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Con nuestros barrios no se juega

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«Entra, entra, entra, juega, juega, juega, apuesta, apuesta, apuesta». La musiquilla llega de forma repentina a la mente y, ante los problemas complejos de la vida, los atajos fáciles son una solución que puede parecer bastante rápida. Seguramente a la mayoría de las que leemos estas líneas nos vendrá a la mente un famoso anuncio de una casa de apuestas que tiempo después de su emisión fue denunciado por incitar a las conductas impulsivas. Vista la proliferación de este tipo de locales y los peligros que suponen para la salud de la sociedad más joven, la denuncia era más que esperable, y es que en los últimos años se ha vulnerado la dignidad de muchos, atacando a la población joven, aterrizando en los barrios más humildes.

A lo largo y ancho de nuestro territorio  se han expandido 143 locales donde apostar. Negocios depredadores situados estratégicamente  en busca de nicho de mercado del que aprovecharse ante la falta de alternativas de ocio asequible. Salones, bingos y casinos que con sus 6.980 máquinas tragaperras, 821 terminales de apuestas y sus luces de neón hacen creer a sus visitantes que pueden cambiar su suerte con un solo gesto, a la vez que embriagan sus sentidos con diversos estímulos exprimiendo sin escrúpulos su ya de por sí humilde economía.

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A la par de esta vorágine especulativa no deja de aumentar el número de personas registradas que reconocen tener problemas con el juego y que acuden en busca de ayuda, habiéndose multiplicado por cinco en apenas unos años. Las clases populares se ven atacadas por la gran adicción que es la ludopatía. Esta tiene cara de pequeños locales que entran sin pudor a los barrios que a día de hoy todavía sufren lo que fue la crisis, suponiendo un ataque hacia quienes menos poder adquisitivo tienen. Esto supone en definitiva una sencilla pero peligrosa premisa: cada día apostar es más sencillo.

Pero la proliferación de las apuestas no se da solo de manera presencial. Aún es más compleja y peligrosa, si cabe, su alza en forma online. Pequeños casinos abiertos las 24 horas al alcance de un solo clic en cualquier momento y lugar. Espacios virtuales gestionados por fondos buitre que mueven la alarmante cifra de facturación de 13.000 millones de euros anuales, atrapando en sus redes a 900.000 jugadoras y jugadores activos.

«Juega bien, juega con responsabilidad, juego seguro», rezan en sus webs mensajes que, avalados por el propio Estado, individualizan el problema, señalando como único culpable de la adicción a quién sufre esta lacra promocionada. No ayuda en absoluto la publicidad por parte de quiénes son líderes o estrellas deportivas. No suma, sin duda, la promoción desmedida de una ganancia rápida y cortoplacista. No es positivo para la población en general ni mucho menos para la sociedad más joven, el sector hacia el que más se dirige este ataque a lo social. Una droga peligrosamente normalizada que ya afecta a un tercio de menores de edad.

Las casas de apuestas superan en número a los centros públicos de secundaria en Aragón, encontrándose en la ciudad de Zaragoza, más de 30 locales situados a menos de 500 metros de estos centros educativos. La desmesurada oferta acompaña a la promesa de ganar dinero fácil en un ambiente perfectamente diseñado para la pérdida de la noción temporal. Una espiral de desconexión de la realidad que anestesia deliberadamente la voluntad de las más vulnerables.

Hay propuestas, hay soluciones y hay necesidad de que estas se pongan en marcha para erradicar una problemática social y de salud como es la ludopatía. Algunas de esas medidas van por poder impulsar una red de centros culturales ciudadanos o impulsar un modelo alternativo de ocio para las y los más jóvenes. Es preciso que las Administraciones, en coordinación con centros culturales, cívicos, casas de juventud y bibliotecas impulsen un modelo antagónico al que actualmente existe con la proliferación de las casas de apuestas que surgen cual lava de volcán en nuestros barrios quemando posibles futuros a su paso.

Reclamemos el ocio como un derecho que debe de ser de calidad y que pueda ser gestionado por las y los jóvenes. Finalizar con las casas de apuestas online y presenciales no debe de ser una utopía sino una realidad que alcancemos lo antes posible. Poner fin a esta lacra comienza por la restricción de horarios, por limitar los metros de cercanía a centros educativos, por reducir el tiempo de apuestas así como por los gastos  diarios o mensuales, pero debe de concluir definitivamente con el cierre de quién proporciona una adicción que frena el progreso de nuestra sociedad, de nuestras y nuestros jóvenes, esto es, de nuestro futuro.

 

 

*Jesús Cortés, Experto e investigador en materia de juego.

Itxaso Cabrera, Diputada autonómica.

1 Comentario

  1. Mi Zaragoza se ha deteriorado mucho social y culturalmente a raíz de la crisis de 2008, notándose sobretodo a partir de 2011 en adelante. El barrio Delicias en el que crecí me resulta irreconocible a día de hoy. Donde habían un montón de tiendas de ropa, videoclubs, un Panishop, salones recreativos(de máquinas arcade, billar, ping pong, futbolín… ect), ciber(donde los muchachos nos reuníamos a jugar ahí mismo duelos en línea títulos como Counter Strike o Age of empires) ahora yacen locales cerrados y sin poderse alquilar porque a los emprendedores españoles lejos de ayudarnos nos bombardean con impuestos, alguna que otra joyería y locutorio(nada que ver con los ciber de hace 15 años) y muy sobradamente las malditas casas de apuesta que entre eso, los carteristas, las calles plagadas de graffitis, la inmigración masiva y pandillas peligrosas que ahí merodean, las líneas del tranvía que amenazan con pasar por ahí(espero que no se realice) y algún que otro prostíbulo han convertido al que una vez fue un bonito barrio de ocio sano donde paseaban pacíficamente las familias en un auténtico ghetto estilo el Bronx. Como alternativa de ocio contra las casas de apuesta yo propondría traer de vuelta las salas de billar y máquinas de videojuegos, no se, o podrían ser ciber con ordenadores y televisores donde jugar playstation y xbox a 2 euros la hora. Tampoco he visto bibliotecas con círculos de lectores con cuenta cuentos ni centros de mindfullness que no le vendría nada mal esta sociedad intoxicada por los artificios mundanos que aterrizaron tan premeditada y estratégicamente entre sus humildes calles y en proximidad a los centros de enseñanza. Pienso yo que bastante tenemos ya con los partidos de la champions y que en los bares se amontonen individuos a emborracharse mientras gritan y discuten de fútbol como si les fuese la vida en ello, como para que encima tengamos por cada avenida una casita de apuestas sin contar que en cada bar suele haber una o dos tragaperras. Definitivamente han monopolizado y capitalizado la ciudad como nunca, dejando a sus barrios sumidos en el olvido, hasta el Centro comercial Augusta lo sufrió y todo para llevarse los comercios, salas de cine y centros de ocio a Puerto Venecia.

    No se conformaban con hacer que los jóvenes abandonaran los pueblos para irse a la ciudad, ahora tienen que abandonar los barrios de toda la vida para ir al mismo centro o a algún complejo comercial urbanístico situado en un punto que no a todos les viene bien. Yo he vivido 8 años en México, concretamente en el estado de Nuevo León y créanme, siendo una zona metropolitana tan extensa y poblada no ví ningún casino o casa de apuesta entre los barrios de clases populares donde humildemente residí. Allí esos sitios los encuentras en la carretera o en algún centro comercial pero nunca en calles o avenidas y mucho menos en las cercanías de un colegio o instituto. De hecho allí siguen existiendo las clásicas tiendas de ultramarinos que una vez fueron en nuestras calles las protagonistas de esas tardes en que uno iba con poco más de 100 pesetas a comprarse toda una merienda o iba con el recado de mamá cuando había una camaradería y confianza tal que el tendero no reparaba en ir anotando el recargo de lo que comprabas y cuando llegaba papá con la quincena le pagábamos su correspondencia. En México siguen existiendo los camiones de helados y repartidores de pan a domicilio, tan entrañables oficios que tristemente se han esfumado de nuestras calles. Yo siendo español puedo garantizar que la mayor parte de la sociedad y juventud mexicanas están a años luz por delante de nosotros en cuestión de valores cívicos, un nivel educativo y de cordialidad en cara a los clientes que muy escasamente tienes el gusto de presenciar hoy ante peatones y empleados españoles. Para que luego digan que México es un país tercer mundista y de salvajes, bueno, yo he estado allí y difiero enormemente de tal despectiva etiqueta. Más tercermundista y atrasado me parece a mí el que en pleno siglo XXI sigamos siendo los plebeyos de un modelo de Estado obsoleto y antidemocrático a cuyo jefe no votó nadie mas que su propio vínculo parental sin que se nos permita tan siquiera elaborar un referéndum público, legal y no clandestino.

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