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Así avanza la precariedad: solo uno de cada 27 contratos son indefinidos de jornada completa

Alrededor del 40% de los acuerdos para hacer fijos a trabajadores que se firman en la comunidad incluye algún tipo de precariedad, ya sea por corresponder a jornadas parciales o por no abarcar la totalidad del año

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Más del 95% de los contratos laborales que se firman en Aragón incluye algún tipo de componente precarizador.

Solo uno de cada 27 contratos laborales que se firman en Aragón son indefinidos de jornada completa, un dato que confirma el intenso avance de la precariedad del mercado laboral en plena recuperación y económica y mientras la comunidad alcanza registros desconocidos de creación de riqueza y productividad.

Las estadísticas de contratación del Servicio Estatal de Empleo (SEPE) indican cómo únicamente 4.711 de los 128.849 contratos iniciales firmados en la comunidad en los primeros tres meses de este año correspondían a esa modalidad, lo que significa que el 96,35% de los acuerdos laborales conllevan algún tipo de precariedad laboral, ya sea por su eventualidad o por no cubrir la totalidad de la jornada o del año.

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Con ese volumen de contrataciones precarias, los datos sobre subida y bajada del desempleo y sobre aumento y descenso de la ocupación, que el mes pasado registraron sendos retrocesos y avances de 1.662 y de 3.129 trabajadores en Aragón, pasan a tener un carácter más bien anecdótico: pueden variar de manera notable de un día para otro, ya que se firman casi 2.000 contratos de inicio de relación laboral por jornada.

Un 40% de los indefinidos incluyen precariedad

El 40% de los contratos indefinidos formalizados en el primer trimestre del año incluían alguna componente precarizadora: de los 7.907 formalizados entre enero y marzo, 2.244 eran para ocuparse en jornadas parciales que no alcanzan las ocho horas diarias y otros 952, con un crecimiento notable en el último mes, eran para fijos discontinuos que únicamente llegan a ocuparse en ese empleo durante una parte del año.

Por el contrario, las dos modalidades más utilizadas por los empresarios para contratar mano de obra son, con diferencia, las que se refieren a “circunstancias de la producción”, que permiten prescindir del trabajador cuando esa situación coyuntural desaparece, que sumaron 68.261, y los de obra y servicio, otro de los que con más frecuencia enmascaran fraudes de legalidad, que alcanzaron los 39.569.

Entre ambos suman más del 80% de los acuerdos laborales, a los que hay que añadir otras fórmulas como las interinidades, los relevos y los puestos para cubrir jubilaciones parciales, además de los de prácticas y los de formación, que en ocasiones también esconden el desempeño de puestos de trabajo estándar con remuneraciones inferiores a las que marcan los convenios.

La duración de los contratos de obra y servicio resulta sintomática de la extensión de la precariedad en el mercado laboral aragonés: lo más habitual es que carezcan de una duración determinada o que esta sea inferior a la semana. Así, en marzo, los primeros alcanzaron los 10.839 y los segundos los 2.132 de un total de 13.565.

Trabajar sin saber hasta cuándo

Cuatro de cada cinco empleados incorporados a un puesto de trabajo mediante esta modalidad desconocían cuánto tiempo iban a permanecer en ese empleo. Del resto, tres de cada cuatro sabían desde el primer momento que no iban a pasar de la semana. La tercera parte de todos ellos, mayoritariamente mujeres, tenía una jornada de trabajo incompleta.

La situación resulta menos angustiosa, aunque tampoco con gran diferencia, en el caso de las incorporaciones por circunstancias de la producción: más de dos terceras partes de esos acuerdos (16.783 de 23.092) iban a durar, ya de entrada, menos de un mes.

El peso de las jornadas parciales es en este grupo similar al del anterior, e inferior en ambos casos al que se da en las interinidades, en el que superan el 45% (1.676 de 3.609) en su conjunto mientras llegan a rebasan con claridad la mitad entre las mujeres (1.494 de 2.781).

Algo más de 7.000 de esos contratos basura llegan a prorrogarse cuando disponen de una duración limitada, aunque en tres de cada cuatro casos no garantizan una mayor estabilidad de la que disponía inicialmente el trabajador, ya que las únicamente 1.768 de las 7.076 prolongaciones superaban los tres meses de duración.

Por último, en el primer trimestre fueron transformados en indefinidos un total de 5.777 contratos eventuales, nueve de cada diez tras haber comenzado como de obra y servicios (1.372) o por circunstancias de la producción.

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