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Ánimo, valiente

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Tú que sabes escalar las montañas. Que recorres los caminos con paciencia.

Así comienza la canción Ánimo, valiente del grupo León Benavente. La paciencia, esa gran desconocida. La paciencia, la vulnerabilidad, la timidez.

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Estos últimos meses he podido ver en la plataforma Netflix dos estupendos programas en forma de charla que os recomiendo muy mucho y muy fuerte. Una es Nanette, de Hannah Gadsby y la otra es Sé valiente, de Brené Brown. Sí, no os asustéis por el título con tufillo a charla de autoayuda.

¿Qué tienen las dos en común además de ser mujeres y ponerse delante de un gran auditorio? Que las dos apelan a algo en lo que creo que es necesario parar atención. La necesidad de exponerse y de ser vulnerable. Porque no os llevéis a engaño. Brené no habla de la valentía tal y como siempre nos la han vendido o inculcado. Esa que significa no tener miedo. Habla de la valentía de mostrarse como se es. Y la de convivir con el miedo. Con el miedo a la vejez, a la demolición del cuerpo, a la timidez que a veces produce la intimidad. Y Hannah… Hannah habla de la necesidad de contar nuestra historia sin escudarnos necesariamente en el humor que nos caricaturiza. Porque el humor está muy bien pero a veces no nos deja ser vulnerables.

Hace un par de años viajaba en el bus y escuché una conversación entre un padre y su hijo adolescente. “Mecagüentó, yo a tu edad me comía el mundo, no sé a quién has salido con tu timidez”. Cabeza cabizbaja del chaval. Que me dieron ganas de ir y decirle: “no le hagas caso a tu padre, que habría que preguntarles a los que entonces se relacionaban con él cómo lo percibían. No le hagas caso, mecagüentó, que yo a tu edad no me comía ni los donuts y no me ha ido tan mal”.  Mecagüentó con esta manía de los padres y los adultos en general de que los hijos salgan a su imagen y semejanza, una imagen muchas veces muy distorsionada por el paso del tiempo. Mecagüentó que no se respete el derecho a que cada uno tiene un tiempo y un espacio en esta vida y mecagüentó los que piensan que detrás de un tímido hay un cobarde.

Pensemos en lo que se nos dice desde pequeñas. No seas chicazo. Esa se ha cortado el pelo a lo chico. Las señoritas siempre se tienen que dejar un poco de comida en el plato. Comes mucho para ser una tía. Las señoritas no dicen tacos. Los hombres tampoco escapan de esos mensajes:  no seas nenaza. Come como un hombre. Un hombre que se viste por los pies. Cómo no te va a gustar el futbol si eres tío. Los hombres tienen que ser fuertes y las mujeres femeninas. De hecho, parece que todos los estudios lo afirman, la mayor fuente de vulnerabilidad femenina es la imagen corporal, y la masculina, la debilidad. Porque esos son los mensajes que nos han trasmitido.

Pienso mucho en la valentía entendida como vulnerabilidad y exposición en estos días de precampaña electoral. Siempre se nos habla de gobiernos fuertes, sólidos, como sinónimo de estabilidad. ¿Dónde están los gobiernos pacientes, dialogantes? ¿Dónde están los políticos vulnerables? Me avergonzaron las imágenes del otro día en el acto de constitución de las Cortes Generales con los políticos jurando sus cargos. Si exhibimos la mala educación como sinónimo de valentía o de fortaleza, estamos apañados. Mi querida Irene vallejo recordaba un día algo importantísimo: la palabra Nosotros contiene “otros”. Sin los otros no somos nada. Sin los otros no hay debate, no hay evolución y no hay estímulo. Acoger al otro incluso en el nacimiento mismo de la palabra. «Creemos que importa más tener razón que apelar a la humanidad de aquellos con quienes no estamos de acuerdo», sentencia Gadsby.

Tomemos también la palabra bizarro. Empezó significando ‘iracundo’ en italiano. De ahí, pasó a querer decir también en esa lengua “raro” o “fantástico”, mientras que en español se usaba para expresar el significado de  “valiente”. Con el sentido de “raro” llegó también al francés y al inglés. Y ahora nos viene de vuelta a nosotros con ese mismo significado pero obligado a convivir con el de “valiente”. ¿Es raro ser valiente? ¿La valentía es una rareza? Si entendemos la valentía como la vulnerabilidad, sí, lo es. Quizás por eso mis queridos superhéroes son bellos y extraños, bizarros y vulnerables. Quizás por eso durante tanto tiempo apreciar lo diferente también fue un signo de frikis.

León Benavente también canta en su canción: más que un dios, un peso en la balanza. Cómo me gusta esta frase. El hombre y su afán por dirigir el mundo y darle solución, por hablar más que escuchar. Thor, el personaje del cómic, se vuelve humano cuando suelta su martillo de poder durante 60 segundos. Ese que se parece tanto a una maza con la que imagino a los políticos imponiendo sus decretazos o golpeando sus mesas en la bancada para acallar la voz del otro. Me parece una metáfora perfecta de que la vulnerabilidad es lo que nos hace humanos. Pero esa, solo está reservada a los valientes.

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