Inicio Historia El cuartel del Carmen: 100 años de la sublevación «comunista» en Zaragoza

El cuartel del Carmen: 100 años de la sublevación «comunista» en Zaragoza

El 9 de enero de 1920 Zaragoza se despertaba en estado de guerra. En el cuartel del Carmen la tropa se había sublevado en nombre del pueblo

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Fotografía del ABC de 1920

En 1920 Zaragoza se despertaba en estado de guerra. En el cuartel del Carmen, en la calle Hernán Cortés, la tropa se había sublevado contra la Monarquía y contra el sistema capitalista.

La intentona había sido organizada por Ángel Chueca, un anarquista que vendía periódicos en un kiosko del Paseo de la Independencia y que había trabado contacto con varios soldados simpatizantes de la Revolución bolchevique. Al caer la noche del 8 de enero, Chueca entró en el cuartel y lideró la rebelión, entablando combate con oficiales y suboficiales adictos al Régimen de Alfonso XIII.

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Los combates «en nombre del pueblo»

Durante toda la noche siguieron los combates en el interior del cuartel, dominando los revolucionarios la situación hasta el punto de que algunos salieron a ocupar algunos centros de comunicación como el Heraldo de Aragón «en nombre del pueblo» y a retirar la prensa, amén de alertar a la población. Chueca intentó que la CNT convocara Huelga General en toda la ciudad para apoyar la sublevación, pero fue imposible por cuestión de tiempo, ya que el sindicato anarcosindicalista, hegemónico en Zaragoza, no estaba al corriente de los planes de Chueca. Su plan era típicamente anarquista insurrecionalista: iniciar una revuelta y extenderla con el apoyo del pueblo por toda la ciudad, tomando Zaragoza y así despertar revueltas en toda España.

El Gobernador no se decidía a recurrir a otras tropas por temor a que la conspiración hubiera llegado a más cuarteles, de modo que sólo sacó a la Guardia Civil, que patrulló la ciudad y atacó el cuartel del Carmen, desde el que los revolucionarios devolvieron el fuego. Cuando los guardias civiles consiguieron entrar encontraron varios muertos, entre ellos a Ángel Chueca. Otros soldados habían huido saltando las tapias aunque fueron detenidos más tarde por la carretera de Logroño. Uno de ellos se suicida antes de ser apresado. Las fuerzas del orden detienen a sindicalistas por toda la ciudad.

El fin de los revolucionarios

Al día siguiente serán ejecutados los soldados sublevados en una dantesca escena. Uno de ellos, José Pelegrín no tenía ni 15 años. Se arroja al suelo antes de que suenen las armas y el pelotón de ejecución tiene que ponerlo de pie a la fuerza. Valero Mañez debe ser atado a la silla, moribundo por disparos antes de su captura, y que pide con sus últimas fuerzas que pongan de espaldas al muchacho. Una Huelga General espontánea reclamó que no hubiera más ejecuciones.

Ramón J. Sender se hace eco de este episodio en su obra Crónica del Alba, construida a partir de referencias autobiográficas de Sender. En ella relata cómo conoció a Chueca y como vivió las jornadas del cuartel del Carmen haciendo un retrato del anarquista bastante alejado del que daría la prensa del Régimen como el Noticiario o Heraldo de Aragón, que lo define como un  “individuo procedente de una familia castigada por la perturbación mental”. Según sus hermanos «no tenía vicios, ni fumaba, ni bebía, ni tomaba café… Su ídolo era Bakunin. Sólo vivía para nuestra madre y para la revolución. La única locura que ha cometido le ha costado la vida».

Sender también menciona los bulos que ya entonces difundían las gentes de orden en aquellas jornadas: «han volado el puente de piedra», «han puesto una bomba en el Pilar»; «El Noticiero decía que antes de ser ejecutados, todos confesaron y tomaron la comunión devotamente. Los otros periódicos no decían nada de eso. Era mentira»

Anarquistas, comunistas, el tótum revolútum de la Revolución rusa

Chueca era un activo militante anarquista que colaboraba en la revista «el comunista». Si en este suceso se emplean ambos términos es porque los revolucionarios, fuera cual fuese su ideario, se reconocían en una idea de comunismo, aunque todavía no existía el Partido Comunista de España. Heraldo alertaba sobre el peligro de Chueca después de muerto, debido a «la locura contagiosa de ese fanático de la utopía roja.”

En aquel periodo histórico la CNT se adhirió a la Internacional Comunista debido a la influencia que ejercía en todo el movimiento obrero la URSS, el primer lugar en el que los trabajadores habían tomado el poder y abolido el capitalismo. En aquel momento en España, fundamentalmente en Barcelona, los pistoleros de los patronos hacían correr la sangre de sindicalistas. El propio secretario general de la CNT sería asesinado en la cárcel en 1921. Le sustituyó Andreu Nin, un probolchevique que acabó en el trotskismo y fue co-fundador del POUM junto a Joaquín Maurín, otro destacado dirigente cenetista en el periodo en el que este sindicato estuvo en la Komintern. Los anarquistas españoles estuvieron afiliados al comunismo solo un par de años.

 

 

2 Comentarios

  1. Poco rigor histórico en el artículo.
    Hubo un consejo de guerra a los sublevados y fueron ejecutados después.
    Además la CNT no estaba en la internacional comunista aunque acudió al su reunión en agosto de 1920.
    Pero al ver el autoritarismo y dictadura bolchevique no entro en la misma

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