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¿Empujamos?

"Se trata de tomar la iniciativa, en la convicción de que si esperamos a los aciertos gubernamentales (y la reacción ultra) o las renuncias (y la movilización popular) estaremos desperdiciando nuestras fuerzas y arriesgándonos a perder una oportunidad cuya alternativa es, ahora sí sin ninguna exageración, el fascismo gobernando"

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Llevamos varios años de una crisis del sistema bipartidista que viene a ser reflejo de la crisis global del capitalismo financiarizado que se visibilizó desde 2006-2008 y que vino a quebrar el «pacto social» implícito que sustentaba las bases del régimen del 78.

En respuesta al desafío y la oportunidad que esta crisis generaba, la reestructuración en el ámbito de las fuerzas transformadoras fue ilusionante pero también tortuosa y a menudo traumática. Da buena cuenta de ello la montaña rusa de apoyo electoral que las llamadas «fuerzas del cambio» han vivido estos años:

  • en 2015 el conjunto de Podemos, IU, y sus confluencias llegaron a más de 6 millones de votos y un 24 %, sorpasando al PSOE ( 5,5 millones y un 22%)
  • en 2019 Podemos + IU + Más país y sus confluencias se han quedado en 3,6 millones y un 15,25% frente a los 6,75 millones del PSOE (28%). Una caída que no llega a compensar ni de lejos la subida en medio millon de votos y 2,5 puntos del conjunto de izquierdas soberanistas catalana y vasca. Dejo para más adelante los destrozos -y espero que aprendizajes- que esta accidentada travesía hacia la confluencia transformadora ha dejado: por el momento recordar que sigue muy lejos aún de ser algo más que acuerdos electorales renegociados por arriba en cada ocasión, con la inmensa pérdida de energía y de posibles sinergias que ello sigue suponiéndonos.
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Las fuerzas transformadoras llegan pues al Gobierno en una situación de debilidad relativa, aunque pueda considerarse su representación actual como un sólido suelo electoral. Por otra parte, la fuerza movilizadora está muy lejos del ciclo 2012-2014, con la importante salvedad del movimiento feminista y en menor medida las movilizaciones contra el cambio climático.

Enfrente, la derecha nacionalista española ha perdido casi medio millon de votos manteniendose en un 42,7%. Pero su discurso ha escorado visiblemente a la ultraderecha, con Vox como tercera fuerza en más del 15%, a sólo 5 puntos de sorpasar al PP.

En esta situación sólo podemos decir que «menos mal» que el PSOE haya necesitado un acuerdo de Gobierno de Coalición y que éste se haya conseguido. Y nos debemos alegrar de las posibilidades que esto abre, pero hemos de ser muy conscientes de la debilidad del «éxito» alcanzado in extremis.

Y de que el panorama macroeconómico global muy probablemente derive durante la legislatura en una nueva recesión que la UE pretenda gestionar con nuevos recortes en las políticas públicas que sean aceptadas por el PSOE como ya sucedió en la segunda legislatura de Zapatero.

Contando con todo ello, estar en el gobierno central es una situación totalmente nueva para las fuerzas transformadoras, ante la que tendremos que construir nuevas iniciativas para nuevas necesidades:

  • Necesidad de defender el gobierno de coalición frente al trifachito parlamentario pero también frente a los poderes económicos, a su penetración autoritaria en la judicatura y frente a las grandes empresas de comunicación.
  • Necesidad de empujar para que los acuerdos de Unidas Podemos con el PSOE se sustancien en normas y decisiones lo más transformadoras posible. Porque es lo que queremos en sí y por la…
  • necesidad de evitar que la frustración popular alimente al trifachito (y dentro de éste a Vox entre el electorado de derechas de más baja renta y nivel cultural) si no se perciben cambios efectivos en las condiciones materiales de vida.
  • Necesidad de fortalecer a los movimientos sociales para maximizar ese empuje, buscando atenuar dos derivas negativas posibles:

– El vaciado de éstos por la dedicación de cuadros de Unidas Podemos a tareas de gobierno. Este efecto se dio intensamente en los 80 cuando muchas administraciones pasaron a ser gobernadas por el PSOE, que necesitó muchas manos y cabezas que captó a su izquierda, pero también lo hemos vivido muy intensamente en las «ciudades del cambio». Aunque no es previsible un efecto cuantitativamente similar en el conjunto del estado cuando se trata «sólo» de cubrir altos cargos de la administración central.

– El «desinflado» de los movimientos si estos pasan a «esperar» confiadamente las transformaciones necesarias, como hemos vivido desde 2015.

  • Necesidad de gestionar ese empuje para que resulte en un fortalecimiento mutuo en vez de en un desgaste mutuo de movimientos sociales y fuerzas políticas transformadoras.
  • Necesidad de que la acción de gobierno no erosione sino que incremente el electorado de las fuerzas políticas transformadoras.
  • Necesidad de que la acción de gobierno permita mejorar en la sinergia de las fuerzas políticas transformadoras y en una confluencia real desde abajo, en vez de aumentar los desencuentros de sus militancias -dentro de cada organización y respecto a las de las otras- y de sus electorados.
  • Necesidad –last but not least– de, por Santa Rafaella Carrá y San Leo Bassi, animarnos, joder, quitarnos este fatalismo en que se nos ha quedado la euforia del 15M!

¿Cómo dar respuesta a todas estas necesidades?

La respuesta concreta a esta pregunta por parte de las representantes de Unidas Podemos con responsabilidades gubernamentales escapa a las pretensiones de este texto. Parto del supuesto de que su traducción del acuerdo de Gobierno a decisiones concretas intentará maximizar su efecto transformador dentro de la correlación de fuerzas dada. Y parto también de que se tendrá en cuenta que la participación en el gobierno debe depender del cumplimiento efectivo de los acuerdos, so pena de un castigo electoral que sólo beneficiaría a lo peor de la ultraderecha.

La cuestión es, entretanto, cómo mejorar nuestra posición en esa correlación de fuerzas, que no es estática ni tiene porqué corresponderse mecánicamente con la representación parlamentaria. La potencia de las propuestas transformadoras en este gobierno vendrá dada en buena medida por la capacidad que tengamos para inscribirlas en el sentido común público, como hicieran en 2012-14 las Mareas Verde y Blanca o la PAH. El margen de maniobra que tendrá Unidas Podemos para llevar la acción de gobierno a acciones transformadoras dependerá directamente del cálculo electoral que el PSOE haga del riesgo de confrontarlas. E incluso la manipulación de las grandes empresas mediáticas para presentarlas como el caos antieconómico dependerá del soporte social que seamos capaces de visualizar.

La opción convencional sería alentar y esperar la presión de los movimientos sociales -como ya hizo acertadamente Pablo Iglesias en la investidura- que en cualquier caso se producirá en mayor o menor medida.

Creo que quedarse ahí sería un gran error. Como ya se ha dicho, la disposición a la movilización transformadora está muy lejos de la de 2012-2014, y aún es posible que la percepción de «éxito» por la entrada en el Gobierno de UP la desincentive más. Mientras las ultraderechas se lancen a la calle aún más que durante la primera legislatura de Zapatero. Dejar a la dinámica de acción (o inacción) gubernamental / respuesta nuestra relación con la calle nos llevaría a un escenario adverso. La movilización transformadora sólo se daría así demasiado tarde: cuando se percibieran renuncias o empeoraran las condiciones materiales y éstas ya pudieran ser utilizadas por la movilización ultra: deben ser las fuerzas transformadoras las que se adelanten a tal dinámica.

Por eso estoy convencido de que nuestra relación con la movilización social debe ser desde ya todo lo proactiva, plural y amplia que seamos capaces de estimular: propongo que seamos actrices impulsoras de plataformas sociales abiertas y estables creadas con el fin explicito de empujar y apoyar políticas transformadoras.

Recogiendo el término de Jonatham F. Moriche, unos «Estados Generales» de las fuerzas transformadoras, solo que descentralizados y estables.

Plataformas en las que recuperemos lo mejor del 15M: su aspiración a la participación de toda la ciudadanía sin miedo, su capacidad para evitar el señalamiento de los medios como instancia «de partido». Sabiendo que, un espacio que se convoca expresamente para aprovechar la oportunidad de un gobierno con presencia de las fuerzas transformadoras no va a ser ocupado por la derecha ni cooptado por el PSOE, pero puede, sin embargo, atraer la participación de personas y movimientos que no desean vincularse a unas siglas determinadas.

Pero a la vez superando lo peor del 15M: el rechazo per se a la participación de las organizaciones sociales o políticas y el deliberacionismo estéril.

Plataformas de ámbito local, o de Comunidad Autónoma, con la posibilidad de coordinaciones de ámbito estatal.

Plataformas independientes de los partidos transformadores, por cuanto esta independencia pueda mejorar la participación de agentes sociales y la receptividad social a sus propuestas, pero que sean explicados a estos para que en ningún caso se las perciba como una iniciativa hostil ni el enésimo espacio de confrontación y de búsqueda de poder de unas u otras familias políticas, sino como espacios que puedan ayudar a crear tanto defensa del gobierno frente a la derecha y sus poderes como empuje que evite las tendencias derechizantes del PSOE.

Y -por qué no- espacios donde se pueda dar el trabajo conjunto y la desactivación de dinámicas faccionales que hasta ahora han lastrado la posibilidad de construir confluencias desde abajo: aunque no sean estos espacios el ámbito donde deban darse tales confluencias sí pueden ayudar a crear la cultura política que las facilite.

Se trata de construir espacios abiertos y amables a la vez que eficaces en la construcción de propuestas, tanto de contenido de la acción gubernamental como de vías de incidencia política para lograrlas.

Para eso sería necesaria una focalización clara de la misión, con objetivos de arranque claros y viables, a partir de la que se construyera colectivamente una hoja de ruta para la acción. Para empezar propondría que, en cada ámbito territorial, tales plataformas convocaran a grupos de trabajo sectoriales para tratar los 11 apartados en que se divide el Acuerdo de Coalición, implicando en cada Grupo de Trabajo a las personas y organizaciones sociales vinculadas a cada tema. El objetivo de tales grupos de trabajo sería definir cómo aterrizar los planteamientos generales recogidos en el Acuerdo de Coalición, o qué otras cuestiones no recogidas habría que añadir desde la perspectiva de cada Grupo de Trabajo.

A partir de ahí pueden surgir muchas iniciativas: debates sectoriales o en las distintas organizaciones, actos de formación, culturales o de sensibilización, campañas de incidencia, debates directos con representantes de las fuerzas transformadoras (y de las otras, porqué no)… hasta simples recogidas de firmas o complejas Iniciativas Legislativas Populares, o movilizaciones: bien de apoyo a medidas respondidas por la derecha y sus poderes, bien de reclamación de aceleración o profundización de las transformaciones.

Para empezar se trata de empezar a andar sin prisa y bien: convocar semillas de asambleas ciudadanas en esta línea (con participación de las organizaciones de Unidas Podemos y otras pero no como actos «de» unas u otras), proponer y debatir la idea, empezar a esbozarla y replicarla en las distintas comunidades… Partiendo de unas ideas fuerza faciles de explicar, de un discurso positivo y atractivo apelando a nuestro poder de cambiar las cosas en esta situación, y de un nombre/imagen con cierto gancho.

¿Qué tal por ejemplo un «Aragón empuja»?

Se trata de tomar la iniciativa, en la convicción de que si esperamos a los aciertos gubernamentales (y la reacción ultra) o las renuncias (y la movilización popular) estaremos desperdiciando nuestras fuerzas y arriesgándonos a perder una oportunidad cuya alternativa es, ahora sí sin ninguna exageración, el fascismo gobernando.

Pero ningún escenario está escrito. ¿Empujamos?

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