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¿A qué juega el PSOE?

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Creo que hablo por boca de muchos si constato el enorme alivio que sentimos en las pasadas elecciones generales con la victoria del PSOE y la posibilidad de un gobierno que cerrara el paso  a las derechas.  Tal fue nuestra preocupación, que algunos llegamos a hacer gestos electorales que nunca antes habíamos hecho, como votar a alguno de los candidatos del PSOE al Senado, dadas las nulas posibilidades de nuestra opción política en esa cámara y el importante papel de bloqueo que un Senado en manos de la derecha  había desempeñado en los últimos tiempos.  A pesar del alivio, de la alegría incluso, sabíamos que no iba a ser fácil alcanzar un acuerdo en el que debían entrar fuerzas políticas muy diferentes.  Lo que no esperábamos, quizá por ingenuidad, pensarán algunos de los que me lean,  era una actitud tan decepcionante e irresponsable por parte del PSOE.

¿A qué juega el PSOE?  ¿Cómo es posible que mantenga una posición tan poco razonable? Porque lo razonable siempre se establece en función de unas circunstancias concretas.  Y, en estas circunstancias actuales, pretender tener manos libre para conformar un gobierno no lo es, pues no responde a la realidad de los números electorales.

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La primera cuestión que me parece enormemente sorprendente es la reiteración con la que se pide a la derecha su abstención para facilitar la investidura de Pedro Sánchez.  A pesar de que es algo que diferentes líderes políticos han repetido en los últimos años, y que a Rajoy le dio buenos resultados, no parece demasiado lógico pedir a tus adversarios electorales que faciliten tu investidura, a no ser en una situación de absoluta excepcionalidad, que España, desde luego, no vive.  En el fondo, deja ver, desgraciadamente, la querencia tradicional del PSOE a mirar a su derecha para sus juegos políticos y pone de manifiesto su enorme decepción por la negativa de Rivera a acordar un gobierno con Sánchez.  Bien lo sabían los militantes socialistas que la noche electoral acudieron a Ferraz a dejar claro a la dirección del partido que “con Rivera, no”, intuyendo cuál pudiera ser la querencia de su secretario general.

La segunda, más que sorprendente, me parece irritante, y es la negativa a explorar un gobierno que exprese la pluralidad de las fuerzas que lo van a sostener.  Precisar el apoyo de una fuerza política que ha alcanzado un notable apoyo electoral y negar la posibilidad de que esa fuerza diga algo sobre la configuración del gobierno parece, nuevamente, una posición muy poco razonable, por alejada de la realidad.  Ello no quiere decir que ese gobierno deba ser el fruto mecánico y proporcional de la correlación de fuerzas de ambos partidos, ni siquiera que tenga que contar con militantes de ambas formaciones, sino que, sobre la base de un programa compartido, como ha expresado Alberto Garzón, sea construido de manera común. Es evidente que, en esta cuestión, hay una amplia tendencia a subrayar la responsabilidad de Unidas Podemos, al exigir la presencia de dirigentes de la organización en el mismo. Sin embargo, tan poco conveniente puede ser esa posición como la de quienes sostienen la contraria.  Abordar así la cuestión puede llevarnos a un bloqueo que, desde quienes confiamos en construir un gobierno que cerrara el paso a la derecha, roza en el delirio.  ¿De verdad la izquierda tiene unos dirigentes tan irresponsable que puedan tener como horizonte la repetición electoral?

Nuevamente imagino hablar por voz de muchos si digo que estamos hartos de estos jueguecitos de aparatos.  Que no les dimos nuestros votos para asistir a esta partida de mus repleta de faroles y que parece poder desembocar en un órdago a la grande de la derecha en una nueva convocatoria electoral.  Convocatoria en la que los resultados pudieran ser muy diferentes, fruto del cabreo y la desmovilización de una izquierda social harta de la ineptitud e irresponsabilidad de los que se proclaman sus dirigentes.

Siéntense las partes, acuerden un programa, elijan, conjuntamente, a los mejores, las mejores, para llevarlo adelante.  Y así habrán dado respuesta al mandato que les dimos en las pasadas elecciones.  Lo demás solo será un ejercicio de irresponsabilidad, que podemos pagar muy caro.

 

*Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza

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