Inicio Opinión Con ZeC

Con ZeC

0

Hace años que llevo dedicando mis esfuerzos en el ámbito de la política a propiciar procesos de encuentro entre las diferentes organizaciones de la izquierda.  Desde los que ya se antojan lejanos tiempos de las Mesas de Convergencia, cuyo resultado más efectivo fue la candidatura conjunta de IU y CHA a las generales, no he dejado de trabajar en esa dirección.  A pesar de mi conocida militancia en el PCE y en IU, he entendido que los tiempos exigían encuentros múltiples, plurales, que pudieran dar expresión a un sujeto político muy amplio, más allá de lo que las tradicionales organizaciones políticas eran capaces de cobijar.  De hecho, creo que ese, en buena medida, ha sido desde siempre el proyecto de IU, aunque no hayamos sido capaces de llevarlo a la práctica. Echando la vista atrás, recordando la cantidad de gente que, ya antes del 15-M, trabajaba con vocación de superar desencuentros, deberemos reconocer que algo había en ese momento que nos empujaba en esa dirección.

Con el 15-M y el posterior nacimiento de Podemos, experimenté cómo se iba diluyendo en mí el sentimiento de organización e iba naciendo la conciencia de que, en realidad, lo que yo defendía se plasmaba en diferentes cuerpos políticos en los que me sentía reconocido.  Me dolían, sí, ciertos desplantes hacia IU, me preocupaba un cierto sectarismo que empezaba a intuir en algunos sectores, pero, en realidad, me sentía parte de toda aquella maravillosa amalgama que representaba lo que yo ya era, IU, y lo que se convertía en mi devenir, Podemos, Comunes, Mareas.

Fruteria online

Ese sentimiento mágico de amplia comunidad también tenía su reverso amargo.  Quienes más nos empeñábamos en el encuentro, no podíamos entender que, en las citas electorales, todavía debiéramos elegir entre diferentes papeletas.  Tal era nuestro sentimiento de que el camino era la confluencia, la construcción de un sujeto político unitario.  Introducir una papeleta en una urna dejando fuera otra nos parecía un ejercicio carente de sentido, porque ambas éramos nosotros.

Sigo comprometido con esa idea y tengo el convencimiento de que la única manera de que en algún momento llevemos a cabo el proyecto político y social que nos proponemos pasa por la construcción de ese sujeto unitario y plural.  Optar, por lo tanto, sigue siendo algo tremendamente complicado, porque supone, en parte, traicionar esa idea de confluencia que articula lo que hago y lo que escribo.

Hace unos días recibí una llamada de Zaragoza en Común para proponerme formar parte de su candidatura municipal.  Una candidatura que entiendo como la continuación del ímprobo trabajo realizado a lo largo de esta legislatura en el Ayuntamiento de Zaragoza, una candidatura que representa la lucha contra el modelo de ciudad que los poderes fácticos han venido imponiendo y que solo Zaragoza en Común ha sido capaz de cuestionar.  Una candidatura con la que, sin ninguna duda, me siento identificado, a pesar de que mi deseo, lo he expresado públicamente en numerosas ocasiones, hubiera sido que fuera todavía más plural y amplia de lo que es.

A pesar de esta última cuestión, y a pesar de su importancia, he decidido formar parte de esa candidatura porque, como también he escrito en los últimos tiempos, de aquí a las elecciones solo queda una opción, la del decidido apoyo a las diferentes candidaturas de la izquierda como único modo de hacer frente a una derecha tremendamente reaccionaria y con evidentes tics antidemocráticos.  De ahí mi compromiso explícito con Zaragoza en Común, como la mejor opción, la más confluyente, en el ámbito municipal.

Quizá resulte contradictorio, pero el mío es un sí con entusiasmo pero, también, con un poco de amargura.  Amargura por tener que competir electoralmente con aquellos, aquellas, con los que me siento nosotros.  No me resigno a pensar que ese sea el sino de la izquierda.  Sigo comprometido con la confluencia, con la unidad, con la construcción de ese sujeto plural.  No hemos sabido confluir en una única candidatura.  Votemos, pues, a nuestras candidaturas.  Aunque sea con amargura, con resignación, con cierto desapego, votemos.  Votemos para hacer frente al fascismo.  Para mí la mejor opción es ZeC, pero buena es cualquier opción que sea un voto contra la vuelta al pasado, que le pare los pies a la derecha.

 

*Profesor de Filosofía.  Universidad de Zaragoza.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here