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¡Gracias, compas!

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Cuando un 13 de junio de 2015 celebrábamos, con lágrimas en los ojos, al menos en mi caso, la elección de Pedro Santisteve como nuevo alcalde de Zaragoza, aunque intuíamos la dificultad de afrontar una situación inédita, se hacía difícil imaginar el calvario al que iba a ser sometido el equipo de gobierno de Zaragoza en Común durante toda la legislatura.  Son muchas las ocasiones en las que me he compadecido de la gente que había tenido la osadía de dar un paso al frente sintiendo que era el momento de hacerlo.  Paradójicamente, la gente limpia, honesta, volcada en gobernar para la mayoría social, recibía el peor trato que se puede recordar.  No porque no hubiera habido casos de maltrato flagrante, del que pueden dar fe la mayoría de concejales de IU que han pasado por la casa consistorial, sino porque en esta ocasión era directamente proporcional al peligro que el poder adquirido suponía para los poderes fácticos.

Porque, desde luego, ahí ha estado el quid de la cuestión.  Era de esperar el maltrato de la mayoría de los medios de formación social, con Heraldo a la cabeza, pues no en vano no son sino parte del entramado empresarial de esos poderes fácticos antes mencionados.  Además en un contexto, en Aragón, en el que la pluralidad de los medios se ve cada vez más amenazada por una situación de monopolio que lleva a que la gran mayoría de los mismos estén controlados por el grupo Heraldo, hasta el alarmante caso de que los informativos de la radio y televisión públicas sean elaborados  por dicho grupo.  Los medios no han dado tregua al equipo de gobierno, no han dudado en mentir (¡como si las fake fueran una novedad!  Lo que les inquieta a los medios tradicionales es perder el monopolio de la mentira) para favorecer sus propios intereses.

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Sin embargo, algo más sorprendente ha resultado que, después de haber votado a Santisteve como alcalde, PSOE y CHA emplearan buena parte de sus esfuerzos –todos en el caso del PSOE- en defender, también, los intereses de esos poderes fácticos.  Claro que sabemos que el PSOE, cuando ha de caerse de un lado de la tapia, tiene siempre la querencia de hacerlo del mismo, pero dadas las dependencias mutuas en las diferentes instituciones de Aragón, la inquina, la desvergüenza del PSOE zaragozano resultaban sorprendentes. Sobre todo cuando Sánchez, en el resto del país, intentaba, contra inercias muy asentadas, hacer mirar al PSOE a la izquierda.  Mientras la izquierda daba estabilidad al PSOE (y CHA) en el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Huesca, PSOE (y CHA) desarrollaban una política de desestabilización servilista con los poderosos de la ciudad de Zaragoza en alianza con una derecha ultramontana.

Ello ha llevado al equipo de gobierno a sufrir varapalos constantes, críticas desmesuradas, sin fundamento en muchas ocasiones, que me hacían pensar en los malos momentos, personales y políticos, por los que podía pasar mucha de la gente que allí estaba.  Me hacía recordar lo mal que lo pasaba yo cuando era Secretario General del PCA y sufría ese tipo de trato (de manera mucho más ocasional) en los medios.  Aprendí en propia carne que la mentira es un instrumento periodístico-político de primer nivel.  Recuerdo un caso sangrante, cuando una periodista de Heraldo, Genoveva Crespo, colocó en mi boca unas declaraciones que eran exactamente las contrarias de las que yo había hecho, y empleó toda su columna en vapulearme.  Aunque le llamé para pedir una rectificación, no obtuve siquiera una disculpa.  Evidentemente, no había de qué disculparse, no se trataba de un error.  Esos son los niveles éticos en los que se mueve una parte importante de nuestros medios.

Mientras otros, así lo declaran sin sonrojo, acuden a la política a enriquecerse o a hacer de ella una profesión, nuestra gente acudió por convicción social y democrática, y por esa misma convicción ha aguantado lo indecible.  Y por eso quiero darles las gracias.  A Arantza, Pedro, Fernando, Elena,  Alberto, Pablo(s), Luisa, Teresa, sin olvidar a Adriana, quien sufrirá menos, pero podrá sentir todavía el olor a azufre.  Gracias de corazón, por vuestros aciertos, vuestro empeño, vuestra dedicación, que minimizan los errores que, como es lógico, también hemos cometido.

Solo hay un error imperdonable.  El que nos llevara a no reeditar este esfuerzo colectivo, este impulso de ilusión que nos aupó a gobernar Zaragoza, cosa que es importante, sí, pero sobre todo a darnos cuenta de que, diferentes como somos, podemos (podemos) construir cosas en común.  Esa es la seña de identidad de nuestra política.  No debemos olvidarlo. Salud, república y común.

 

*Profesor de Filosofía.  Universidad de Zaragoza

1 Comentario

  1. Hola
    Lamento haber leído en tu último artículo tus frases sobre/contra Genoveva Crespo.
    Es tu palabra contra la tuya.

    Me parece que no sabes todo lo que Genoveva Crespo hizo por el PCE. También su marido el alquitecto Manuel Pérez Corzán.

    Genoveva hizo durante años más por el Partido que tú en todo el tiempo de tu militancia en él, secretariado incluido.

    Pieenso si te enteraste de verdad de quién era quién en el Aragón de entonces… y quién es quién en el de ahora.

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