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A los millenials no les gustan los sindicatos

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Podría ser el título de otro infame artículo en El País, acompañando otros grandes éxitos como «Atrincherarse entre las cuatro paredes de su morada ya no es de muermos, sino la última tendencia de moda: el nesting» o «Friganismo: la última dieta hipster es coger comida de la basura». Los mass media acostumbran a caricaturizar a la juventud y a banalizar los problemas a los que nos enfrentamos día a día haciéndolos pasar por modas. De esta manera, se normaliza la precariedad permanente y se traslada el mensaje de que ser pobre es cool, no algo contra lo que se deba combatir.

A fin de cuentas, la estrategia mediática queda clara viendo el tratamiento informativo de las huelgas en cualquier medio generalista. Entrevistas a afectados por la huelga en el aeropuerto que han perdido su vuelo a Disneyland para que su hijo, que también es entrevistado entre lágrimas, cumpliera su sueño de conocer a Mickey Mouse en París. Evidentemente, todo es culpa de los malvados sindicalistas, esas personas sin corazón a las que aparentemente les da igual todo con tal de seguir manteniendo, o incluso aumentar, sus ya de por sí numerosos privilegios. Como los mineros, que cobran mucho y se jubilan a los 40 años, o los conductores de autobús, que se pasan todo el día sentados y encima exigen subidas salariales. Y así una larga lista de profesiones sobre las que ponen la lupa para tildar de privilegio cualquier derecho básico.

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Los sindicatos siguen consiguiendo victorias, eso es en el fondo lo que les preocupa. Dedican tiempo y dinero a denostar y darlos por muertos porque saben que la organización obrera sigue funcionando, tenemos miles de ejemplos y muchos de ellos cercanos y recientes. A nivel estatal tenemos el caso del conflicto de Amazon, cuyas trabajadoras llamaron a la huelga ante la parálisis de negociaciones de un convenio que supondría una precarización de sus condiciones y, durante el segundo día de lucha, la policía cargó contra ellas y vulneró el derecho a huelga, la cual había sido secundada por el 80% de la plantilla. Otro gran ejemplo de lucha sindical es en Alcoa, donde, al conocer la noticia del posible cierre de las fábricas, las trabajadoras de A Coruña y Avilés salieron a pelear por su puesto de trabajo, pues el cierre supondría un duro golpe para las más de 800 personas que trabajan en ellas. Actualmente, los sindicatos siguen negociando con Alcoa para que la venta de las fábricas sea lo más beneficiosa para la plantilla. Pero no hace falta irnos tan lejos, en nuestra comunidad los bomberos forestales son ejemplo de lucha obrera, pues tras el masivo despido en 2018 no han dejado de exigir sus derechos hasta convocar una huelga el pasado 24 de mayo. Las compañeras de Telepizza en Zaragoza llevan dos huelgas exitosas en los tres últimos meses con las que han conseguido que la empresa ceda parte de sus reivindicaciones. Las trabajadoras del 010 consiguieron la remunicipalización tras años de lucha. En Frutos Secos el Rincón las trabajadoras se han empezado a organizar analizando las problemáticas de su día a día y convocando dos huelgas que obligaron a cerrar varias tiendas. Las temporeras oscenses, tras la convocatoria de una huelga el pasado mes de junio, obligaron a la patronal a sentarse a negociar y han conseguido forzar la firma de un convenio más ventajoso. En Megasider el conflicto empezó con varios paros que exigían volver a las condiciones laborales previas a la venta de la empresa a Megasa y, tras un año de conflicto, llegaron a un acuerdo entre la plantilla y la patronal.

La lista es larga y variada y, como puede observarse, no se limita a ámbitos industriales donde históricamente el sindicalismo ha tenido siempre una fuerza importante, sino que se amplía hacia sectores tradicionalmente difíciles de organizar, como el sector servicios o el agrario. Incluso se han conseguido grandes avances en el ámbito de las mal llamadas «economías colaborativas», donde trabajadoras de Glovo se han organizado y han conseguido sentencias favorables en los juzgados. A pesar de todos los esfuerzos de la empresa por declararse un mero intermediario entre cliente y proveedor, cada vez les resulta más complicado negar la evidencia: que son una empresa que se niega a darles a su plantilla sus derechos más básicos.

La historia ha demostrado que para conseguir avances en derechos de la clase trabajadora la organización obrera es indispensable, no podemos caer en la trampa de pensar que la mínima concesión por parte de la patronal va a ser de iniciativa propia o de manera altruista. La juventud trabajadora somos las herederas de aquellas que se organizaron colectivamente y pelearon por cada mejora de las condiciones laborales que hoy intentan arrebatarnos poco a poco. Estamos hartas de la precariedad y la miseria, exigimos una vida digna, por eso hay que tener claro que la lucha colectiva, encarnada en los sindicatos, sigue estando vigente y es totalmente necesaria. Frente a la continua criminalización de los medios generalistas y sus intentos por convencernos de ser trabajadoras aisladas las unas de las otras, sabemos que solo mediante la lucha sindical seremos capaces de mejorar nuestras condiciones como conjunto de trabajadoras.

 

*Juventud Comunista en Aragón

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