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Aragón no es de los aragoneses, y cada vez menos

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Aragón es territorio almacén distribuidor, pero también y aunque a veces no sabemos ponerlo en valor, territorio despensa, agrícola y ganadero al que habría que añadirle nuevas tecnologías transformadoras para sacarle un partido lógico. Es territorio del metal y quiere ser territorio del turismo calmado y contemplativo. Parecería Aragón un espacio de enorme futuro y lo debe ser… si no fuera porque Aragón no es de los aragoneses.

Aragón está vendido (y comprado) y sus economías productivas y válidas, sus nuevas posibilidades… o son propiedad de nuestros vecinos territoriales o las han comprado lejanos intereses de capital, o son inversiones en nuestro territorio de empresarios poco conocidos pero (casi) siempre alejados de Aragón. Eso nos lleva a dos claras sentencias. Aragón no depende de los aragoneses. En Aragón necesitamos más y mejores formados empresarios aragoneses.

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Y aquí es donde entra Zaragoza en juego. Es curioso que en las FP no se forme, con el mismo ahínco que se enseña un oficio, la posibilidad de emprender. Que no se forma en profundidad a los jóvenes en inversión productiva, en cómo llevar una empresa, en ser empresarios.

El Sistema quiere trabajadores por cuenta ajena, sin derechos y que dependan de grandes empresas ajenas. Y por eso no se trabaja mucho más en serio la formación de futuros empresarios… excepto que sean hijos de empresarios.

La gran revolución del sistema capitalista negativo (sí, creo que hay un capitalismo positivo), es crear —también en Aragón— trabajadores callados y movibles, justamente (escasamente) formados para que sean más dóciles y que nunca tengan posibilidad de independizarse para crear competencias. La gran revolución del sistema capitalista positivo es justamente la contraria, la de formar a todos los ciudadanos para que aprovechando sus posibilidades de formación sin límites puedan dar el paso de crear riqueza y de no tener que depender (tanto) de intereses económicos enormes de China, India o EEUU.

Y para ello los sistemas financieros no pueden estar sólo en manos privadas de oscuros y poco conocidos intereses. Cuando una organización aragonesa, un aragonés emprendedor, una empresa aragonesa, necesita ayuda financiera, deberían existir procedimientos de análisis, de viabilidad y de ayuda que no tengan que depender exclusivamente de empresas financieras privadas. No es de recibo que todas las ayudas y sistemas de ayuda pública al emprendimiento dependan de entidades financieras privadas. Y Aragón debería liderar esta funcionalidad básica para facilitar el emprendimiento de aragoneses para Aragón.

Zaragoza, desde su Universidad, pero también desde todos los sistemas formativos que existen en Aragón, debería trabajar más sobre ese paso añadido de buscar valor añadido y propio a nuestra producción industrial o agropecuaria. Pero desde Aragón, por los aragoneses y para los aragoneses.

Y para ello es necesario modificar dos aspectos fundamentales. Más y mejor formación empresarial, más y mejor acceso al análisis de los Planes de Empresa privados de aragoneses, con ayudas públicas reales para apoyar los proyectos válidos. Y no hablo ni de viveros de microempresas ni de ejercicios similares que siendo válidos se quedan muy cortos para lo que se necesita en Aragón.

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