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España en marcha

Es urgente recuperar España, como concepto y como proyecto

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Resulta sin duda una paradoja, tremendamente significativa, que el que puede ser uno de los mejores poemas sobre nuestro país, “España en marcha”, sea obra de un escritor vasco, combatiente republicano y militante comunista, Gabriel Celaya. Vasco, republicano, comunista son, por separado, y no digamos ya nada si las juntamos, condiciones que parecen no acabar de encajar con la idea de España.  Quizá, precisamente, porque nos hemos dejado arrebatar una palabra, ¡como tantas otras!, que, para su mayor enriquecimiento y plenitud, debiera ser recuperada desde nuestro imaginario progresista, especialmente en estos momentos en los que quienes siempre se han llenado la boca con su nombre, pugnan otra vez por hacerla de su exclusiva propiedad.

Es urgente recuperar España, como concepto y como proyecto.  Es imprescindible porfiar para no dejarnos arrebatar, definitivamente, un concepto que, como todo concepto, puede ser sometido a diferentes desarrollos, interpretaciones, lecturas.  No cabe duda de que cuarenta años de dictadura, seguidos de una transición impotente y de una democracia acomplejada, en lo que a nuestra historia como país se refiere, han dejado unas profundas huellas que han moldeado una imagen dominante de España que se halla en las antípodas de lo que otros queremos entender.  Atravesada de tópicos, esa España <de charanga y pandereta, cerrado y sacristía>, parafraseando a otro poeta, Antonio Machado, no es, sin duda, la nuestra.  No lo es, precisamente, por su simpleza, por su carácter plano, porque detrás de ella no hay sino lugares comunes con una profunda tensión excluyente.  Para ser español, dicen, hay que acrisolar un imaginario de toros, cruces, mantillas y hablar un español tras el cual se percibe, casi siempre, un tufo de regüeldo de chorizo.  Desgraciadamente, esa España paleta, casposa, estrecha, muy estrecha, mesetaria y esteparia es la que, desde quienes, la vieja y la nueva derecha, se han apropiado de su nombre para someterla al escarnio de su tosco discurso, lleva vías de hacerse dominante, sepultando cualquier otra mirada.

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Sabemos que hay otra España, no debemos olvidarlo.  Una España que permite respirar, que se sabe plural y que hace de esa pluralidad, idiomática, cultural, paisajística, un motivo de regocijo.  Una España, en suma, abierta, que se reconoce, necesariamente, en su pasado, lleno de luces y sombras, pero que sabe que no hay otra que mirar al futuro, aprendiendo de ese pasado.

Pero quien lea esto, que no piense que aquí se presenta un panegírico vacío, un retórico elogio de esa España que está ahí aunque no se vea.  No.  Aquí hay una propuesta política.  Porque estoy convencido de que es el momento de propiciar un movimiento que, bajo ese epígrafe de “España en marcha”, o cualquier otro que nos pareciera oportuno, debe, desde la recuperación de esa imagen amable y plural de nuestro país, hacer frente al hedor reaccionario que las derechas, viejas y nuevas, airean cada vez que pronuncian el nombre de España.  No regalemos otra palabra al enemigo.  Hagamos el elogio de esa España plural que queremos, cojamos ese nombre y démosle otro sentido político.  Porque si dejamos, otra vez, que quienes gritan <a por ellos> se apropien de la palabra España, si no confrontamos con virulencia con ellos para que no nos expulsen de ese imaginario, corremos el riesgo de ser expulsados del mapa político.  No se me entienda mal, no estoy proponiendo una organización política con vocación electoral, sino un amplio movimiento, plural, capaz de llenar de contenido la palabra España y de generar un imaginario colectivo que oponer al odio que destilan las derechas, viejas y nuevas.

España en marcha.  Releamos a Celaya, el vasco, el republicano, el comunista; escuchemos su versión en Paco Ibáñez. Ahí tenemos un himno, ahí tenemos una propuesta política que es ineludible en estos tiempos en los que las negras garras del fascismo, a las que las derechas, viejas y nuevas, se aprestan a hacer la manicura, vuelven a aparecer en nuestra historia.

 

*Profesor de Filosofía.  Universidad de Zaragoza.

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