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Despierta McFly regresa con ‘El campeón’

La banda zaragozana presenta este sábado en Las Armas su cuarto trabajo, una colección de diez temas entre la lona y la gloria en la que conviven el rock and roll, el soul, el brit-pop y la psicodelia

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Julio Calvo (guitarra), Juan Millán (batería), Jorge Martínez (voz y guitarra) y Guille Mata (bajo), la formación actual de Despierta McFly

“¿Qué hay de nuevo campeón? ¿Cómo lo llevas? ¿En la lona se está bien? Este mundo nos dejó rabia en las venas” Así arranca “El Campeón”, el cuarto disco de Despierta McFly, que este sábado 22 presenta su nueva propuesta en Las Armas. Diez canciones, cuatro músicos con antecedentes en Distrito 14, Los Berzas o Los Belmondo, aires de Dylan, ritmos rock and roll, brit pop y soul y nuevas tonalidades para una banda en plena explosión de madurez.

“El mensaje de ‘El Campeón’ es el de la lucha cotidiana. Aunque no haya ganas de levantarse en todo el día, sales al ring”, explica Jorge Martínez, voz y guitarra, que indica que en este trabajo “permanece el espíritu de Despierta McFly, pero la variedad de colores hace que, aunque mantenemos las raíces en el rock and roll, las canciones no se puedan enmarcar en un estilo”.

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En esa variedad de tonalidades tienen bastante que ver la técnica de la grabación, realizada por Diego García en los estudios Audio Feeling y la aportación del veterano Cuti Vericad, productor artístico del disco. “Trabajar con él ha supuesto un nivel de exigencia mayor,  nos ha dado un salto de calidad. Le llamamos la `cutipedia’ por la variedad de ritmos y registros que maneja”, explica.

“A veces, de un modo azaroso, llegan al local canciones que sabes a qué pueden terminar sonando, pero eso no es una ciencia exacta, en cada ensayo toman una nueva dimensión. El resultado es la esencia de todas ellas”, señala Martínez, que añade que “el sábado esperamos mostrar el disco con toda su fuerza y locura”.

Así son los diez temas del disco:

El Campeón: Un primer asalto en el que se imponen los rifs de la afilada guitarra de Julio Calvo. “Un rock stoniano sobre la intención de ser mejor cada día, en la cotidianeidad”, indica Martínez.

Lo que tenga que ser: Una visión pop en la que los arreglos de piano se entremezclan con un punto de desgarro. “Es un poema que se convierte en canción y que musicamos Cuti y yo adaptándolo a una forma de canción sobre lo que es la impermanencia humana que resulta muy emotiva”.

No hay dolor: Medio tiempo vitalista, cuando la radio del camión trae un parto con dolor. “A veces salen canciones positivas en etapas jodidas de tu vida”, dice.

Muerde: Los metales de los hermanos Miguel Ángel y Roberto Laita (‘Artistas del gremio’) y de Chema Salvador (‘Harlem Blues Brass Band’, ‘Coscous Party’) animan la canción más ‘brit’ del disco. “Es un canto a la vida, una canción de rebeldía sobre aceptar la contradicción, sobre morder y aceptar”.

Quince minutos de gloria: Balada con partitura de Cuti. “Ha resultado ser un tema que recuerda mucho al soul y con un mensaje absolutamente conectado con el del disco”.

Show de Truman coral: Música planeante para ambientar la ‘vetusta’ que describe Joaquín González. “Habla de un lugar donde todos nos podemos sentir atrapados, y aporta al disco su parte más psicodélica, con tambores (Juan Millán) de guerra, coros bélicos y una guitarra muy a lo Jimmy Hendrix”

Aniversario de ruina: Un regreso a los 90 con un videoclip que evoca las descargas eléctrico-poéticas de ‘091’ y marca la estética de lo que ahora es la banda. “La escribí en un aniversario de un momento duro. Es una visión belicista del amor justo antes de terminar, cuando no tienes valor para soltarlo”, narra.

Gravedad e ingravidez: Una pieza curiosa, en la que la guitarra de Calvo y los teclados de Cuti dan un aire ‘motown’ al ritmo que marcan Millán y Guille Mata. “Es una canción que sorprende por su luminosidad, aunque a la vez tiene un mensaje bastante amargo en el estribillo. Es bastante polisémica”, explica.

1.000 kg: Canción dominada por la cadencia melancólica de Bob Dylan. “Es un mensaje doliente de una separación entre dos personas que se aman. Siempre estamos llamando a las puertas del cielo, y Dylan siempre merece un homenaje”, indica.

Un dragón para volar: Algo así como un combo de cómplices, en el que la mandolina de Guillermo Mata, los vientos de los Laita y Salvador y el piano de Cuti arropan a los McFly, y viceversa. “Es una canción que en su día me dedicó Joaquín González, con una visión completamente psicodélica y a la vez hermosa, con un punto de locura”, concluye.

1 Comentario

  1. Sencillamente espectacular !!!
    Un trabajo magnífico, arte poético musical que agrada, llena y se disfruta, dejándo totalmente satisfactorio a quién lo escucha y lo entiende.
    Resumiendo, una obra creativa y magistral .
    Suerte !!!!!

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