Inicio Opinión Eutanasia: del reclamo a la realidad

Eutanasia: del reclamo a la realidad

0

Los cambios políticos han traído pactos que han desembocado en un acuerdo de gobernabilidad estatal que, de cumplirse, lograría grandes cuestiones que han sido defendidas durante años por la izquierda de este país. Desde la II República no había gobernado un ejecutivo tan progresista como el actual, pero esto debe demostrarse.

Ahora no era tiempo de querer pasar página pronto, de llegar a acuerdos por llegar o de resolver la incógnita de la gobernabilidad a cualquier precio. Unidas Podemos se arriesgó y es posible que contribuyera a la mayor de las vorágines políticas para lograr acuerdos institucionales. Después de la tormenta siempre vendrá la calma y esta llegó tras la repetición de unas elecciones. Combatir a la derecha era tan urgente que los lazos que nos podían unir con los socialistas no tardaron en cerrarse en forma de acuerdo. Ya teníamos ejemplos notables de errores de la izquierda que dieron el gobierno a la derecha, no olvidemos, por ejemplo, el trifachito zaragozano que a base de recortes ha logrado aprobar unos presupuestos apoyados en ideas de ultraderecha donde se olvida de las mujeres, del cambio climático o de las personas más desfavorecidas. Lo social y lo solidario no va con la derecha y ahora es tiempo para que la izquierda blindemos y volvamos a proteger con la misma fuerza que deberíamos haberlo hecho siempre las cuestiones más básicas: los derechos humanos, la dignidad de nuestros pueblos y ciudades, en definitiva: la necesidad de posicionar a las personas en el centro de la vida y quizá también, de la muerte.

Volvamos al plano estatal, a ese acuerdo de gobernabilidad, a la esperanza que queda para quienes hemos luchado por defender lo común y su permanencia. No vale con blanquear al PSOE con un abrazo fraterno, desde dentro hay que trabajar en impedir que aflore lo que no nos une y en matizarlo al mismo ritmo que forzamos para que nuestras vidas sean mejores. Y no, no nos engañemos, estas cuestiones no son puramente institucionales, estas cuestiones se las debemos a las calles, al grito unánime de quienes deben de ser veleta, faro y guía, a los movimientos sociales, a la ciudadanía. Cuando pensamos que la política al completo se basa en lo que ocurre entre los dirigentes políticos, es que no hemos comprendido nada. 

Mailrelay, email marketing

El 80% de la población española es partidaria de una legalización de la eutanasia, comprende la necesidad de tener una muerte digna, de apostar por un buen morir. Contradictoriamente pero imprescindible para proteger la vida es asumir la muerte, disponer del derecho a decidir cómo queremos alcanzar nuestro último día. Las instituciones y los acuerdos programáticos llegan tarde, y en este caso esperemos que lleguen. De cumplirse el acuerdo de Unidas Podemos y el PSOE se  lograría que se lleven a cabo políticas que “profundicen el reconocimiento de la dignidad de las personas como el derecho a una muerte digna, a la eutanasia, la salvaguarda de la diversidad y asegurar España como país de memoria y dignidad”. En 2011 en Aragón se aprobó la Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona en su proceso de muerte, una ley avanzada y de gran contenido humanitario pero con un enorme hueco: el derecho a la eutanasia. 

Lograr la libertad y conquistar los derechos individuales no buscan otra meta que avanzar en los derechos colectivos y en este país la sombra de la Iglesia y algunas batas blancas sobre los pacientes son más que alargadas. La imposición de quienes se consideran con una moralidad superior hace que nuestro país se quede a la cola del avance social. En 1918 ya se permitía el suicidio asistido en Suiza, lo cual supone que las personas enfermas en fase terminal podían recibir ayuda o consejos para alcanzar su deseo de fallecer, del mismo modo que ocurre en determinados estados norteamericanos. En países como Holanda, Bélgica, Canadá, Colombia. Luxemburgo, un estado australiano y varios de los EE UU ya contemplan la eutanasia desde la primera década de los años 2000. 

En los últimos años, el individualismo político y las ganas de querer protagonizar desde el partidismo el alcance de este logro social entremezclado con ideologías religiosas de determinadas organizaciones, no han permitido la aprobación de una ley tan necesaria. España tiene un reto, la política institucional española tiene una llamada urgente por parte de la sociedad. Es positivo leer los compromisos a los que se enfrenta el nuevo Ministro de Sanidad, Salvador Illa, donde habla de la regulación de la eutanasia y de la respuesta jurídica, sistemática, equilibrada y garantista a las demandas sostenidas de la sociedad actual en relación al final de la vida, lo cual conllevaría  poder impulsar la Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona ante el proceso final de su vida, así como la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, y su inclusión en la cartera común de servicios del Sistema Nacional de Salud. 

Está claro que quienes son representantes sociales deben trabajar para la aprobación y cumplimiento de leyes con reclamos prolongados en el tiempo como es el impulso y puesta en marcha de una Ley de regulación de la Eutanasia, y si realmente velan por nuestros derechos, demostrar que estamos ante un gobierno progresista y que trabajarán para que nuestra dignidad se vea respetada ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

*Diputada de Podemos en las Cortes de Aragón

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here