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Este cuento se acabó

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¡Qué enorme decepción que, tras cuatro años de gobierno de ZeC, la derecha más rancia, apoyada en la extrema derecha, se haya hecho con el ayuntamiento de Zaragoza! No es solo que ZeC no haya sido capaz, por múltiples razones, y a pesar de un gobierno sin ninguna duda cargado, cuando menos, de honestidad, de ganar, sino que la tarea de cuatro años vaya a ser aniquilada desde las posiciones más reaccionarias que cupiera esperar.

Hay que asumir que fuimos una excepción, una anomalía, fruto de un conjunto de circunstancias que iban mucho más allá de lo local.  Las lágrimas de alegría que muchos derramamos en la Plaza del Pilar hace cuatro años procedían, en buena parte, de la incredulidad de estar viviendo lo que estábamos viviendo.  Ni en nuestros sueños más húmedos hubiéramos pensado, pocos años antes, en la posibilidad de ganar unas elecciones.  Tras el sueño, la pesadilla.  Una pesadilla que no acaba nunca, como reza un libro de Laval y Dardot, una pesadilla que se llama realidad.  Bienvenidos al desierto de lo real.

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Sí, lo real.  Que tienes sus lógicas, que nosotros cortocircuitamos, más por condiciones ambientales que por méritos propios.  Hubiera hecho falta muchos méritos propios para repetir el envite, méritos que no solo no se han acreditado sino que, en los últimos momentos, los de la configuración de candidaturas, se han tornado en profundo demérito.  Hay dos lógicas de lo real que deberemos reconocer si queremos intentar hacerle frente con una cierta eficacia.

La primera de ellas es que vivimos un sistema, el capitalismo neoliberal, que cifra su dominio, tal como han subrayado numerosos teóricos, en la construcción de sujetos ajustados milimétricamente al sentido común producido por el sistema.  Jesús Ibáñez nos recordaba que el sujeto es el objeto mejor producido por el capitalismo.  Y lo decía nada menos que en los años 80 del siglo XX.  En 40 años el neoliberalismo ha perfeccionado sus estrategias y casi cada uno de nuestros gestos conduce a la reproducción del sistema.  Nuestro modo de pensar, actuar y sentir es neoliberal, por lo que pretender que sujetos construidos por el neoliberalismo apuesten, en situaciones de una cierta normalidad, por opciones que lo ponen en cuestión carece de sentido.  Solo desde la construcción de otro tipo de sujetos, que sustituyan la lógica de lo individual y la competitividad por la de lo común y la cooperación, estaremos en condiciones de alcanzar éxitos electorales.  No se ganan elecciones y luego se cambia a la gente, se cambia a la gente y luego se ganan elecciones.  La pregunta, claro, es cómo hacerlo.  También es mucha la gente empeñada en ayudar a encontrar la respuesta.

La segunda cuestión tiene mucho que  ver con la primera.  La política no se juega apenas en los espacios institucionales.  O, por mejor decir, estos son el eslabón final de procesos que se desarrollan en otros lugares.  La noche del viernes al sábado debió de ser muy intensa.  El amago de Vox de no apoyar a las otras derechas, la cobarde y la veleta, como ellos dicen (la verdad es que en eso han tenido gracia) y hacer saltar por los aires los trifachitos que iban a dar el poder al PP, hizo saltar las alarmas de los poderes fácticos, esos que viven de los contratos públicos en este país y que, durante cuatro años, han visto cómo su negocio se veía entorpecido por la honestidad de los ayuntamientos del cambio.  A buen seguro que los teléfonos de los dirigentes de Vox habrán echado humo, que los grandes poderes económicos se habrán esforzado para convencerles, a cambio de buenas razones, claro.  Con esto quiero decir que el poder económico es el que controla la política de este país.  Y hay que recordar que ese poder económico tiene en sus manos todos los medios de comunicación  –excepto los públicos (menos en Aragón, donde los públicos también están en sus manos, en este caso del grupo Henneo, el grupo de Heraldo)- y que desde ellos, se dedica a construir esos sujetos que el neoliberalismo precisa. Aunque sea mintiendo abiertamente, como hemos comprobado en los últimos tiempos con la historia de las mafias policiales dedicadas a producir falsas informaciones sobre Podemos.

Mientras sigamos actuando como si la política solo se dilucidara en el momento electoral, nuestra derrota está garantizada.  Si no somos capaces de entender y afrontar los múltiples perfiles de la política, solo haremos pequeña política.  La enorme decepción del presente nos debiera llevar a replantear muchas cosas, a repensar nuestros instrumentos y prácticas.  Desde luego que si lo único que se nos ocurre es atrincherarnos en lo que ya tenemos, el fracaso está garantizado.  Menos mal que, en septiembre, llega AR, Acción Rizoma.

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