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El PSOE termina de rematar el presupuesto de Zaragoza

El PSOE permite con su abstención certificar la defunción de un presupuesto que nunca quiso negociar y que, tras la decisión de Hacienda de computar la deuda del tranvía, quedaba muy tocado

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Llegaba el presupuesto al salón de plenos municipal con dos heridas.

Con la herida del amor. La de un amor imposible entre el PSOE zaragozano y el gobierno de Zaragoza en Común. Por más que Fernando Rivarés por activa y por pasiva invitaba al concejal socialista Javier Trívez a sentarse a negociar el presupuesto, éste encontraba cualquier excusa para no hacerlo: ni los intentos de Carmelo Asensio de Chunta, ni la apelación al miedo a Vox, ni la unidad de acción de la izquierda ante la amenaza del tripartito de la derecha, ni las presiones de las entidades sociales ante la posibilidad de que no haya subvenciones ni convenios… Nada consiguió ablandar la posición del ya candidato al Senado (si Ferraz no lo impide) y tener al menos una cita que abriese la puerta a aprobar el último presupuesto de una legislatura marcada por el continuo desencuentro entre socialistas y comunes.

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Con la herida de la muerte. La que le infringió el Ministerio de Hacienda de Montero (no el de Montoro). Nueve años después de que un gobierno socialista construyera el tranvía y que Zaragoza en Común redujera la deuda municipal a niveles de los años 80; otro gobierno socialista, esta vez el estatal, decidió computar los 189 millones de euros del coste del tranvía al cálculo de la deuda municipal. Circunstancia que impedía al Ayuntamiento de la capital poder pedir préstamos y dejaba herido de muerte a un presupuesto que preveía pedir hasta 31 millones para las diferentes inversiones en los barrios.

Y para parafrasear del todo al poeta, también ha terminado por llegarle la herida de la vida. La de una vida que no llegó a nacer por la unión de intereses electorales del PSOE, que se quedaron solos defendiendo la retirada del presupuesto, y los de PP y Ciudadanos que obligaron a debatir a los socialistas delante de unas entidades sociales que quedan muy tocadas por estas cuentas no natas. Y aunque el cuerpo de Trívez le pidiera votar no, a 2 meses de las elecciones no se atrevió a votar con la derecha y se abstuvo aunque con el mismo efecto de devolver, por primera vez en democracia, los presupuestos a un gobierno que debe decidir si presenta uno nuevo o se lo deja ya a la corporación que salga el próximo 26 de Mayo.

Y el presupuesto se va con 3 heridas: la de la vida, la del amor, la de la muerte. Y las 3 dadas por un grupo municipal socialista que acaba la legislatura como la empezó, permitiendo aprobar las propuestas de PP y Ciudadanos y sin dar aire a una Zaragoza en Común con la que ha sido incapaz de llegar a grandes acuerdos en estos 4 años.

 

 

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