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Antidepresivos, crema solar y cintas de vídeo

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Levanto la persiana para que pueda entrar la luz
Corro la cortina para que pueda entrar la luz
Cierro los ojos para que pueda entrar la luz

(Gemma Gorga)

Mailrelay, email marketing

Hace unos meses leí un titular en varios medios de comunicación: “Los peces acumulan antidepresivos, antibióticos y componentes de cremas solares”. Y pensé, además de en los mares, en ese titular que nos radiografiaba.

Antibióticos, afortunadamente. Antidepresivos y cremas solares. El año pasado fui a una revisión rutinaria del dermatólogo. Le hablé de que la vitamina D me había salido baja y le dije: “claro, pero es que tengo que ponerme pantalla solar, para evitar el cáncer de piel. ¿Cómo lo hago?”. Fue el propio médico especialista el que me dijo: “estamos provocándonos tristeza. Deja que te dé el sol, unos minutos, y después protégete”. También estuvimos hablando de que en realidad las campañas servían para poco, porque la gente concienciada ya era habitual de las revisiones rutinarias. Y los que no, acudían cuando el mal ya era mayor. Las campañas sirven para poco. Supongo que lo mismo que las campañas electorales o los debates televisivos. La gente que tiene conciencia política todo el año, acude a votar como a una revisión médica, pero con los deberes hechos.

El caso es que me quedé pensando en qué decía ese miedo al sol y los antidepresivos acumulados en los peces. Nos retrata como a una sociedad que tiene acceso a los antibióticos, pero que también tiene miedo excesivo quizás al sol, a pesar de pasar horas encerrados en oficinas y espacios cerrados, y una sociedad enferma de tristeza y ansiedad.

Hace unos meses me encontré con una chica que estaba sufriendo un ataque de ansiedad en el tranvía. Casi se derrumbó contra la marquesina al salir por la puerta. Me quedé con ella mientras temblaba, sudaba e hiperventilaba. La gente la miraba como si hubiera visto al dinosaurio del cuento de Augusto Monterroso. Cuando me senté en mi silla frente a mi ventana pensé en todas esas personas bienintencionadas que dicen que la ansiedad es estrés o que la depresión es tristeza y se arregla saliendo más o tomándose una caña. Y me dio por pensar en el aumento de las enfermedades mentales. El periodista Robert Whitaker publicó en Capitán Swing un libro titulado: “Anatomía de una epidemia”, en la que se pregunta la razón del aumento de las enfermedades mentales, y el por qué los pacientes de hoy están claramente más crónicamente enfermos de lo que lo estaban los de hace un siglo; los tratamientos modernos dan la impresión de haber creado una “puerta giratoria”, e incide en la necesidad de utilizar la medicación psiquiátrica con dosis bajas, de forma juiciosa, ya que una parte de los pacientes se recupera de algún episodio de manera natural, y en terapias basadas en la comunicación y en dejar que el paciente sea protagonista de su auto narración y no pierda el convencimiento de que puede vivir una vida como la de los demás, imaginando un futuro en el que esté integrado en la sociedad en vez de estar separado de ella. Creo que esta terapia de diálogo abierto es lo que nos falta como sociedad. La persona que mira a la chica de la marquesina como al dinosaurio del cuento de Monterroso le está gritando de manera silenciosa que su tristeza, su ansiedad, su miedo, no tienen cabida en nuestra sociedad. Al que mira le asusta o le molesta lo que ve, y el que la sufre percibe que no hay una comprensión del miedo o de la tristeza. Tenemos que perder el miedo a los trastornos mentales, como si fueran algo contagioso o que pertenece al planeta Marte, tenemos que dejar de estigmatizar, pero también hay que perder miedo a simplemente, estar tristes o sufrir ansiedad puntual. Hay que permitirse fracasar, hay que convivir con el miedo y la enfermedad, hay que dejar de infantilizar a los pacientes, de tratarlos como campeones que luchan. Hay que decir en voz alta que estamos tristes, que no llegamos, que las expectativas que nos creamos no se han cumplido, o que no tenemos expectativas. Cuando me preguntan si estoy escribiendo un nuevo libro digo: ahora mismo no. Y si tampoco vuelvo a escribir otros, no pasará nada.

«Vamos a probar con carbamazepina, fenitoína, tiagabina y oscarbazepina, para que lo tomes con la fenobarbitona que te dieron en el hospital, y mientras entrarás en la lista de espera para el neurólogo hasta que demos con la medicación correcta. Tienes que intentar acostarte temprano y evitar el consumo de alcohol. Es una cuestión de prueba y error. Puede que alguna funcione.»

Control (Anton Corbijn, 2007)

Todo en nuestra vida es cuestión de prueba y error. Incluso ver a los demás es cuestión de prueba y error. Puede que al principio la pantalla solar factor 50 te impida verlos, pero tu piel se irá curtiendo. Podrás ponerte un factor 30. Y recordarás lo que te gustaba ir al cine a ver a ver una de miedo con todos tus amigos. El terror se vive en grupo.

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