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El último 1 de mayo en Zaragoza

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Extracto de "Vanguardia", el periódico de la JSU de Aragón

Zaragoza bullía de actividad política dos meses antes de la guerra. El primero de mayo de 1936 la CNT celebraba su gran congreso antes de la guerra, en el que resolvieron sus conflictos y sus divisiones, volviendo a reunificar sus escisiones y concretando cuál era la sociedad que querían construir. Pero también el primero de mayo la Juventud Socialista Unificada, fusión de las juventudes socialistas y las comunistas, empujaba a la unidad de todas las izquierdas para construir una nueva sociedad socialista. Bajo la denominación de Frente Único convocaban desde su periódico «Vanguardia» a un «grandioso» mitin unitario en el Principal.

Representantes del PSOE, de las juventudes, del Socorro Rojo Internacional (SRI), de la UGT y del PCE se alternaron en el estrado para llamar a la unidad, al apoyo al gobierno del Frente Popular y a la pronta unidad de acción con la CNT. La situación internacional presagiaba la guerra y se barruntaba en el ambiente que algo iba a pasar. Pesaba en todas las intervenciones el recuerdo de la dura represión de octubre del 34. La liberación de los presos había sido el punto central de la formación y victoria del Frente Popular y lo que había llevado a gran parte de los anarquistas a las urnas. Aun así, menos de tres meses después de la victoria del Frente Popular, José Duque, secretario general del SRI, hablaba así de los jueces españoles: «la amnistía no ha sido promulgada en toda su amplitud, a causa, principalmente, del sabotaje descarado que una magistratura reaccionaria realiza para obstaculizar el que se cumplan los deseos de las masas populares claramente expresados el 16 de febrero».

Fotografías del mitin en el Teatro Principal, publicadas en Vanguardia (1936)
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Secuelas de Octubre

Los ánimos llevaban tres años enardecidos, desde que en 1933 las derechas formaran gobierno. Desde entonces, unas derechas que declaraban abiertamente sus simpatías por los fascistas italianos y alemanes, dejaron en suspenso o echaron para atrás todas las reformas impulsadas por el gobierno anterior. Al suspenso de las mejoras laborales, los sindicatos respondieron con dureza y el gobierno incrementó su represión. Por ejemplo, en Zaragoza la guardia civil detenía a miembros de los grupos infantiles de las juventudes socialistas que tenían la costumbre de bañarse en el Ebro los domingos por la mañana, acusados de proferir gritos subversivos y cantado himnos revolucionarios en torno a la bandera roja. Como prueba ante el juez: un pañuelo rojo. Se detenía a militantes por vender periódicos o por llevar carnet de la FUE o la letra de la Internacional en el bolsillo. En Madrid los falangistas cometían asesinatos que quedaban impunes, como los de la joven socialista Juanita Rico y el comunista Joaquín del Grado. Todo ello se vio agravado después de octubre del 34, en el que los mineros eran asesinados después de dejar las armas por un ejército a las órdenes del general que el gobierno de derechas puso al mando: Franco, que ya entonces tenía gusto por las masacres.

Una represión feroz, unos cambios sociales que no llegaban, una derecha golpista que se echaba en brazos del fascismo y que no reconocía al gobierno surgido de las urnas en febrero del 36. Todo ello fue motivo para la radicalización de los socialistas, que comenzaron a mirar con simpatía a la URSS, a buscar la unidad con los comunistas y a pedir a la CNT la unidad de acción. En aquel primero de Mayo, el último antes de la guerra y por cuarenta años, las organizaciones firmaban un manifiesto publicado en «Vanguardia» que finalizaba reclamando:

¡Por la nacionalización de la Banca, la tierra, los transportes y los monopolios!

¡Por la rápida solución del problema del paro forzoso,y porque mientras es resuelto, los obreros parados perciban el subsidio que alivie su situación de miseria!

¡Por que se hagan rápidamente efectivas las responsabilidades derivadas de la represión de octubre, y por que sean indemnizadas las familias de los que fueron bárbaramente inmolados!

¡Por la normalización inmediata de las relaciones diplomáticas con la U. R. S. S.!

¡Por la depuración del ejército, la magistratura y los cuerpos armados y por la legalización de las milicias populares!

¡Por la semana de las cuarenta horas, sin que sean mermados los actuales salarios ni aumentado el número de parados!

¡Por la rápida aplicación del programa del Frente Popular!

Trabajadores de Zaragoza: En torno a estas reivindicaciones, manifestad una vez más vuestro entusiasmo, vuestra voluntad y vuestra disciplina.

¡Viva el Primero de Mayo!

 

 

*Para la elaboración de este artículo ha sido de gran ayuda la consulta del libro «Abanderados del socialismo. Historia de las JSA» de Francisco Gracia y Gabriela Sierra

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