Nueva York tenga el Museo Guggenheim

La mujer que puso de moda el arte moderno en Nueva York y fue la primera directora del museo de pinturas «no objetivas» que se convirtió en el Museo Guggenheim

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Hilla Von Rebay fue una pintora abstracta, cofundadora y primera directora del Museo Solomon R. Guggenheim. Formó parte de una corriente inspirada en Rudolf Bauer y participó en la vanguardia del grupo «Der Sturm» de Berlín (una revista literaria y artística alemana que cubría el expresionismo, el cubismo, el dadaísmo y el surrealismo, entre otros). Ella decía que «La gente debe ser educada para apreciar el gran arte», y creía que la educación era una función clave de un museo mucho antes de que los museos fueran vistos como instituciones educativas importantes.

Nació en Alemania, dentro de una familia aristócrata (de hecho, su nombre de nacimiento, como baronesa, era Hildegard Anna Augusta Elisabeth Rebay von Ehrenwiesen). Estudió arte en su país y luego en París. Cuando llegó a Berlín en 1913, se familiarizó con el arte no figurativo y se entusiasmó. Su pasión era el collage, que había conocido a través de Hans Arp. Hilla logró perfeccionar el arte de los collages destacando por su delicadeza y sensibilidad.

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Un año después, en 1914, Hilla se mudó a Berlín y entró en contacto con el mundo del arte berlinés. Artistas como Chagall, Delaunay, Kandinsky, Klee y muchos otros influyeron en ella y en su trabajo. Allí conoció al pintor Rudolf Bauer, con quien comenzaría una relación que sería algo más que romántica, ya que fueron la pintura de Bauer y la de Kandinsky las que más influencia tuvieron en su propio arte. Para muchos, Wassily Kandinsky fue la mayor fuerza detrás del nacimiento del arte no objetivo, es decir, pinturas sin objetos reconocibles.

Pero Hilla von Rebay no sólo comenzó a convertirse en una artista destacada, aunque a ella no le convencieran sus cuadros, sino que fue un potente motor de unión y promoción para los artistas abstractos, a los que todavía no se entendía ni admiraba en aquella época.

En 1927, tras su ruptura con Bauer y una larga estancia en Italia, Hilla se fue a Nueva York, donde revolucionó el mundo del arte. A través de su amistad con Solomon R. Guggenheim, creó un nuevo hogar para estos pintores, aconsejando al millonario norteamericano, el cual se hizo con una gran colección de Chagall, Klee, Mondrian, Picasso y muchos más. Ella misma también se convirtió en una coleccionista. Cuando llegó a los Estados Unidos en 1927, con el objetivo de establecer una galería pública para el arte abstracto, Hilla llevó consigo algo del trabajo de Bauer. Sus cuadros estaban colgados en las paredes de su estudio cuando Guggenheim se sentó para un retrato. Este fue el punto de partida de una relación personal y profesional de por vida. En 1930, viajaron junto con la esposa de Guggenheim, Irene, a Europa. Entre otros artistas, conocieron a Kandinsky mientras enseñaba en el Dessau Bauhaus, y Guggenheim compró la Composición 8 (Komposition 8, 1923), la primera de las más de 150 obras del artista que llegarían al Museo Guggenheim a lo largo de los años. La suite de Guggenheim, en el Hotel Plaza de Nueva York, no tardó en estar decorada con una creciente colección de obras. La suite fue abierta al público, con cita previa, a principios de 1931.

En 1939, en un edificio de la calle 54, en el lado Este de Manhattan, abrió sus puertas el Museo de Pintura No-Objetiva. Hilla se convirtió en su primera directora. Y fue ella quien trabajó junto al arquitecto Frank Lloyd Wright en un edificio que fuera como un «templo-museo», el famoso caracol, para cuando se trasladaran con el museo al Upper West, en la Quinta avenida con la calle 89, donde se encuentra hoy. El Museo Guggenheim todavía se considera una obra maestra de la arquitectura.

Pero Hilla Von Rebay no alcanzó a pisar el edificio terminado. Tras la muerte de Solomon Guggenheim, la familia del millonario tuvo diferencias de opinión con ella y en 1952 renunció a su puesto en el museo. En la inauguración de 1959, Guggenheim y Wright estaban muertos y Hilla ni siquiera había sido invitada a la inauguración. Murió en 1967 y fue enterrada en Alemania.

Su colección, con obras de Bauer, Alexander Calder, Albert Gleizes, Kandinsky, Klee, Piet Mondrian y Kurt Schwitters, fue donada al museo y se unió a la colección permanente. Varias exposiciones en los últimos años han reivindicado su aporte al coleccionismo y al arte internacional.

 

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