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Excavadores de tesoros

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Ocurre muchas veces en la vida. Se anuncia a bombo y platillo lo grande, lo vistoso, lo que viene precedido de un montón de críticas con nombre escrito en letras de oro. Lo pequeño, lo sencillo, suele pasar desapercibido.

Este final de verano descubrí una serie pequeña, modesta, en una plataforma que recomiendo: Filmin. Se llama Heavies tendres (Heavies tiernos), y es, básicamente, una historia de amistad y de crecimiento en la Barcelona de principios de los 90. En concreto, 1991 y 1992, una Barcelona preolímpica que iba a experimentar un cambio sin retorno.

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Que no os eche hacia atrás que sea una serie DE DIBUJOS. Es una serie para adultos que fueron adolescentes, y para adolescentes que un día serán adultos.

La serie recrea la adolescencia del dibujante Juanjo Sáez. Emitida anteriormente en TV3 la serie retrocede en el tiempo hasta esa Barcelona que hoy ya queda en el pasado. Con humor, sentimentalismo moderado, y mucha música, se nos cuenta la historia de Juanjo, un chico de 15 años procedente de una familia de clase media, que vive en La Sagrera. Repite curso y en clase conoce a Miquel, que tiene a su padre en la cárcel y una madre que bordea el alcoholismo. Son personajes complementarios, que se necesitan. A través del nexo de unión del heavy (el heavy es amor), los dos descubrirán la fuerza para ser libres, y para encontrar su identidad. Para Juanjo sabiendo quién es más allá de su familia, para Miquel valorándola y resituándose. Porque la adolescencia al final va de eso, de encontrar tu identidad (cosa que se alarga muchos años). Y todo ello, sin dosis de moralina y sin demasiada nostalgia, solo a través de los recuerdos y la honestidad. No deja que el drama se apodere de su mensaje positivo: juntos somos más fuertes. Y esto es algo que se agradece porque el discurso de muchas series que recrean la adolescencia suele estar o cargado de nostalgia y demasiado sentimentalismo o tiende a adoctrinar.

Creo que cualquier adolescente, y cualquier adulto que lo fue, se sentirá identificado. Aunque no escuches Sepultura ni Metallica. La música siempre ha sido refugio, al igual que la literatura. Quizás lo que ha cambiado, (bueno, sin duda), es la forma de acceder. Actualmente el acceso a la información (o desinformación), qué duda cabe, es instantáneo, lo que por otra parte elimina buena parte del misterio, que en mis tiempos era un componente casi litúrgico y sagrado. Innegablemente es algo que las jóvenes generaciones de ahora no van conocer, aunque tampoco me arriesgaría a decir categóricamente si se pierden algo o no. En cualquier caso no se trataba de una información reservada o clasificada como secreto de estado. Estaba ahí para quien quisiera buscarla y encontrarla. En aquellos tiempos éramos menos. Menos oferta, menos gente, y había todavía mucho por hacer y descubrir. Yo recuerdo hacer casi arqueología musical con Radio 3. Fue la época en que descubrí que existían emisoras que emitían OTRA música y revistas que entrevistaban a OTROS grupos. Me hice fan con mayúsculas de programas como De cuatro a tres, Diario Pop, Siglo 21, El Ambigú, Bulevar, Bienvenidos al Paraíso, El séptimo vicio, El selector, Los conciertos de Radio3, o Peligrosamente juntos. Apuntabas los nombres de los grupos, grababas, distribuías y quedabas con tus amigos para escucharlo. Y los sábados ibas a los bares y te emocionabas al reconocer la música. Y si no conocías el grupo que sonaba te acercabas a preguntarle al camarero. Nuestra Siri de entonces eran los camareros y pinchadiscos de los bares. La música se consumía de otra manera, también, y disponía de otro significado. Por eso parecía que solo iba con los oyentes curiosos e inquietos. Entonces no triunfaba lo de “a mí es que me gusta todo tipo de música”. Los grupos tenían sus seguidores como actualmente los clubes de futbol sus aficionados. Puede que las fronteras de los estilos estuvieran diluidas, pero eso no significaba que no se cultivara una separación de valores. Después, la progresiva división y subdivisión de la música en múltiples estilos y subestilos, mercados y más mercados, tendencias y corrientes, ha hecho que todo confluya en un estado natural de cosas en nombre de la especialización. Seguramente, pese a que algunos se empeñen en creer lo contrario, nunca se ha escuchado y hecho tanta música de esas características como ahora. Vamos, que es mentira eso de “ahora todo suena igual”.

Pero me he ido por las ramas, y lo que quería decir también es que la serie es además un homenaje precioso a la Barcelona anterior a la gentrificación, el cartón piedra y el turismo de masas, cuando no teníamos encima la crisis política y económica que vivimos ahora. A una forma de vida que ya no es. Como la arqueología musical. Decía Juanjo Sáez en una entrevista que lo bonito del heavy es que es de gente muy inocente, y estoy de acuerdo. Todo lo que te haga conectar con la fantasía, y con tu propia libertad, lo es, aunque nos quieran de todo menos inocentes e ilusionados.

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