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Fiestas del Pilar y la necesidad de construir un ocio digno

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Octubre ha llegado y con él, como cada año, las fiestas del Pilar, uno de los eventos más importantes de Zaragoza. La capital aragonesa se llena de eventos culturales y se convierte en un espacio de socialización a todos los niveles entre las jóvenes de la ciudad. Al menos eso es lo que nos gustaría decir, pero la realidad dista mucho de esa idea idílica y que a su vez debe ser un objetivo de cara al futuro.

Las fiestas del Pilar son una demostración más del modelo de ocio que se ofrece a la juventud, sometido a la lógica capitalista y basado en espacios masificados en los que la socialización y la interacción con otras personas pasa a un segundo o tercer plano, pues el objetivo es hacer un consumo excesivo de alcohol y aguantar despierto el máximo lapso de noche posible. No en vano el espacio Zity, punto principal de la fiesta durante los Pilares, es organizado por dos empresas privadas: Eventos MPH y Sold Out. Por otra parte, todos estos espacios están soportados por el trabajo de cientos de trabajadores, especialmente por los profesionales de la hostelería los que en gran medida alargarán sus jornadas más de lo establecido en sus respectivos contratos.

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La situación de este año es especialmente sangrante tras la llegada al ayuntamiento del PP, C’s y VOX. Si la oferta y variedad cultural ya era limitada, este año ha sido fuertemente golpeada. El gobierno de la ciudad ha realizado un recorte del 15% de los actos y programación, cortando de raíz la tendencia de la distribución de la oferta cultural por todos los barrios de la ciudad. Al mismo tiempo que se sigue celebrando la barbarie taurina en la Plaza de la Misericordia, desaparecen escenarios de conciertos gratuitos al aire libre como el de la Plaza San Bruno y se multiplican las medidas de seguridad —o represión.

Además, el comienzo de estas fiestas ha estado marcado por la polémica campaña del gobierno PP-C’s sobre las agresiones machistas con un contenido complaciente para sus socios de VOX, con los que comparten la denuncia de la «ideología de género y el feminismo del 8M». La campaña en cuestión banalizaba las situaciones de acoso con las que las mujeres se encuentran en los ambientes festivos bajo el lema «no es igual acariciar que manosear», propio de aquellos que no quieren entender que solo sí es sí. La respuesta del movimiento feminista de la ciudad se pudo ver con la imponente marcha nocturna del pasado 4 de octubre.

Por otro lado, distintos cargos públicos asistirán a eventos religiosos en representación del ayuntamiento ejemplificando la ligazón que existe entre la iglesia católica y las instituciones y partidos del régimen del 78. Y es que algunos de los actos más importantes las fiestas del Pilar cuentan con una gran carga ideológica basada en los ideales de la hispanidad y el catolicismo propios de las décadas más oscuras de la historia española.

Frente a esta concepción de las fiestas como un formato lleno de eventos masificados de consumo, abocados a la generación de residuos y soportados por trabajadores en muchas ocasiones en situación de precariedad es necesario construir modelos de ocio digno y saludable para la sociedad, especialmente la juventud trabajadora. Unas fiestas con una oferta lúdica y cultural para que disfruten desde los más pequeños hasta los mayores de nuestra ciudad. Unos eventos accesibles para todos y todas, gratuitos y repartidos por todos los barrios de la ciudad en los que las vecinas podamos tejer lazos alejadas de actos alienadores y libres de todo tipo de violencia.

 

*Sara Ballesteros, Juventud Comunista en Aragón.

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